Los juegos de la felicidad (X)

“Vale más un minuto de pie a una vida de rodillas”. José Martí

Paola pelea.

Pelea desde la primera ronda de la competencia de clavados desde la plataforma de 10 metros de Río 2016. Su hermoso rostro está curtido de años de experiencia y su cuerpo está entrenado para todos los escenarios que puedan presentarse en una competencia olímpica. Sabe que para acceder a las medallas va a tener que emplearse a fondo. Muchas de las competidoras tienen a la juventud como su mejor aliada, ella –a sus escasos 30 años– es una veterana en las lides de la plataforma y eso va a constituir a lo mejor de su arsenal para enfrentar la que puede ser su última competencia en unos Juegos Olímpicos.

Paola pelea.

Quizá lo hace consigo misma más que con las otras contendientes. Porque entiende perfectamente lo que está en juego. Sabe que es una de las atletas más conocidas y exitosas de la delegación mexicana y que por eso se le mira de otra manera: poniendo especial atención en su aura de triunfadora, en su impresionante currículum en el universo de los clavados, se le mira con la desesperada esperanza por poner un número más en el medallero mexicano, ese que se limita a un bronce, ese que se empeña en reflejar perfectamente a un país estancado en todas sus aspiraciones.

Paola Espinosa, clavadista mexicana
Paola Espinosa, clavadista mexicana

Paola pelea.

Y parece claudicar luego de dos rondas, pero saca lo mejor de sí en momentos decisivos para aferrarse con las uñas a la clasificación. Se muestra como una experimentada luchadora, sabedora de que lo importante en estas competencias no son las primeras rondas, sino cómo utilizarlas para llegar a la ronda final en la que todas las clavadistas empezarán desde cero puntos el último tramo de la prueba. La sensación es que se está reservando para atacar en el momento justo pues tira clavados espectaculares que la colocan justo en el límite para clasificarse a la final. Lo consigue.

Paola pelea.

Lo hace de manera épica en una final con un nivel altísimo de competencia,  una final en la que un suspiro puede convertirse en el error que terminará por costar todo un ciclo olímpico de durísimo entrenamiento y sacrificio. Su epopeya es cuesta arriba y en cada lanzamiento desde la plataforma de diez metros Paola Espinosa nos recuerda porque es una de las grandes de este deporte. Verla resulta en toda una lección de arrojo, de manejo de presión. Su lucha rinde frutos y va escalando posiciones en la tabla de puntuación. Sube desde el último lugar hasta el cuarto. En en la última ronda cuando se encuentra a escasos 10 puntos de la canadiense Meagan Benfeito, con quien ha sostenido una gran batalla por el último sitio en el podio. Paola termina su participación con un estupendo lanzamiento, pero la canadiense se encuentra en una tarde maravillosa y no claudica, se avienta con gran determinación desde la plataforma y termina superando a la mexicana por escasos 12 puntos.

Según Forbes Paola es la mejor pagada de la delegación mexicana
Según Forbes Paola es la mejor pagada de la delegación mexicana

Paola pelea.

Nuevamente consigo misma por no derramar las lágrimas cuando es entrevistada por la cadena ESPN al término de su competencia. Pierde el round contra el llanto y en medio de sollozos declara: “Me siento muy mal por mi sueño, no por ustedes”. Y tiene razón porque por el país y por nosotros había peleado muchas veces. Esta vez era por ella, por conseguir el único blasón que se le negó durante toda su carrera: una medalla olímpica en una competencia individual. Esa fue su pelea durante los dos días que duró la prueba y se falló a sí misma. Porque a nosotros, simples espectadores de su carrera, Paola no nos falló nunca. Hizo lo que esperábamos de ella, que peleara como lo que es: una gran atleta mexicana, una de las mejores de nuestra historia y una que nunca pasó por una competencia de rodillas sino que siempre lo hizo erguida con el orgullo y la voluntad por delante.

Paola pelea.

Y seguramente seguirá peleando en lo que vendrá ahora para su vida. Y todos vamos a recordarla cuando alguna vez platiquemos sobre Río 2016. Esos Juegos Olímpicos a los que enviamos a nuestros mejores peleadores que regresaron a casa sin los tesoros por los que fueron hasta las mismas playas de Copacabana. Esos juegos en los que Paola peleó hasta el final por colgarse una medalla olímpica, ser feliz y de paso llenarnos de felicidad a nosotros que la hemos contemplado durante tantos años con asombro y admiración.

Se quedó al borde del podio
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