Bowie: Magia, simbolismo y filosofía en la estética del camaleón

“La moral de este hechizo mágico negocia mi escondite, cuando Dios usa mi lógica para dar un viaje…” David Bowie.

Un hechizo es sólo el lenguaje utilizado correctamente para crear y transformar realidades; una posición correcta, con la palabra indicada en un ritmo, tono y melodía sincronizada con el ademán y los colores que generan una congruencia tal que formen un símbolo (Mónada, diría el filósofo Wilhelm Leibnitz) y este símbolo provoque y expanda o cree una nueva consciencia. Hablando de hechizos, no es una coincidencia que en inglés se use “to spell a word” y “to cast a spell”, es decir “deletrear una palabra” o “lanzar un hechizo” dentro de la misma gramática, y tampoco es casualidad que esta palabra (gramática) provenga de la palabra Grimor, antiguos libros de conjuros que no eran más que libros para aprender cómo hacer magia; o sea, usar magistralmente el lenguaje y sus símbolos para expandir o generar nuevas consciencias y con ello transformar y crear realidades.

Para David Bowie y muchos otros artistas, desde William Butler Yeats, John Coltrane, Patti Smith, Jim Morrison, William Burroughs, Alan Moore y demás etcéteras, la verdadera magia radica en lo anteriormente descrito: el uso simétrico de los símbolos que captan nuestra percepción: sonidos, colores, texturas, formas, movimientos, emociones…

Aleister Crowley (izquierda) y David Bowie (derecha) en el interior de la portada de la versión en CD de Space Oddity.

Está de sobra decir que El Camaleón fue un gran hechicero, maestro manipulador de símbolos creando a través de ellos otros símbolos (las Mónadas de Leibnitz) y con ello ficciones que elevaban a la audiencia, ya sea en vivo o escuchando un álbum, hacia estratósferas donde surgen preguntas tan profundas como “¿Quién soy?” o simplemente “ ¿Soy?”; donde la incógnita Descartes-Sartre de “Pienso, luego existo…” o “Existo, luego pienso…” se resuelve con imperativo “Existo, puedo ser….”

Sus letras, sus ficciones en el escenario, sus diversos personajes, la música que le da soporte a sus movimientos escénicos; Bowie escribió a lo largo de su vida su propio Grimor. Podemos poner cientos de ejemplos: el famoso Ojo de Horus que todo puede observar usado por el mítico Ziggy Stardust (The Rise and Fall of Ziggy Stardust & The Spiders from Mars, 1972), quien lo usa justo en la frente aludiendo al Tercer Ojo del que hablan las filosofías orientales, o incluso estando ciego: su final como Lazarus, en donde toma y deforma (re-forma) la Estrella Guía, símbolo clave que dirige a la humanidad desde las culturas nórdicas hasta las abrahámicas; la humanidad está ciega, nos intentó decir el mago en el último capítulo de su libro de conjuros.

Es aquí donde nos damos cuenta de la relación arte-magia-filosofía, David Bowie, si Wilhelm Leibnitz hubiera tenido la oportunidad de verlo, fue un maestro usando y creando Mónadas, como si estas fueran piezas de un poderoso lego y con este creara las realidades y ficciones que él quisiera.

La moral de este hechizo mágico negocia mi escondite, cuando Dios usa mi lógica para dar un viaje…

Las Mónadas de Bowie llegaron muy lejos, mucho más allá de la poesía y la filosofía, hasta el punto de lo que hoy ya en el siglo XXI se conoce como Narrativa Transpoética: el mago, poeta, filósofo, actor y productor toma una posición que hace referencia a la Proporción Áurea, con un traje que alude al Efecto Doppler y con el Ojo de Horus justo en la frente como su Tercer Ojo; él es ahora por sí mismo un universo, cada uno de nosotros somos por nosotros mismos un universo. Con todo el respeto que se merecen los genios franceses que jugaron con la incógnita “Cogito Ergo Sum” en diferentes siglos con letras y letras y letras… Bowie sólo posa y les responde:

