Carta del editor (Soma #20)

Parece que fue ayer cuando llegamos a nuestro número 10. Pero no, fue hace ya bastante tiempo: en el 2009, cuando celebramos nuestro 1er Aniversario en la Cineteca Nacional del Teatro Mérida (hoy Manzanero). El motivo de que nos tardáramos tanto, para los que no lo saben, es que en el número 12 se terminó la primera época de Soma, Arte y Cultura. No es sino hasta agosto del 2016, cuando retomamos la numeración a partir del 13, una cifra no apta para triscaidecafóbicos.

A nueve meses de relanzar la revista en formato digital (en su segunda época), ya hemos editado 8 números, por lo que en nuestro caso, llegar al número 20 nos ha tomado casi una década (la revista inició en el 2008). Ya se imaginarán el trabajo que nos ha costado; sin embargo, esta segunda serie de revistas han resultado mejor de lo que esperábamos, pues no sólo han sido las más leídas, sino que temática y conceptualmente considero han quedado mejor que sus predecesoras. Y es que cuando la máquina está engrasada y la voluntad de los colaboradores confluye, la revista se va armando y redondeando a pesar de las torpezas del editor (mea culpa). Por ello, no me queda más que agradecer a los artífices de este número tan especial, que de una u otra forma se ha imbricado a través de los tópicos abordados y del talento involucrado.

Soma #20: portada de Víctor Pavón

Por ejemplo, Víctor Pavón, nuestro artista en portada, perteneció al ya extinto colectivo Daisy Loría, mismo que es mencionado en el artículo de Alberto Arceo que aborda los desplazamientos del arte yucateco. Además, en este mismo ensayo, se menciona a dos artistas que también han engalanado la fachada de la revista: Lizette Abraham y Robin Canul, pues ambos pertenecieron a los colectivos analizados en dicho texto.

No más por no dejar, el recién terminado mes de abril dedicado a los infantes tiene cabida en una tercia de textos: uno sobre el creador de El mago de Oz, otro sobre el lamentable cierre del programa de formación para niños del Macay y, el último, sobre Watchmen, un cómic o novela gráfica que pueden disfrutar tanto los pequeños lectores ya maduros como los adultos.

Todo esto se empata con la llegada del mes de mayo, donde la maternidad es referida en la poesía de Ileana Garma, madre y poeta. Casualmente, la obra de teatro reseñada por quien esto suscribe, se titula “Mamá por siempre”. Luego entonces, nadie nos podrá acusar de carecer de progenitora… Lo mismo ocurre con las letras de Rosely Quijano, madre y literata, quien reseña un libro en torno al feminismo, asunto que viene a cuento dado que Gigio Ortiz comenta la música de Las hijas del rap, llenas de contenido sobre esta lucha social, más necesaria que nunca.

Al margen de lo anterior, la exposición de Stanley Kubrick en México se aproxima a su fin, por lo que paralelamente, Sergio Aguilar discurre sobre este director y sus procesos de adaptación, dado que él participó como conferencista en las jornadas académicas que con tal motivo acontecieron en la capital del país. Por último, este número lo dedicamos a la memoria del periodista recientemente fallecido, Sergio González Rodríguez, por lo que Carlos Martín Briceño reseñó su libro “Los 43 de Iguala” como una manera de recordarlo a través de sus letras.

Como vemos, al parecer nos ha quedado un número bastante redondo, con un poco de todo pero sin perder la unidad conceptual. Sin embargo, como siempre, ustedes los lectores tienen la última palabra…

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