Texto y fotos: Felipe Ahumada Vasconcelos
De acuerdo con lo previsto para la 44 temporada de la Orquesta Sinfónica de Yucatán, el viernes 19 de septiembre tuvo lugar el tercer concierto de ese ciclo tocando el turno de la conducción al maestro italiano Alfonso Scarano como director huésped y al violinista checo Ivan Zenaty como solista invitado. El programa estuvo integrado por el concierto para violín No. 1 en sol menor, op. 26 de Max Bruch y la sinfonía No. 4 “Romántica” de Anton Bruckner. En la sala bien concurrida quedaron sin embargo algunas butacas vacías ese viernes por la noche que fue ocasión de un magnífico concierto.
La disposición de los instrumentos de la orquesta presentó algunas variantes respecto a la formación a la que estamos comúnmente acostumbrados; los timbales que suelen situarse al fondo en el lado izquierdo estaban igualmente al fondo pero ubicados al centro. Las violas y los Violoncellos intercambiaron posiciones quedando las primeras en el extremo derecho y los violoncellos ocupando el lugar en donde suelen estar las violas. Disposición orquestal que se mantuvo durante la ejecución de las dos piezas del programa atendiendo a las instrucciones del director.

A la afinación de las cuerdas puntualmente indicada por el oboe se sumó el resto de los instrumentos entre escalas de metal y de madera, entre leves percusiones y melodías recortadas; hecho el silencio, aparecieron solista y director en el escenario saludando al público y agradeciendo los aplausos de bienvenida. Tras los segundos de un silencio expectante, el director levantó la batuta que se alzó sobre la orquesta hacia los timbales que con golpes precisos apenas audibles dieron paso a los alientos convocando al solista que desde ese primer movimiento, y a lo largo de toda la obra, mostró un virtuosismo pleno y una particular interpretación tocando de memoria en total armonía con el director que también prescindió de partitura induciendo la notable ejecución de los miembros de la orquesta.
La admirable conjunción de una técnica impecable y un lirismo sin ataduras permitió a Zenaty profundizar en un adagio conmovedor que si pudiéramos traducir en palabras tendríamos que decir nostalgia, añoranza, melancolía y, finalmente, redención. Sentimientos cobijados por las notas solidarias de las cuerdas y con los acentos de esperanza en el conjunto de la orquesta que luego del respiro de una breve pausa dio lugar al tercer movimiento que con notables pasajes de extrema belleza y complejidad culminó en un deslumbrante final.
El público de pie ovacionó la obra con prolongados aplausos que por su entusiasmo dieron lugar a un “encore” que con generosidad ofreció el solista: el preludio de la Partita No. 3 in E Mayor, BWV 1006, de Johann Sebastian Bach. Mientras los aplausos agradecían esta pieza adicional, Zenaty recibió un colorido ramo de flores que tras un gesto de gratitud a su vez entregó a una de las integrantes de la OSY.
La sinfonía No. 4 “Romántica” de Anton Bruckner. De algún modo la iniciativa de Alfonso Scarano al incorporar esta sinfonía en su concierto de presentación puede, en sentido positivo, calificarse de atrevida, sobre todo por su extensión de poco más de una hora; esta obra exige al director y a los músicos de la orquesta una gran resistencia y el permanente reto que deriva de los contrastes propios de su arquitectura, aparentes contradicciones que la atinada dirección de Scarano resolvió en la unidad.

Para el público la mayor demanda es la concentración durante poco más de una hora transitando por avenidas y brechas sonoras que en momentos, sin la atención necesaria, pudieran convertirse en intrincados laberintos. Una propuesta así significa un reto que se traduce en respeto a un público maduro que ha trascendido los repertorios básicos y repetitivos. Notable la actuación del director huésped Alfonso Scarano, parco, elegante y sobrio, siempre vertical, sin hacer espavientos ni posturas estereotipadas, con movimientos precisos como quien lanza un dardo y atina en el centro de la diana, la batuta trazó su derrotero, mensajera de destreza y emoción, sin que nada sobrara, sin que faltara nada.
El apoteótico final de la sinfonía de Bruckner, que marcó también el final de esa noche de concierto, desató la contención exigida durante más de una hora y la lluvia de aplausos estalló cargada de admiración y sinceridad. El merecido ramo de flores que coronó la ovación también fue a parar en las diestras manos de una integrante de la orquesta. Scarano, ya sonriente con la satisfacción de quien arriesgó y triunfó, recorrió los pasillos del escenario saludando de mano a los músicos. Al italiano aún le queda una presentación más con nuestra orquesta. Mientras tanto, sigue adelante el proceso de selección del director artístico de la OSY, la cual anticipamos que no será una decisión fácil…

