Frida Sofía: el fiasco mediático de Televisa

Los sismos de los días 8 y 19 de septiembre han mostrado diversos rostros de la sociedad de mexicana. La solidaridad, la rapidez con la que miles de voluntarios salieron a las calles a ayudar a sus semejantes, a tratar de colaborar con lo que se pueda y en lo que se pueda es algo que para todos tiene que ser reconfortante. Otra vez la sociedad queda por encima de sus autoridades y ello nos envía de nuevo lecciones que tendremos que aprender y sobre todo poner en práctica. México no puede ser el mismo, como no lo fue luego del terremoto de 1985 cuando el concepto de sociedad civil apareció para ser uno de los motores de cambios importantes en la vida nacional.

Pero a diferencia de 1985 hoy tenemos otras maneras de comunicarnos, de comprender a los acontecimientos. En aquel temblor la tecnología era otra y la información viajaba con lentitud si la comparamos con la rapidez como lo hace ahora. Pero si algo ha quedado claro es que esa rapidez también ha contribuido a generar un caos importante por la enorme cantidad de información que nos llega de manera individual y que con solo un click podemos reproducir a niveles masivos. Y también está el papel que los medios de comunicación llamados “tradicionales” han jugado en esta tragedia y en la manera en la que han intentado competir con la velocidad y la falta de rigor que posee la información que se maneja en principalmente en redes sociales.

En el presente artículo hablaré brevemente sobre dos temas en particular: la información falsa que se maneja en redes sociales y el caso de Frida Sofía, la niña que supuesta estuvo atrapada en los escombros de la escuela Enrique Rébsamen, y cuyo “rescate” mereció más de 30 horas de transmisión en la, todavía, cadena de televisión abierta más importante del país: Televisa.

Sismos y Noticias Falsas

En Youtube existe un personaje llamado Alex Backman. Tiene un canal llamado Conciencia Radio en el cual habla de varios temas como las abducciones extraterrestres, los llamados “chemtrails”, la conspiración iluminati, las fallas de las vacunas y, nuestro tema en en cuestión, la posibilidad que él y solo él tiene de predecir sismos. Backman utiliza un lenguaje pseudocientífico para enredar a un auditorio que probablemente no maneja algunos conceptos empleados por el “profesor” y que por lo tanto es susceptible de caer en la patraña manejada por el investigador. Backman se dedica a denostar a la comunidad científica y habla de una conspiración para no publicar lo que él sí ha logrado: predecir sismos.

Evidentemente todo lo afirmado por Backman es una patraña y quizá en otra época su notoriedad hubiera sido nula. Pero en la era de las redes sociales y la información viral, el profesor adquiere una inusitada notoriedad. Los conspiranoicos siempre han existido pero nunca antes en la historia de la humanidad habían tenido las plataformas que ahora tienen para comunicar sus absurdas teorías. Resulta increíble la cantidad de gente que ha compartido los videos de este charlatán. Las razones no me resultan del todo claras, pero creo que tienen que ver con dos aspectos: la desconfianza que tenemos hacía la información oficial y la necesidad que ahora parecemos tener por ser los primeros en brindar una información que sea diferente. Ya no son los medios los que se disputan las primicias, sino son los individuos porque suponemos que ello nos garantiza una mejor inclusión social en esta nueva era de la información.

Lo cierto es que hemos tenido en los últimos días un importante alud de información falsa. Está por supuesto la de Backman, pero también hemos visto como un medio de comunicación campechano – yucateco viralizó la foto de un perro aludiendo que se trataba del primer canino rescatista que había perdido la vida en las labores de rescate cosa que fue totalmente desmentida,  una de mis favoritas: la foto de los diputados con mensajes advirtiendo que no donarían dinero a los damnificados. Todas han sido compartidas por personas que, y esto me parece importante decirlo, han sido sorprendidas por la era de las redes sociales sin el entrenamiento para verificar cuando una información es confiable o no.

A la luz han salido varias infografías que tienen como objetivo orientar a los usuarios de redes sociales sobre que pasos seguir antes de compartir información alguna. El esfuerzo me parece loable, pero no dejo de preguntarme si ha llegado demasiado tarde o si realmente va a generar algún tipo de cambio en las comunidades virtuales y en la manera que se tiene para compartir cualquier noticia sin comprobar el origen de la misma. Ya veremos si pueden ayudar a cambiar a uno de los grandes males que hoy tienen los usuarios de redes sociales.

