Festivo y romántico: el primer concierto de la OSY

A manera de aperitivo y para mayor comprensión y disfrute del primer concierto de la Temporada 2026 de la Orquesta Sinfónica de Yucatán, John Vaquero se abocó a la escucha exhaustiva del programa compuesto por Shostakovich, Chopin y Tchaikovsky, cuyas impresiones musicales aquí consigna...

La Orquesta Sinfónica de Yucatán inaugura su ciclo de doce conciertos, bajo la batuta del maestro Alfonso Scarano, designado director artístico titular tras un riguroso proceso que culminó en una selección de alto nivel internacional. Esta elección, respaldada por los propios músicos y un comité especializado, augura una etapa de excelencia para una institución que es y debe seguir siendo un pilar cultural en Yucatán.

Como observador habitual de sus presentaciones, celebro esta renovación, esperando que se cumpla la aspiración del nuevo director artístico de la OSY: “crear las condiciones óptimas para el contacto directo de la audiencia con música de la más alta calidad, en un ciclo enfocado a estimular un caleidoscopio de emociones y sentimientos”. Ausente de Mérida en esta ocasión, me centraré en las obras programadas para los días 23 y 25 de enero en el Palacio de la Música, más que en la ejecución en vivo. El repertorio del primer concierto combina vitalidad festiva con profundidad romántica:

Inicia el programa la Obertura Festiva de Dmitri Shostakovich, estrenada en 1954 pero, según declaraciones del propio compositor, empezada o pensada en 1947; sea como fuere, para celebrar el 30 aniversario de la Revolución de Octubre o con motivo del 37 aniversario (¡posterior a la muerte de Stalin!), estamos ante un ejemplo claro de “protocolo Shostakovich”, expresión que he acuñado en algún artículo anterior y que ya venía como anillo al dedo a la Sinfonía No 9, recientemente dirigida en Mérida por el maestro Enrique Diemecke.

A pesar de que algunos especialistas entendieron en su momento esta obra (y otras del mismo autor) como la expresión sinceramente festiva de una celebración afín al régimen, y si bien la pieza irradia euforia triunfal con fanfarrias orquestales y ritmos enérgicos, mi interpretación es que, bajo esa superficie, late la ironía: un equilibrio precario entre el mandato oficial y la expresión personal.

Para sobrevivir bajo presiones institucionales, en escenarios culturales donde el arte navegaba entre consignas políticas y aspiraciones a la independencia del artista, Shostakovich respondía a la contingencia con “máscaras”, como Debussy o Ravel – en un contexto distinto, por supuesto-, donde lo aparente disimula profundidades. O en otras palabras menos poéticas, “durante el reinado de Stalin, Shostakovich pasó mucho tiempo jugando al gato y al ratón con la policía de la cultura.” (1).

A continuación, la “GALA CHOPIN”, con los dos Conciertos para Piano: el No. 1 en mi menor, Op. 11 (1830), y el No. 2 en fa menor, Op. 21 (1829). Ambos, obras de juventud, destilan un romanticismo puro, con cierto virtuosismo pianístico que dialoga con la orquesta en un equilibrio de pasión y lirismo.

El Concierto No. 1, que he vuelto a escuchar interpretado por una también joven Martha Argerich en aquel maravilloso concierto de 1970, con la Orquesta francesa de la ORTF, abre con un allegro maestoso grandioso, en forma de sonata, con ecos de Beethoven, donde el piano emerge como héroe narrativo; al tema inicial, algo marcial, le suceden unos violines con un expressivo, más melódico y emotivo; sigue un romance (larghetto) con toques de bel canto, el movimiento más interesante de la obra, anunciador de los Nocturnes, del que decía el propio Chopin que “se mantiene en un sentimiento romántico, tranquilo y en parte melancólico, como el de una hermosa noche de primavera iluminada por la luna”. El rondo final, vivace, irradia vitalidad concluyendo con un vendaval alegre en mi mayor.

El Concierto No. 2 empieza con un maestoso muy elaborado, fastuoso y luego más sentimental, adornado y dinámico, con un lucimiento sucesivo de la orquesta y del pianista. Después destaca un larghetto introspectivo, con el solista recitando delicadas confidencias seguidas por un tema más vivaz y hasta vehemente. El allegro vivace para terminar parece un vals, luego una mazurka y culmina con violines, cuernos y últimos y alegres compases en fa mayor.

El pianista solista invitado Hao Rao expresó hace unos años que las composiciones de Chopin son “un puente entre el alma humana y la naturaleza” y que interpretarlas en vivo “transforma la partitura en algo personal, adaptándose a la energía de la sala.” Más recientemente, también lamentó la disminución de conciertos en vivo debido a las grabaciones digitales, diciendo: “Chopin escribió para el salón y el escenario, no para auriculares. Los conciertos reales preservan el alma de su música, que se pierde en lo grabado”. (2)

Cierra el primer concierto de la temporada con el Capricho Italiano de Piotr Ilich Tchaikovsky (1880), inspirado en melodías folclóricas recogidas durante una estancia en Roma. Esta suite orquestal despliega un colorido instrumental exuberante: desde la fanfarria inicial hasta la tarantela frenética y la marcha triunfal final, pasando por aires sicilianos y napolitanos. Tchaikovsky integraba genialmente lo ajeno (por ejemplo, músicas y sonidos escuchados en la calle) sin traicionar su esencia rusa, creando un mosaico de emociones propias y probablemente irrepetibles.

(1) https://es.laphil.com/musicdb/pieces/1755/festive-overture

(2) un fragmento de entrevista del maestro solista invitado RAO HAO, pianista:

 

TEMPORADA DE LA OSY ENERO-JUNIO 2026

PROGRAMA 1

Viernes 23 de enero a las 20h

Domingo 25 de enero a las 12h

Palacio de la Música de Mérida

-Dimitri Shostakovich, Obertura festiva

-Frédéric Chopin, Concierto para Piano No. 1

-Frédéric Chopin, Concierto para Piano No. 2

-Piotr Illich Tchaikovsky, Capricho Italiano

Alfonso Scarano, Director Artístico Titular

Hao Rao, pianista solista invitado

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