Existo, puedo ser…

Sin embargo, de todos los símbolos usados a lo largo de sus personajes, de sus ficciones, los mitos que creó como artista, rockstar, actor y demás:  David Bowie, de David Robert Jones, de Major Tom, de Ziggy Stardust, de Aladdin Sane, de The Thin White Duke, de The Goblin King, de John de Vampire, de Pontius Pilate, de The Halloween Jack, de Tao Jones, de Baal, de Andy Warhol, de Thomas Jerome Newton, de Nikola Tesla, de John Merrick, de Nathan Adler, de Agent Philip Jeffries, de Pierrot The Clown, de The Royal Highness, de Lazarus…

De todos los símbolos y Mónadas creadas a través de sus casi 60 años de carrera, hay una en particular que me llama la atención por su estética y por cómo en ella se expresará toda su filosofía: el rayo cruzando el rostro, en especial, atravesando el ojo de Aladdin Sane (Aladdin Sane, 1973).

Existo, puedo ser…

Esta frase rompe con la sobrevaloración de la razón en el pensamiento cartesiano y la sobrevaloración del absurdo en la lógica de aquel francés que fumaba pipa y curiosamente, tenía también un problema médico en sus ojos; el Vitalismo y el uso de sofismas en sus letras es sumamente claro en la expresión de David Bowie, y usando el lenguaje apropiadamente, esto es lo que lo hace sofisticado . Bowie no deja nada al absurdo pero tampoco sobrevalora la razón; cambió tantas veces como quiso, con una lógica extraordinaria dentro de su propia ficción… ¿No es acaso toda realidad una ficción?

La moral de este hechizo mágico negocia mi escondite, cuando Dios usa mi lógica para dar un viaje…

La filosofía de El Camaleón Bowie estuvo siempre muy influenciada por la de Friedrich Nietzsche: el rayo cruzando su rostro y el cual usó desde Ziggy Stardust no es sino el Rayo de Zeus, obviamente recuperado por Bowie del Rayo de Zaratustra, es decir, el poder del ser a través de la voluntad en este mundo sin sentido propio.

A diferencia del pensamiento de aquel polémico alemán del siglo XXI, en el pensamiento de Bowie no existe un Dios al cual matar pues tú eres tu propio Dios una vez que descubres que no es necesario obedecer a la sociedad, no existe la sociedad, no como un ente externo a los actos de uno mismo. Y si existe uno, Bowie decidió ignorarlo. Él siempre vio más allá, siempre se abrió paso y rompió los estándares creando y transformando realidades a través de sus hechizos; no pidió permiso, erigió su voluntad y creó su propia realidad a través de sus propias ficciones: su propia lógica.

La moral de este hechizo mágico negocia mi escondite, cuando Dios usa mi lógica para dar un viaje…

Esta frase se ha venido repitiendo a través de este texto, es probable que el editor haya creído que es un error, pero no lo es. A manera de Mantra o Programación Neurolingüística la frase se ha venido repitiendo como una Mónada; la he tomado del tema The Width of a Circle (The Man Who Sold the World, 1970). Cuando el mago habla en esta frase de “escondite se refiere al cómo ocultarse a la vista, a la vista de todos, siendo quien eres y utilizando el lenguaje y la lógica para no caer caer en la trampa de un Dios no existente; evitar la alienación y por lo tanto convertirse en un ser único, tu propio Dios; ahora, después de esta explicación lee la frase otra vez…

La moral de este hechizo mágico negocia mi escondite, cuando Dios usa mi lógica para dar un viaje…

Como un microcosmos encontramos la belleza, la magia y la filosofía en la piel de El Camaleón sin importar su camuflaje y sin importar que ya no exista, pues a diferencia muchos, su legado consiste en eso, en el aquí y en el ahora:

Existo, puedo ser…

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