En la inauguración de la décima edición del Festival Internacional de Cine de Mérida y Yucatán (FICMY), los organizadores dieron la bienvenida al público, en los cines del Siglo XXI, con un recorrido detallado por el calendario de actividades y los talleres que se desarrollarán en los próximos días; además de presentar las competencias oficiales de largometrajes y cortometrajes que conformarán la dinámica del festival. Tras este primer acercamiento a la programación, la noche continuó con la proyección del largometraje fuera de competencia, Becoming Vera, obra del director español Sergio Vizuete, marcando así el arranque cinematográfico de la edición.

Estrenada originalmente en Estados Unidos el 16 de marzo del 2025, nos presenta la historia de una joven pianista de jazz latino que al cumplir la mayoría de edad, queda fuera del programa de ayuda a niños huérfanos o separados de su familia que ofrece el sistema estadounidense. En consecuencia a esto, debe enfrentar sola dificultades agotadoras como buscar comida, trabajo, o incluso un simple techo donde pasar la noche. A pesar de eso, no todo transcurría de forma trágica en su vida, tenía un talento tan único como ella, sabía tocar el piano.
Nuestra protagonista toma un trabajo de pintadora de casas para poder sobrevivir, pero para su sorpresa, le asignan pintar un lugar muy particular: un estudio musical. Vera se siente maravillada, ya que es un lugar lleno de sonidos, teclas de piano y partituras…pero no es muy bien recibida por los dueños del estudio, quienes la ven con desdén y apatía.
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Un día en el trabajo, mientras una alumna ensayaba y un teclado se encontraba al alcance de Vera, la muchacha cede ante la tentación y copia la melodía que ejecutaba la alumna. Es entonces que es descubierta y regañada ante el acto, pero despierta la curiosidad del maestro de piano y le realiza unas cuantas pruebas de habilidad, descubriendo que la chica es una prodigia, pero sin nada de técnica o delicadeza.
A pesar de eso, el maestro decide bridarle algo de apoyo, prestándole el piano para que pueda ensayar las veces que vaya a pintar el estudio. Sin embargo, el hombre no cree genuinamente en ella, la pone a prueba en múltiples ocasiones con la única finalidad de hacerle saber que no es lo suficientemente buena en lo que hace. Esto es un contraste muy interesante, ya que el maestro en un principio parecía ser un motor de impulso y superación para Vera, pero terminó siendo el punto de inseguridad para la muchacha al no sentirse con el talento que se requería para dedicarse a la música.

El clímax de la historia es una ejecución apantallante de Vera ante el piano, en una audición que podría o no cambiarle la vida para siempre. La secuencia se convierte en un estallido emocional donde la música revela todo aquello que las palabras nunca lograron expresar. Es un momento catártico, íntimo y vibrante, que muestra el verdadero brillo de la protagonista y la manera en que canaliza años de silencios, frustraciones y deseo de pertenecer a un mundo que constantemente la está rechazando y que le dice que es una “don nadie”.
Sin necesidad de grandes gestos dramáticos, la película consigue que esta ejecución marque un antes y un después en el viaje interno de Vera. Es ahí donde su historia trasciende lo cotidiano y se convierte en un testimonio de valentía, autenticidad y autodescubrimiento. Becoming Vera cierra dejando resonar la idea de que cada persona guarda un talento que solo espera el momento adecuado para hacerse escuchar, y que, a pesar de los obstáculos, siempre existe un escenario donde finalmente podemos brillar.