 

Frida Sofía o Televisa siendo Televisa:

El país entero prendido a la televisión. Las expectativas al máximo. La ilusión, la esperanza. El colapso de la escuela Enrique Rébsamen tuvo de inmediato un efecto importante entre la sociedad mexicana pues desde los primeros reportes se supo que en su interior habían quedado atrapados niños y maestros al intentar salir del edificio hacía zonas de mayor seguridad. Lo que siguió fue la movilización inmediata a esa escuela ubicada al sur de la Ciudad de México de equipos de rescate, voluntarios y medios de comunicación. Afortunadamente los rescatistas lograron sacar de entre los escombros a varios niños con vida los cuales fueron trasladados a hospitales cercanos o entregados a sus familias al salir afortunadamente ilesos de la terrible situación.

Pero como ustedes saben, de pronto la atención se centró en un nombre: Frida Sofía. Una niña de 12 años que de acuerdo a los primeros reportes se encontraba con vida atrapada por los escombros. La noticia captó el interés de todos los medios, pero uno en particular decidió apropiarse de la situación y enfocar toda su atención en el caso: Televisa. Comenzó entonces una larga transmisión en la que la Televisora de Avenida Chapultepec prácticamente se olvidó de los otros sitios de la Ciudad de México o del resto del país en los que se laboraba en busca de víctimas y centró todo su esfuerzo informativo en el rescate de Frida Sofía.

Fue una transmisión de más de 24 horas en la que intervinieron los periodistas estelares de la cadena: Denise Maerker, Carlos Loret de Mola y Joaquín López Doriga así como una de las reporteras con mayor proyección a futuro por parte de la empresa: Danielle Dithurbide, quien se apostó en el lugar para llevar todos los pormenores del que sería uno de los rescates más emotivos y espectaculares de la trágica jornada: el de una niña que – de acuerdo a los reportes de la televisora – había podido hablar con los rescatistas, diciendo que estaba cansada e incluso que tenía contacto con cinco niños más. Al final todo resultó en una farsa. Casi 24 horas después la Secretaría de Marina – encargada de las operaciones en el Rébsamen – reconoció que nunca existió la niña y que todo había sido una auténtica mentira. Televisa se hizo a la indignada y Maerker y Loret exigieron a la Secretaría de Marina una profunda explicación sobre el timo tratando de eximir de responsabilidad a la empresa.

Existe quien piensa que la única responsabilidad en toda la falsa historia de Frida Sofía es de las autoridades presentes en el operativo: la Secretaría de Marina  -encargada directa de las labores de rescate en la escuela – y la Secretaría de Educación, cuyo titular Aurelio Nuño estuvo presente durante toda la jornada quizá con la esperanza de aparecer en cadena nacional y ante un auditorio cautivo justo en el momento en el que se produjera el rescate. Y sí, ambas instituciones tienen el deber de aclarar que fue exactamente lo que sucedió y porque muchos de los elementos que participaron en el rescate difundieron la falsa información de que una niña se encontraba atrapada en los escombros y que su rescate era “inminente”. Pero ello no exime a Televisa de responsabilidad y esto es por cómo manejaron la información sobre el suceso.

Pensemos por un momento que para generar información los medios primero tienen que recibirla. Esta información puede llegar a través de varias vías pero son dos las más usuales: una fuente informativa o la investigación de la nota por parte de los reporteros que trabajan en el medio. En muchas ocasiones lo declarado por la fuente requiere forzosamente de un trabajo de investigación del reportero – acompañados siempre en el proceso por el jefe de información o por el director de noticias – que verifique la información, la complete o incluso la desmienta. Un reportero no puede confiar al cien por ciento en su fuente por más alto nivel que ésta tenga en un ámbito público o privado. Eso es algo que se enseña (o debería enseñarse) en todas las escuelas de comunicación y/o periodismo y que tendría que ponerse en práctica todos los días por los profesionales del oficio.

En este caso se podría argumentar que Danielle Dithurbide se encontraba en una situación caótica y que por lo tanto lo único que le quedaba era confiar en aquello que le estaban informando los altos mandos de la operación. Pero resulta increíble que siendo profesional no comenzara a hacerse las preguntas que todos – incluso sin ser trabajadores de los medios –  nos hicimos en un momento y que quizá le hubieran ayudado a darse cuenta de que la situación tenía aristas que una vez consideradas generaban dudas en el caso, empezando quizá por la más básica: ¿por qué después de tantas horas ningún familiar se había acercado al derrumbe con la intención de seguir el rescate de la niña?. No puedo entender porque la reportera nunca salió del área para intentar entrevistar a los familiares, para llevarlos a sus cámaras y micrófonos porque incluso ello ayudaría más al melodrama que la televisora estaba armando. Dhiturbide adquiere entonces responsabilidad en el teatro porque falló en elementos que son básicos en cualquier tipo de cobertura.

