El arte de la transcripción musical con la OSY

Previo al segundo concierto de la Orquesta Sinfónica de Yucatán de esta semana, John Vaquero realizó una escucha analítica del programa propuesto por Alfonso Scarano, en el que Brahms, Berio, Smetana y Dvorak están presentes, con los solistas César Reyes (clarinete) y Carlos Adriel Salmerón (piano).

Algunas veces eché de menos en años anteriores, y así lo manifesté en ciertas crónicas, la falta de coherencia temática o estilística en determinados programas de la Orquesta Sinfónica de Yucatán. Pero no se le puede reprochar nada parecido al maestro Alfonso Scarano, tal y como queda de manifiesto, incluso de forma explícita, para el segundo concierto de la temporada enero-junio 2026:

«El arte de la transcripción, de Brahms a Berio»

Viernes 30 de enero a las 20h

Domingo 1 de febrero a las 12h

Palacio de la Música, Mérida, Yucatán.

El nuevo director de nuestra orquesta había anunciado hace unas semanas que uno de sus objetivos era «crear condiciones óptimas para un contacto directo entre el público y la música de alta calidad, estimulando emociones y sentimientos». Parece contar, por otra parte, con el apoyo entusiasta del Respetable, según se pudo observar en la gala de Chopin, Shostakovich y Tchaikovsky del concierto inaugural. Viento en popa, pues.

La Sonata para Clarinete y Piano No. 1 de Johannes Brahms, en su versión original, es una de las últimas obras de cámara del compositor alemán (1894); acabo de escuchar una excelente grabación de 1996 con Elena Bashkirova y Wenzel Fuchs, disponible en medici.tv. Consta de cuatro movimientos: Allegro appassionato con temas melódicos entrelazados; Andante un poco adagio lírico y nostálgico; Allegretto grazioso danzante y un Vivace final rítmico. Evoca el otoño, la madurez, un romanticismo pausado y melancólico, donde el piano y el clarinete forman un dúo romántico y reflexivo.

La versión Sonata para clarinete y orquesta de Luciano Berio es una transcripción de 1986, en la que el compositor italiano incorpora una dimensión orquestal y añade un breve preludio al primer movimiento así como una corta introducción al Andante, pero sin alterar la construcción en cuatro movimientos ni la partitura, en lo esencial, según he podido apreciar en una grabación de 2004, disponible en YouTube, por la Orquesta Sinfónica de Milán, dirigida por Riccardo Chailly y con el clarinetista Fausto Ghiazza.

¿Qué cambia, entonces? Pues el maestro Scarano parece que nos lo pregunta, deseando, quizás, que nosotros, el público, salgamos de nuestra zona de confort. Técnicamente, no sé si se puede considerar «sonata» la versión de Berio, me parece que sería más apropiado hablar de forma «concertante». Berio nos obsequia cuerdas, vientos, algo de percusión, así como una conversación entre clarinete y orquesta.

Suena más moderno, o más bien contemporáneo; por supuesto, como buen conservador algo incorregible, yo prefiero la composición de Brahms —aunque creo que la emoción genuina de la versión original sigue intacta en Berio. Hasta donde he podido averiguar, no hay evidencia de que Alfonso Scarano haya presentado ambas versiones en un mismo concierto previamente; de hecho, tampoco he hallado rastro de alguna presentación de las dos obras en un solo evento. ¡Quizás estemos ante un estreno importante y singular, y hasta mundial!

A continuación, El Moldava (Vltava), de Bedřich Smetana, es un poema sinfónico de 1874 que forma parte de Má Vlast (Mi Patria), una oda al río que fluye desde sus fuentes hasta Praga y se ha convertido, gracias al compositor bohemio, en el Rin o el Danubio de los checos. Es melódico, evocando fuentes, cascadas, cazadores, fiestas, vestigios del pasado, hasta llegar a la ciudad en una culminación triunfal.

Los vientos se hacen agua, como el murmullo de dos arroyos (flauta y clarinete), que se unen en el tema principal, el más conocido; la caza suena en los cornos y en una fanfarria de metales; las cuerdas de los violines danzan en una polka alegre de nupcias campesinas junto con percusiones, en una exaltación romántica y popular de la nación. La entrada grandiosa a Praga con el tema del Vyšehrad no es el final esperado, pues los violines cierran el opus en un diminuendo delicado, solos, mientras el río desaparece en la lejanía.

La Obertura de Otelo, de Antonín Dvořák (1892), es shakespeariana, como lo indica el título, en una forma de sonata con celos destructivos y pasiones enfrentadas. Los temas son el conflicto tormentoso y el ímpetu lírico del amor: sentimientos ardientes con vientos y cuerdas, inspirados en el folclore checo y con ecos de Brahms.

Es muy sugerente el inicio, lento y amenazante como un cielo a punto de abrirse, desatando su furia. A imagen y semejanza de una naturaleza maléfica, Otelo es dominante e implacable frente al amor tierno de Desdémona. La espiral ascendente en violines nos hace temer lo peor, y se cumplen los oscuros presagios con la violencia irreversible del guerrero moro, expresada en la sensación de caos aterrador producido por una dinámica orquestal intensa, de timbales, bombos y platillos.

El programa del concierto 2 de la OSY tiene pues una coherencia conceptual clara. Estilísticamente, predominan el romanticismo centroeuropeo (Brahms, Smetana, Dvořák), con énfasis en melodías expresivas, orquestación colorida y estructuras narrativas, unificando el repertorio en una exploración de cómo la música transforma y reinterpreta ideas originales, generando nuevas emociones. Finalmente, quisiera concluir mencionando la participación de dos solistas mexicanos:

El clarinetista César Reyes es un yucateco de adopción, formado en Mérida y en otros conservatorios como el de Milán. Es músico de la OSY desde 2016. También es miembro fundador del quinteto de vientos U’uy a paax (que significa «Escucha tu música» en maya) y contribuye a la enseñanza de músicos jóvenes. El pianista Carlos Adriel Salmerón, egresado del INBAL y de la Escuela Superior de Música Reina Sofía de Madrid, actúa como solista con varias orquestas y presenta recitales en escenarios como el Palacio de Bellas Artes, además de dedicarse a la enseñanza del piano y música de cámara.

Compartir artículo:
More from John Vaquero
Medio siglo sin el pensamiento de Hannah Arendt
Con motivo del 50 aniversario de su muerte (4 de diciembre de...
Read More
Leave a comment

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *