De enfant terrible a disidente cultural: Juanma Bajo Ulloa

John Vaquero hace una revisión del cine de Juanma Bajo Ulloa, director español que durante el lanzamiento de "El mal" a principios de 2026, ha denunciado la corrección política como “hipocresía institucionalizada” que restringe la libertad creativa y el humor. Aquí su comentario sobre el realizador...

Juama Bajo Ulloa vs. el conformismo ideológico en el cine español

Irrumpió en el cine español de los años 90 como un auténtico prodigio irreverente que cautivó a la crítica y al público con varias obras tempranas: Alas de mariposa (1991), fábula cruel sobre la ambivalencia materna y los estereotipos arraigados en “la gente del pueblo”, ganó la Concha de Oro y tres Premios Goya, incluyendo mejor dirección novel y guion original. Siguió La madre muerta (1993), la más lograda a mi juicio —quizás la más insoportable también—, un drama psicológico sobre culpa y trauma que cosechó premios internacionales.

Fue un malentendido, pues tres décadas después, Juanma Bajo Ulloa se ha transformado en un disidente cultural, crítico feroz de la industria cinematográfica española que tanto le aduló en sus inicios. En entrevistas recientes, durante el lanzamiento de El mal (estrenada el 16 de enero de 2026, y que todavía no he visto), ha denunciado la corrección política como “hipocresía institucionalizada” que restringe la libertad creativa y el humor. Considera que la imposición temática de la ideología de género y las bajadas de línea “inclusivas” determinan hoy qué películas se promueven, se programan y se premian en festivales, en lo que califica como “la nueva religión” impuesta desde arriba, sin demanda popular.

Critica las subvenciones públicas por ideologizar el cine, convirtiendo a cineastas en “activistas” y a proyectos en “propaganda”, citando a Antonio Escohotado: “La verdad se impone sola, solo la mentira necesita de subvención” (1). Describe el panorama actual polarizado entre “cine familiar que impide el pensamiento” (blockbusters de superhéroes o comedias blancas) y cine doctrinario “recompensado en festivales como militancia partidista”. Festivales, antes dirigidos por cinéfilos, ahora los ve como “fiestas de minorías” con “comisarios ideológicos”. Y no es un detalle menor que Bajo Ulloa haya sido coherente, acordando sus acciones con sus palabras, hipotecando su casa para su primera película y financiando sus trabajos posteriores de forma independiente.

 

El cine de los 90: resaca de la Transición y sensibilidad personal

El malentendido surge de los tenebrosos años 90 en España, después del vulgar destape de los 70 y la movida madrileña y hedonista de los 80: un amargo despertar ante desengaños políticos, económicos, corrupción y destrozos de la heroína en la juventud urbana, sumados al desencanto posmoderno. En aquel contexto, directores como Álex de la Iglesia, Julio Medem o Bajo Ulloa exploraron universos introspectivos y perturbadores, cuestionando identidades resquebrajadas y traumas colectivos. Las obras iniciales de Bajo Ulloa —algunas ya mencionadas (2) — trataban temas que podrían leerse como “progres”: opresión familiar, prejuicios de género, violencia psicológica.

Influido por una infancia de la que no ofrece detalles, pero evoca como “poco feliz”, y por su juventud en Vitoria durante el auge del terrorismo de ETA (que contaba con la complicidad de parte de la sociedad), reflejaba un desencanto moral, similar al de otros artistas e intelectuales. Los críticos lo elogiaron como estimulante y alineado con agendas que desmontaban herencias del pasado. Sin embargo, su sensibilidad era y sigue siendo más personal que militante: fusiona belleza y fealdad, candor y escarnio en cuentos malévolos, escudriñando almas. Recibió pequeñas subvenciones al principio, pero luego las rechazó para evitar “peajes”. Aquí radica la confusión: el mundo cultural asumió que era “de los suyos” por temas de supuesta crítica social, pero su enfoque era ante todo artístico, influido por una percepción trágica y sin concesiones acerca de la banalidad del mal en la condición humana.

 

Marginación de un artista insumiso

Desde los 2000, coincidiendo con una industria más dependiente de subvenciones del ICAA (3) y festivales de contenidos hegemónicos, Bajo Ulloa ha explicitado su desacuerdo, lo que ha conllevado su puesta al margen. No ha ganado Goyas personales desde 1992; sólo nominaciones y distinciones menores. Atribuye esto a su independencia: critica el establishment bienpensante que convierte el cine en propaganda, y ve la libertad de expresión como ilusoria, con “cancelación” como nueva “Inquisición”.

Su escepticismo frente a todos los políticos hace difícil tildarlo de opositor o acusarle de estar en la acera de enfrente; dijo recientemente que “un adulto es necio si cree que sirven al pueblo”, y ve la sociedad “infantilizada” por ingeniería colectiva, acelerada en tiempos de pandemia. En alguna oportunidad me recordó a Fernando Arrabal y su Teatro del Pánico: menos absurdo y excéntrico, pero capaz de armar un escándalo mayor, como en el Salón del Cómic de Granada en 2002 (4).

La mayoría de las películas del cineasta alavés no son precisamente agradables; prefiero mil veces, para mi placer personal, las obras de Wes Anderson a la hora de expresar vivencias y dolores familiares. Pero no me atrevería a enfrentar a los dos autores: ambos van hasta el final, no se rinden ni se venden al mejor postor por querer agradar al público, ser más populares, demostrar afinidad con los catecismos contemporáneos o defender valores considerados universales.

Ulloa produce desconcierto y hasta desasosiego. Explora la falta de amor, generando monstruos con trasfondo de infancia lacerante, culpa y ética en atmósferas de crónicas de terror. Mezcla drama psicológico, thriller y comedia ‘gamberra’, con humor negro corrosivo, aunque nunca exhibicionista o sádico, con énfasis en música e imágenes perturbadoras, más sugerentes que repugnantes.

Algunas producciones son más ligeras: Frágil es (casi) romántica y con fantasía, aunque no deja de ser un cuento de hadas envenenado; Airbag, su mayor éxito en taquilla, es un road movie satírico sobre la alta sociedad vasca, el submundo del crimen y tabúes en principio intocables como racismo, machismo, pedofilia o sentido de pertenencia autóctona. De El mal, sé por fragmentos y testimonios que cuestiona la moralidad con giros góticos, y es audaz en forma y guión teatral, dejando sensaciones contradictorias.

Me interesa Bajo Ulloa porque representa una opción distinta, liberándonos de la disyuntiva entre la industria fílmica ideologizada y el mero entretenimiento. Inclasificable en el espectro de las opiniones y casillas convencionales (derecha-izquierda, conservador-vanguardista), resultaría cómodo para algunos tildarlo de ‘facha’ y condenarlo, pero no da el perfil: lo considero un librepensador en nuestro mundo amordazado. En tiempos de acatamiento, su obra o ciertas declaraciones suyas pueden irritar o desorientar, pero resiste dogmas. Lleva hasta las últimas consecuencias su libertad de crear, a sabiendas de lo que le espera.

Es un Artista.

Referencias y notas:

(1) Puedo no estar de acuerdo con todo lo que dice Bajo Ulloa: por ejemplo, me parece difícil dejar de subvencionar, sin soluciones alternativas, determinados sectores de la creación artística, entre ellos el cine, o más generalmente la educación y la cultura; pero la denuncia global de este cineasta incómodo, apartado por un oficialismo cultural tóxico, común no sólo en España sino en muchos otros lugares, la suscribo en su esencia.

(2) El reino de Víctor (corto, 1990, premio Goya al mejor cortometraje), Alas de mariposa y La madre muerta.

(3) ICAA: Instituto de la Cinematografía y de las Artes Audiovisuales; organismo adscrito al Ministerio de Cultura que planifica políticas de apoyo al sector cinematográfico y audiovisual.

(4) La gala dirigida por Bajo Ulloa comenzó con una parodia de presentadores televisivos y continuó con un personaje disfrazado de Osama Bin Laden, pegando tiros y destruyendo las Torres Gemelas, mientras quemaba pasquines de la cultura occidental (incluyendo la Virgen de las Angustias, García Lorca y otros). Incluyó una denuncia simbólica a la corrupción con premiados atados, y una escena provocadora con una actriz bajo burka que culminó en un desnudo y acto sexual en directo, generando indignación, pero ilustrando su rechazo al principio de conformidad.

Un buen artículo completo aquí: https://www.abc.es/cultura/abci-indignacion-granada-escandalosa-galaynbsp-bajo-ulloa-200203180300-85581_noticia.html

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