Pero no es lo único. Toda historia – incluso aquella de carácter informativo – tiene una narrativa. En la construcción de una narrativa televisiva que tenga tal carácter participan varios personajes: los dueños  o directores de la empresa, el o los jefes de información, los realizadores, los camarógrafos, los reporteros y por supuesto los conductores de los espacios informativos. Entre todos construyen un discurso audiovisual que va narrando diversos acontecimientos y del cual solamente ellos son responsables.

Desde el momento en el que Televisa decidió que la historia de Frida Sofía iba a ser la más importante de la jornada informativa sobre el sismo, también eligió una narrativa cuyo objetivo era solamente uno: mantener a la audiencia pegada al televisor para conocer el desenlace de la historia. Entonces apareció un lenguaje audiovisual destinado a levantar expectativa a través del suspenso, de la sorpresa, de ir soltando información a cuentagotas con el objetivo de que el público no le cambiara de canal, que se quedara junto a ellos en la espera del momento del triunfo. Justo como sucede con un género que la empresa ha agotado hasta el cansancio: el reality show.

 

Televisa entonces hizo lo que mejor hace: ser Televisa, es decir esa empresa especialista en utilizar al lenguaje audiovisual para generar drama, para arrancar lágrimas, para ser ellos los únicos dueños de la historia y por ende de la única verdad posible. Recibió la información por parte de las autoridades, la manipuló, la transformó y la presentó a su auditorio como ella quiso. Vimos entonces largos encuadres dirigidos hacía un punto en el que se veía al grupo de rescatistas entrando a los escombros; conocimos a un voluntario de sudadera azul que había llegado al derrumbe a colaborar y que era el único que  por su complexión física había podido entrar a un sitio cercano a donde supuestamente se encontraba la niña (curiosamente nunca le entrevistaron una vez que el bulo se develó para conocer su versión de qué fue lo que sucedió, simplemente desapareció de las cámaras para perderse de nuevo en el anonimato); vimos como Denise Maerker aunque se encontraba en el estudio acompañaba los silencios que se producían en el lugar cuando se creía escuchar a la víctima contribuyendo así a aumentar la tensión y el drama; escuchamos a un emocionado Joaquín López Doriga decirle a Danielle Dithurbide que esa era “su historia”, reafirmando así la apropiación de la empresa del momento y lo que sería el heroico desenlace.

Al final Televisa cayó en una trampa que ella misma ayudó a colocar. Tratar de deslindarse resulta en una falsa salida porque la empresa tiene una gran parte de responsabilidad en lo sucedido, pues convirtieron a su reportera en protagonista de la noticia y crearon toda una puesta en escena en torno al acontecimiento. Ahora pagan las consecuencias con un descrédito del que difícilmente se van a poder recuperar. Ello en vísperas de un año electoral no pueden ser buenas noticias para la empresa. Tratando de reparar el daño Maerker y Loret aparecieron a cuadro completamente indignados y buscando achacar toda la responsabilidad de lo sucedido a la Secretaría de Marina. Se dijeron víctimas de la información recibida, pero mañosamente olvidan el manipulador manejo que hicieron de la misma y la forma como la presentaron.

Son por lo tanto corresponsables de lo sucedido y por más argumentos que presenten esa corresponsabilidad les va a acompañar por largo tiempo. La cobertura que hicieron les ha provocado, aunque no quieran reconocerlo, en una crisis que daña, aún más, a su credibilidad como medio informativo y ello puede provocar un fenómeno que realmente le causa pavor a cualquier empresa televisiva: que la gente apriete el botón de apagado. Televisa perdió una importante oportunidad de reivindicarse y ganarle nuevamente algo del terreno perdido a los medios no tradicionales. Esa pérdida va a traer consecuencias a un corto y mediano plazo que quizá provoquen cambios en la empresa. Veremos si Televisa es capaz de cambiar positivamente o, como históricamente lo ha hecho, se instalará en su tradicional soberbia que ya comienza a costarle una reducción importante de televidentes.

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