Uno de los asistentes al concierto de Julieta Venegas en Valladolid nos hizo llegar la siguiente crónica a la redacción de Revista Soma. El autor, por temor a represalias, pidió se mantuviera su anonimato. Aquí transcribimos su remitido íntegramente…
El concierto de Julieta Venegas en Valladolid no fue artístico: fue un operativo fallido convertido en “pan y circo”. Organizado por el Gobierno del Estado de Yucatán, el H. Ayuntamiento de Valladolid, la Secretaría de Fomento Turístico de Yucatán (SEFOTUR) y la Secretaría de la Cultura y las Artes de Yucatán (SEDECULTA), bajo la gubernatura de Joaquín Díaz Mena, la titular de SEDECULTA, Patricia Martín Briceño, y el secretario de SEFOTUR, Darío Flota Ocampo.
La fila para entrar tuvo una longitud de diez calles. ¿Nadie levantó la ceja en el Gobierno del Estado o el Ayuntamiento de Valladolid? ¿Nadie en SEFOTUR o SEDECULTA dijo “alto, esto debe detenerse hasta que tengamos controles”? Evidentemente no. Se abrió el acceso más tarde de lo planeado, sin orden alguno, provocando una peligrosa estampida humana que por suerte no dejó muertos ni heridos. Sin planificación, sin control. ¿Quién autorizó eso? ¿Quién asumirá la responsabilidad cuando parte del público quedó varado en una masa sin direcciones claras? Protección Civil brilló por su ausencia.
Y luego: la propia secretaria Patricia Martín Briceño fue abucheada durante su discurso de presentación. ¿Alguien dio cuenta de ello? ¿Creyó SEDECULTA que con un micrófono se compensaba la inoperancia logística? El público no estaba ahí para discursos; estaba para ver un concierto. Y ese aplauso de aprobación jamás se obtuvo. Dentro, la primera mitad del concierto fue aburrida, la gente se estaba durmiendo o platicando, parecía una kermés. Casi todo el público callado, hacinados en un espacio sin visibilidad, sin pantallas, sin aire. Parecíamos reses encerradas en un corral.
Por otro lado, las canciones que todos querían, las que hicieron a Julieta Venegas famosa, aparecieron hasta el final. ¿Qué lógica siguió la producción? ¿Qué plan tenía el Gobierno del Estado de Yucatán para movilizar recursos y público masivo de manera segura? Cuando terminó, la salida fue un embudo de caos: dos puertas para miles de personas, vallas abiertas de golpe, cables en el piso junto a máquinas de energía. ¿Quién autorizó que la zona trasera del escenario, con plantas eléctricas y cables al descubierto, sirviera como “vía de escape”? SEDECULTA tiene que responder. SEFOTUR tiene que responder. El gobierno estatal de Joaquín Díaz Mena tiene que responder.

La ciudad de Valladolid, entonces, quedó herida y en evidencia: calles angostas, escarpas rotas, baches y banquetas levantadas delante de decenas de coches bloqueados. Todo organizado por instituciones que promovieron el evento como algo “cultural”. ¿Cómo se explica que el tráfico se mantuviera colapsado hasta 12 horas después? ¿Dónde estaba el plan de movilidad? Y la pregunta más grave: ¿qué vieron, qué escucharon realmente aquellos que estaban al fondo, al centro, fuera de vista del escenario? Casi nada, porque el sonido era pésimo. Una voz que llegaba de lejos, un latido de música que se borraba entre murmullos. Esa es la “experiencia” que SEDECULTA y SEFOTUR venden como “acceso cultural para todos”.
Como colofón: estos espectáculos no aportan nada al arte ni a la cultura en Yucatán. Son eventos de relumbrón que no generan públicos, no elevan sensibilidades, no construyen memorias ni respetan el patrimonio cultural. Generan masas, sí, caos y estadísticas. Y entre las instituciones involucradas el Gobierno del Estado, Ayuntamiento de Valladolid, SEFOTUR, SEDECULTA… ¿Cuál es la diferencia entre este espectáculo y los palenques ganaderos de Xmatkuil? NINGUNA.
La triste realidad es que en un mismo fin de semana las autoridades demostraron su franca incompetencia. No están preparados para espectáculos de esta envergadura y mucho menos para tanta afluencia de gente. El colapso de las vialidades en Xmatkuil y las de Valladolid en el llamado “Buen Fin” quedó de manifiesto: no hay una buena organización, logística ni preocupación por la integridad de nosotros los ciudadanos.
Lo que aplaude el gobierno de Huacho es lo multitudinario, y Darío Flota Ocampo, titular de SEFOTUR, celebra la ocupación hotelera llena. ¿A alguno de ellos les importa el arte y la cultura? Se sabe que Flota Ocampo es la mano que mece la cuna en la Secretaría de la Cultura y las Artes, sin él no hay presupuesto ni se mueve nada. Y lamentablemente, Patricia Martín Briceño, titular de SEDECULTA, es comparsa y cómplice de estos disparates.
El concierto de Julieta Venegas en Valladolid, pese a las cifras y al cacareo gubernamental fue un desastre: un espectáculo vacío, público manejado, ambiente precario. Pan y circo, nada más. Finalmente, la cultura en Yucatán merece algo mejor, mucho mejor. Merece instituciones capaces. Merece planificación. Merece que no “abramos” puertas sin pensar antes en la gente. Según Díaz Mena, Martín Briceño y Flota Ocampo, hay “acceso para todos”, pero en realidad ni siquiera hubo una rampa de inclusión para discapacitados. Lo que fue realmente fue un acceso para el caos cultural.

