La mañana (de la noche zombie)

Ay, Rebeca. Cómo me dueles. ¿Dónde estás mientras me desangro por ti? Todo por tu culpa. Íbamos derechitos  a madrearnos a esos gueyes con los que desperdicias tu cariño. Tengo el volante de mi auto  dentro de las costillas y estas malditas ganas de ir a verte la cara cuando no me esperas.

Creíste que no me enteraría de la fiesta, y del imbécil ese de Ramón y su juego del “te-invito a divertirte conmigo, tocaré la guitarra y podrás jugar con mis rastas.”

No, Rebeca. Debiste ver cómo quedó el Audi.  ¿Recuerdas el Jesucristo de latón que pegó mi abuela en su último arranque exorcista; cuando se la pasó pegando imágenes de Jesús por todos lados porque según el mundo ya se iba a acabar y así…? Bueno, de la cintura para arriba, nuestro señor terminó dentro del ojo izquierdo de Miguel.

Hace rato lo perdimos porque jaló para otro lado. Pero yo voy por ti Rebeca. Porque me dueles y  no se puede quedar así. Leonardo y yo vamos a ver dónde es la dichosa fiesta y así tengamos que recorrer metro por metro todo Chichí Suárez me canso que te encontramos.

Nos volamos el retén.

No quise parar y los cerdos nos persiguieron.

Estaba pensando en decirle  a Miguel que le hablara a su primo de la fiscalía pero se paniqueó por las luces de la pipa de agua que se nos vino encima  y nos dejó estos huecos en la cara que jamás nos podremos quitar.

Leonardo sigue diciendo puras incoherencias Rebeca. Me pregunta por tu amiga Laura;  no la Laura que se volvió loca y se comió a su mamá y al gato. La otra, la de tu fiesta de cumpleaños.

Y bueno el otro día me dejó con las palomitas azules. Ya ves que se tardó años en aceptarme en Facebook. Pinche gobierno, hay que matarlos a todos. Chale que hambre… vamos a san Juan por las tortas de cochino, qué hueva de ciudad, nunca pasa nada, ¿tienes mota?

Tal vez sigue borracho pero yo no Rebeca, de verdad que el madrazo con la pipa me la bajó y me siento bien despierto.

Llegaron los reporteros del De Peso, Rebeca.

Ahí vas a ver las fotos en la esquina de tu casa. Espero que abras bien el ojo, porque el estambre de fierros y carne que va a salir en la primera plana es mi Audi y nosotros, la banda que te saluda, Rebeca.Zombie-5

Pero esta carne no es para esos buitres. Debiste haber visto cómo Leonardo se comió la oreja y el cachete del fotógrafo que intentaba tomarle un close up a su cabeza en el pasto. La risa me hizo regresar, Rebeca. Tú te hubieras reído igual, porque si algo tienes es un negrísimo sentido del humor.

Todo mundo se fue corriendo. La policía nunca llegó. Está atrincherada en los retenes de periférico y disparan a todo mundo que camina hacia ellos. Por eso me valió y me volé el retén. No nos disparan. No les importa que comamos en su cara sino que caminemos hacia ellos…

Me dueles. Te extraño, Rebeca. Ya amaneció. El sol está como nunca pero lo veo diferente. No me quema los ojos como esas veces en las que el sol te agarra  en medio de la fiesta. Simplemente ahí está y no me molesta; me molesta tu indiferencia, Rebeca; tu indiferencia y tu maldita felicidad.

Qué maldito monchis me acaba de dar. Tengo hambre y ningún puesto de cochinita a  la vista. Mato por un habanero o un pedazo de esa señora que me mira asustada dentro de ese auto.

Bueno, Leonardo me estorba, lo soltaré de los pelos a la una, a las dos… Bye carnal, hasta la otra.

Le voy a echar el diente a esta señora, Rebeca, la verdad es que ya caigo si no como algo en este momento.

Es el fin del mundo como dice la abuela, Rebeca, las cosas cambian y nos volvemos un poco menos pendejos cada vez y  al final sabemos que sólo nos sobrevivirán los narcos con cuernos de chivo. Ni los policías. Los cerdos  ya no se ven tan malos muriéndose de miedo cuando nos ven por la calle.

Tú sabes que desde un tiempo a la fecha he preferido quedarme en casa. Los espacios abiertos me causan ansiedad, las multitudes me marean y la gente me pone nervioso.

Pero hoy eso se acabó. Rebeca, no me importa caminar más entre toda esta gente, por primera vez siento que no me miran a mí sino a esos pobres indefensos que no aguantan el pánico y se quedan quietos esperando lo que viene. Ya no me tengo que parar derecho o mirar a la gente a la cara.

Y se viene mucha hambre, Rebeca.  Rabia y hambre. Pero los nervios, los nervios se acabaron.

Todo se ve de otra manera. Por primera vez, no siento que me juzguen o que tenga que agradarles; simplemente cada quién está atendiendo sus negocios y no se meten con nadie.

Todo es diferente cuando estás enojado y hambriento.

Esta mañana, pese al accidente y de que acabo de tirar al monte la cabeza de mi mejor amigo, todo se siente muy bien.

La mañana cae con su baño de indiferencia, la gente se ve extraña caminando por todo periférico como si nada pasara. Como si el carnaval hubiera cambiado de sede y fecha.

¿Qué día es hoy Rebeca?love_zombie_by_andres826-d4pnpa6

Durante mucho tiempo he pensado en lo que nos une y nos separa. Como si fuésemos personas contrarias que tienen una maldición encima que los hiciese encontrarse una y otra vez para morderse las caras.

Renovarse o morir, a ese punto hemos llegado.

Nunca había visto tanta gente en City Center, hay un grupo de gente escondida en el súper, voy a ver Rebeca, igual y consigo algo para llevarte.

Alguna carne brillante que se mueva…

Igual y también a ti ya te pegó el monchis

Una pierna o un brazo…

De acuerdo a tu hambre, Rebeca.

Te extraño.

Voy a buscarte.

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