Sobre “Idomeneo”, ópera de Mozart I

“Toda la ira del océano cabe en un corazón”. Idomeneo, rey de Creta o Ilia e Idamante

Una de las más bellas obras de Mozart es Idomeneo, rey de Creta o Ilia e Idamante. Esta ópera seria, con libreto en italiano de Giambattista Varesco y música del genio de Salbzburgo, se estrenó el año de 1781, cuando Wolfang tenía veinticinco años de edad y cuando, en toda su plenitud física y mental, producía sus más luminosos frutos.

En cuanto a su historia, el Idomeneo de Mozart relata la caída en desgracia de este rey de Creta, soberbio monarca a quien el dios del mar aflige y destrona. A su regreso de Troya, luego de muchos años de ausencia, una tormenta hunde el navío de Idomeneo y éste, a punto de sumergirse para siempre bajo las olas, jura desesperado a Neptuno que sacrificará al primer ser vivo que se encuentre al pisar el litoral de su isla. Su súplica es escuchada y las corrientes lo llevan hasta las playas de Creta. Despierta el rey de su letargo y, arrepentido por sus votos, ve aproximarse lleno de gozo a su hijo Idamante quien diario iba al puerto con la esperanza de hallarlo. Al descubrir que la víctima condenada por el destino es su propio hijo, Idomeneo rechaza los abrazos del suplicante Idamante y le rehúye lleno de espanto del sacrificio que está obligado a cumplir. El príncipe, sin saber la causa verdadera del comportamiento de su padre, lamenta ser repudiado por el ser que le dio la vida y cae presa de una profunda tristeza.

Aquí cabe anotar que el atormentado Idamante es amado simultáneamente por la troyana Ilia y la griega Elektra. Ilia, mujer de alma apacible, mantiene su pasión en secreto a causa de su origen extranjero pero sus precauciones son insuficientes para salvarse de la cólera de Elektra, quien la desprecia y confía que su influencia le garantizará el matrimonio con el príncipe cretense.

Con la esperanza de incumplir sus votos, Idomeneo decide mandar al extranjero a Idamante junto con la ilusionada Elektra y, cuando el bajel del príncipe se dispone a zarpar, una tormenta primero y una voraz serpiente marina después impiden la travesía y siembran devastación y destrozos en torno a la isla. A causa del castigo de Neptuno, Idomeneo se ve en la necesidad de confesar, ante el pueblo aterrorizado, su voto sangriento al dios de los mares. En contraste con el abatimiento de su padre, Idamante acepta su destino, confiesa a Ilia, la apacible troyana, que la ama y se lanza a luchar en contra del monstruo marino. El príncipe cretense vence a la bestia y regresa, como un héroe, al altar de sacrificio donde su padre empuña la espada encargada de darle la muerte. Entonces, cuando Idomeneo está a punto de dar el golpe mortal, la voz de Neptuno inunda el escenario, la divinidad aplacada ordena que se detenga el sacrificio, que el insensato rey abdique en favor de su hijo y que Idamante se una a Ilia. Tan solo la ira de la repudiada Elektra, desentona el júbilo de toda Creta que entona, antes de caer el telón, uno de los más dulces himnos nupciales jamás compuestos.

Con respecto a la música, el Idomeneo de Mozart tiene una textura rica y exuberante en cuyas partes vale la pena detenerse de forma sistemática. En primer lugar, me gustaría hablar de las secciones orquestales, a saber, la obertura, la marcha del acto primero, la del acto tercero y el ballet que cierra la ópera.

La obertura de Idomeneo es una tempestad equilibrada por la soberbia elegancia de Mozart. Comienza con notas solemnes, tremendas, y, si bien en un principio pareciera un movimiento marcial por sus tamborileros, estos clamores son atenuados por un galanteo de cuerdas que se desliza cómo las ondas de un mar que amenaza con estallar furiosamente. De este modo, el llamado inicial al combate se transforma, en esta pieza, en un drama cuyos tintes heroicos y amorosos se desvanecen cómo una débil ola al llegar a la orilla de la playa.

Por su parte, las dos marchas de la ópera son triunfales, dignas de un regimiento imperial. La primera acompaña al desfile con el que Idomeneo regresa a Troya y reasume su poderío, las cuerdas recalcan la grandiosidad de la ocasión y marcan, con delicada precisión, el paso del rey, de los sacerdotes, de Idamante, Ilia y de la orgullosa Elektra, la irrupción de estas mujeres en el cortejo dota de cierta feminidad algunos compases que podrían pasar por los devaneos de un ballet cortesano.  En oposición, la marcha del acto tercero, en su ritmo solemne y algo triste, es reposada pues enmarca una ceremonia religiosa, aquella en la cual los cretenses imploran el favor de Neptuno.

Por último, si a las partes orquestales de Idomeneo nos referimos, el ballet final de la ópera suele considerarse en la actualidad una pieza independiente y suele cercenarse su interpretación en los montajes más recientes. Comienza el ballet con una soltura marcial en la que un vendaval tempestuoso, enérgico como pocos, es vencido por la acción de una luminosa escalada de metales y cuerdas. A veces, como si los celos de Elektra regresaran a la escena, un aura siniestra e inquietante recorre a la orquesta, por fortuna, los vientos encarnaran la delicadeza Ilia y en la melodía vuelve a vencer el optimismo galante. A manera de sinfonía, Mozart traza una pieza de colorida complejidad, con pasajes acelerados, triunfales y avasalladores, es una corriente tremenda en la que tanto los himnos de agradecimiento conviven con bailes de fiesta y vientos acelerados. (Continuará)

 Grabaciones recomendadas

Ópera completa

Idomeneo, rey de Creta o Ilia e Idamante, K. 366, interpretada por la Orquesta del Teatro de la Scala de Milán, bajo la dirección de Daniel Harding (temporada 2005/2006)

 

Idomeneo, rey de Creta o Ilia e Idamante, K. 366, interpretada por la Orquesta Barroca de Friburgo, bajo la dirección de René Jacobs

 

Obertura

Obertura de Idomeneo, rey de Creta o Ilia e Idamante, interpretada por la Orquesta de la Ópera Metropolitana de Nueva York bajo la dirección de James Levine

 

Marcha del acto primero

Marcha del acto primero de Idomeneo, rey de Creta o Ilia e Idamante, K. 366, interpretada por la Orquesta de la Ópera Metropolitana de Nueva York bajo la dirección de James Levine

 

Marcha del acto tercero

Marcha del acto tercero de Idomeneo, rey de Creta o Ilia e Idamante, K. 366, interpretada por los Solistas Barrocos Ingleses bajo la dirección de John Eliot Gardiner

Ballet

Ballet de Idomeneo, rey de Creta o Ilia e Idamante, K. 366, interpretada por la Orquesta Sinfónica de Radio Televisión Española, dirigida por Ignacio García Vidal (Madrid, 17 de febrero de 2012)

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