Calaveritas a la secretaría que te sepulta…

Artistas y colaboradores de Soma, así como empleados de la Sedeculta y funcionarios culturales, contribuyeron con un verso o calaverita desde el anonimato, en un ejercicio de cadáver exquisito. Para honrar la tradición mexicana del Día de Muertos y para que no se pasen de vivos, aquí el resultado...

Artistas y colaboradores, así como empleados de la Sedeculta y otros funcionarios culturales, contribuyeron con un verso o calaverita desde el total anonimato, a manera de cadáver exquisito. Para honrar la tradición mexicana del Día de Muertos y para que algunos no se pasen de vivos, este es el resultado…

I

En el edificio de Sedeculta bajo el sol yucateco,
la huesuda se apareció con un archivo completo.
“Soy del Gobierno del Estado —con voz oficial—,
vengo a hacer una auditoría del desastre cultural.”

Entró a la Secretaría de la Cultura con paso de fiscalía,
notando la ausencia de la jefa de dicha secretaría.
“Busco a Patricia Martín Briceño, la señora del huipil,
la que promete renacimiento, pero no da ni un atril.”

Paty sonrió nerviosa, con su tono institucional,
“Todo está de maravilla, ¡el arte va sensacional!
Tenemos mayas, jarana, trova y el Otoño Cultural,
puro arte contemporáneo sin duda magistral.”

Mas la Muerte carcajeó, sin compasión ni medida:
“¿Gutural dices, Paty? ¡Si suena a tos de la vida!
Revisó la flaca el programa, señalando cada escena:

“El Peón Contreras sin alma, el Daniel Ayala sin pena,
el Armando Manzanero vacío, el de Valladolid sin luz…
¡Los teatros descuidados parecen un viejo trolebús!”

Entonces los fantasmas salieron del Peón Contreras,
gritando entre butacas: “¡Nos apagaron las lumbreras!
Ni una lámpara encendida, ni un telón por reparar,
pero hay fotos en las redes… ¡no más pa´ aparentar!”

II

En Sedeculta reinaba la ausencia y la confusión,
ni jarana ni folklore, ni trova ni tradición.
Los artistas reclamaron apoyos, espacios y escenarios,
pero solo hallaron malas caras, discursos y calendarios.

Patricia Martín Briceño, señora del huipil bordado,
tomaba café con piquete (era mezcal bien cargado).
“Estamos en la era de la cultura y el arte total,
como el Renacimiento Chaya y el Otoño Gutural.”

De pronto apareció, nada menos que Andrés Solano,
manejador del dinero y primo de Abraham Selano.
“Yo administro el presupuesto —dijo con convicción—,
aunque los artistas se mueran de pura inanición.”

Solano, entre viáticos y recursos etiquetados,
prometía transparencia con los ojos vendados.
“Yo apoyo los festivales, las artes, la cultura y el talento.”
Sí —dijo la flaca—, pero tu presupuesto anda muy lento.

Barreiro, más discreto, revisaba un contrato,
mientras decía a la Paty: “Esto lo cobro al rato”.
Pero la huesuda insistió, con sarcasmo y cortesía:
“Si es cultura o negocio propio, ¡lo sabrá auditoría!”

Tomados de la mano, rieron Francisco Barreiro y Paty,
enamorados de contratos amañados y directa adjudicación.
Pero la Muerte los alcanzó afuera del panteón:
“Por ser grandes empresarios, tienen palco en el Peón”

III

El gobernador Díaz Mena llegó de guayabera formal,
cantando loas al arte, turismo, cultura y al capital.
“¡Que viva el folklore, la jarana y el color!”
La calaca suspiró: “¡Vive el cuento, no el actor!”

En el Otoño Gutural no hubo arte ni poesía,
solo egos, simulacros y discursos de cortesía.
Y así la parca emitió un ingenioso silogismo:

“Sedeculta será extinta por exceso de nepotismo.
El gobernador Joaquín no canta ni sabe coordinar,
ni una pieza de transparencia ha podido recitar.”

Mientras tanto, Huacho Díaz Mena, en tono paternal,
prometía más cultura y zapateo, apoyos y bienestar.
“¡Habrá jarana en los barrios, trova y arte sin igual!”
Y la huesuda respondió: “¡Puro folklore verbal!”

 

IV

En Sedeculta las paredes escucharon renuncias,
susurros y murmullos de viejas incongruencias.
“¡Que se vaya la pequeña señora del huipil otoñal!”,
gritaron los propios fantasmas del teatro sexenal.

Patricia Martín Briceño, con huipil para toda ocasión,
le ofreció a la huesuda una rueda para mayor difusión.
“Tenemos el Renacimiento Chaya, el Otoño Gutural,
y artistas muy contentos con atole y dedo anual.”

“¿Contentos?”, dijo la Muerte sacando el esternón,
“¡Si bailan jarana con hambre y cobran con ilusión!
Tantos informes bonitos, tanto video institucional,
ni un peso llega a los de abajo, ni un alma al recital.”

De pronto el aire cambió, sonó un portazo fatal:
Felipe Zúñiga se fue, renunciando sin chistar.
Ni un suspiro después se le unió Kike Polanco,
que al ver el caos interno dijo: “Mejor me arranco.”

IV

Desde entonces se dice, en el radio-pasillo cultural,
que en las noches de jarana la huesuda sale a bailar.
Danza con Paty, Solano, Huacho y hasta Castrillón,
al ritmo del presupuesto… ¡y la pinche inmoderación!

La flaca levantó acta y firmó con gesto nauseabundo:
“Dos renuncias confirmadas y el arte en el inframundo.
Sedeculta Te Sepulta, hasta el nombre es profecía,
entierra artistas cada año con su propia feligresía.”

“Gobierno del Estado de Yucatán —leyó la flaca al final—,
aquí yace tu Secretaría de Cultura en estado terminal.
Cuentan los trovadores, con voz melancólica y sagaz,
que detrás de cada festival está siempre la misma Faz.

Y la calaca dijo: sobre su tumba, escribiré su epitafio:
“Aquí yace insepulta Paty, titular de la Sedeculta.
Secretaría de la Cultura y las Artes del Gobierno del Estado,
que murió naciendo a raíz de un gabinete mal asesorado”.

La Muerte con su abanico, agregó sin desistir:
“Ya se pudrió Sedeculta, el arte y también el porvenir.
Secretaría de la Cultura y las Artes del poder estatal,
quiso ser renacimiento… ¡pero acabó en funeral!”

Huacho y Paty mandan saludos desde el más allá…
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