Transmetropolitan: ¡la jodida profecía se cumplió!

“Jódete. Si a alguien en esta pila de mierda de ciudad le importaran dos vergas de perro muerto la Verdad, esto no estaría pasando”. Spider Jerusalem en Transmetropolitan, de Warren Ellis.

No tenemos perdón. La miseria y el fascismo nos amenazan y estábamos advertidos. A kilómetros. A putos kilómetros. Y con señales, luces y pinches carteleras animadas. El mundo se va a la mierda mientras todos los cobardes juegan a la salida fácil y nos advirtieron y nos valió madres. Nos lo advirtió Cohen, nos lo advirtió Stone, nos lo advirtió el pinche MTV en medio de sus pendejadas, nos lo advirtió Spider Jerusalem.

Si a alguien le importara una mierda la Verdad esto no estaría pasando.

No se supone que la ciencia ficción de hace veinte años se lea como crónica hoy en día. No se supone que el mundo frenético de Transmetropolitan, fuera más que una pesadilla divertida. Vertigo era el sello de cómics donde podíamos leer mentadas de madre y ver tetas. Donde podíamos vomitarnos del sistema mientras jurábamos que nunca llegaría. ¡Coño, habíamos leído V for Vendetta! Eso no pasaría.

Hasta que despiertas con un dolor en el culo y te das cuenta. Pasó.trans

Comparado a V for Vendetta, Transmetropolitan es un cómic luminoso e intoxicado. Exhuberante e incluso optimista. Warren Ellis pinta un mundo que sólo parecía futurista, lleno de padrotes, putas, punks, pansexuales, viciosos, corruptos, jodidos, pobres pero entretenidos. Transmetropolitan sólo parecía futurista. Pero era mejor. Era mejor porque estaba Spider Jerusalem, reportero salvaje, bastardo profesional, hijo de puta en jefe, para mentar madres por todo y esparcir terror en los criminales una diarrea a la vez. Porque Jerusalem era además el buen pendejo. Al que le importan las cosas.

Y que hace algo.

Transmetropolitan no es un masaje. No tiene pinche final feliz. Acaba como la vida, porque se acaba el tiempo. Pero al final del pinche día, acaba donde debe acabar y bien. Con una vida de mierda y un mundo jodido pero bien vivido. Nadie podría desear más. En esa época, no pensé gran cosa de Transmetropolitan. Era uno más de esos cómics profanos y divertidos, con una vena irónica pero que no pasaba a más. No era Sandman ni The Invisibles. No tenía vísceras como The Authority. No tenía pinches tramas donde todo cuadraba hasta que sentías que estabas en un viaje donde veías la maquinaria del puto universo. No. Sólo era divertido y bonito. Darick Robertson puede dibujar vida y miseria, que no nos engañemos, van de la mano.transmet2-e1467937422454

Pero hoy no es divertido. Hoy es espantoso. Hoy se lee como pinche Nostradamus sin mamadas. Hoy es necesario. Y a la chingada si no me creen, lean y sientan cómo se les cierra la puta garganta como si los asfixiara un pinche verdugo que se excita con tu terror. Lean a Spider Jerusalem el día de las elecciones entre la Bestia y el Sonriente.

“Siempre pensé que la gente era esencialmente brillante. Distraída, seguro, y débil y derrotada, pero nunca estúpida. Y les muestras que, aquí hay dos personas que quieren ser presidente. Una es malvada, pero puedes lidiar con ella,  porque de hecho cree en algo. La otra dirá cualquier mentira, usará cualquier máscara para convertirse en presidente, y no sólo eso, sino que te pinche odia y sólo quiere ser presidente para violarte. ¿Y por quién crees que votaron?” Transmetropolitan Num 25.transmetropolitan-17

Y lo peor no es que sea la puta verdad de hoy.

Lo peor, es que no sé cuál de los dos candidatos es el que cree en algo.

Lo peor es que cada vez que cedemos, ese poco, cada renuncia de lo necesario por lo posible, nos trajo aquí.

Y nos lo dijeron. Nos imploraron, nos gritaron. Leonard Cohen, Alan Moore, Terry Gilliam, South Park, Warren Ellis…

Warren-No-Pinches-Mames-Ellis

Ni siquiera es tan bueno.

Y ahora, por primera vez en años, me siento distraído, derrotado y débil. Y pendejo. No sé ni por dónde empezar. Pero sé que algo hay que hacer. No podemos ceder una vez más. Ya no queda nada por ceder. Y no podemos morir. Que mueran ellos, nosotros ya no podemos perder nada.

No sé por dónde empezarán los demás. Pero si quieren un consejo, empiecen por Transmetropolitan. Empiecen por escuchar a Spider Jerusalem. Regocíjense en una era donde era sano imaginar mierda y mentar madres, donde tener una opinión tenía que venir por entender y no por estar seguros. Regocíjense de que Spider la caga, como todos. Disfruten los lápices de Darick Robertson que nunca echó la güeva en el cómic, sabía que ese trabajo requería habilidad y respeto. Y que se aventó el desmadre de dibujar personas y no plantillas. Cada pinche cara es de alguien.

Recuerden ese nudo en la garganta de sentir que todo valía madres. Y acostúmbrense, porque viene de vuelta.warrenDescubran cómo se puede tener valor en la pinche página, y espero, que también en la chingada vida. Que no hay vida hoy que no esté chingada. Al que no, habrá que chingarlo, probablemente por su culpa estemos así… Salven su alma, ¡lean!

Y pónganse a joder a los hijoputas, que son los poderosos y no los que votaron por Trump, esos son pendejos y cualquiera de nosotros puede serlo alguna vez. Yo sé que hoy me siento así. Es hora de joder a los poderosos, buena falta les hace…

Si no tienen ideas, Transmetropolitan les dará un par.

Y no estaría de más leer el Manual del Anarquista.

Porque la Verdad importa. Y a la mierda lo demás.trnas

Escrito por
Más de Daniel Irabien

El amor a la crítica: réplica al texto sobre Bazin y Kael de Manuel Escoffié

Manuel Alejandro Escoffié y yo coincidimos en nuestro amor por el cine...
Leer más

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *