José Areán apertura la nueva temporada de la OSY

La Orquesta Sinfónica de Yucatán, salió triunfante en un precioso concierto que augura una buena temporada y una difícil competencia para dilucidar quién tendrá el liderazgo de la OSY. El primero en saltar al ruedo es José Areán, al que le seguirán otros, según escribe Felipe Ahumada Vasconcelos...

El viernes 5 de septiembre dio inicio la 44 temporada de la Orquesta Sinfónica de Yucatán; integrando el programa estuvieron las obras de Gabriela Ortiz, “Antrópolis”; George Bizet, “Suite No. 1 La arlesiana” y de Carl Nielsen, la Sinfonía No.4 “Lo inextinguible” bajo la dirección de José Areán. Si bien en esta ocasión no hubo, como en otras, un solista invitado, puede destacarse la intervención de un conjunto de timbales en la primera obra del programa y de dos conjuntos en pugna durante la obra de Nielsen.

El protagonismo de este imponente instrumento de percusión magistralmente interpretado por David Martínez e Ivonne Revah será quizá lo más recordado de ese concierto de apertura de temporada, que por la solemnidad de la ocasión inició con las palabras de Patricia Martín, Secretaria de la Cultura y las Artes, quien subrayó que la OSY es un programa prioritario de esa secretaría; inmediatamente dio la bienvenida al Maestro Areán destacando su talento y su maestría, al tiempo que además nos recordó que esta temporada es la fase culminante en el proceso de selección de quien se hará cargo de la dirección artística de la orquesta.

Margarita Molina Zaldívar, la presidente del Patronato de la OSY, con cálidas y significativas palabras dio la bienvenida al público y agradeció a quienes hacen posible la existencia de la sinfónica. La presencia del primer concertino que precedió la entrada del director, dio cabida al mágico ritual de la afinación que con notas vibrantes y tonos variados anticipó el inicio del evento, exacerbando la emoción y removiendo las expectativas, mientras se cancelaban las puertas del auditorio para dar paso al silencio.

Me extrañó ver la sala semillena a tres cuartos, pues en los extremos había muchas butacas vacías a pesar de ser principio de temporada y máxime siendo fin de semana. Eso sí, merecidos los aplausos a la entrada de José Areán, aspirante en la contienda por la batuta de director artístico. El auditorio a media luz, contrastaba con las intensas luces que enfocan a los músicos; la obra de Gabriela Ortíz abrió con enérgicos golpes de timbal, el ritmo nos puso en alerta frente a un enigma que tiene mil veredas, un instante de silencio convocó a la orquesta y un modesto bongó despejó las ecuaciones, fue entonces que supimos que estábamos de fiesta.

Gabriela Ortíz le puso corbata de moño al mambo y a la rumba y se los llevó a la sala de conciertos sin dejar atrás el sabor del antro, reavivando su esencia. Al final del recorrido de variados ritmos, de momentos íntimos y desbordante alegría, el auditorio estalló en aplausos, muchos de pie porque el público de Mérida es generoso y no pone matices a la ovación. Fin del primer tercio, prueba superada, todo cuenta en el afilado juicio de quienes pasada la temporada entregarán no la estafeta, sino la batuta tan preciada…

Por la “Suite No. 1 ‘La arlesiana” confirmamos que Bizet es algo más que la canción del “toreadore” o la habanera de Carmen tan recurrida en el repertorio de conciertos y en los pasillos del supermercado. Transitando entre ritmos de marcha, graciosos bailes, profunda tristeza y finales épicos, la orquesta transmitió el deleite de esta obra.

La condena de la música es que al contrario de las artes visuales y escénicas y la propia literatura que no requieren de un intérprete para llegar al espectador, la música sin el intérprete está destinada al silencio. Con la ejecución de nuestra orquesta Bizet se puede dar por más que bien servido, destacaría en Areán el profundo sentir de esas frases largas que conduce llevando la batuta de extremo a extremo sin reprimir el gesto que contagia la nostalgia que imprime en su adagietto.

En el tercer tercio y con un final extraordinario, Carl Nielsen y su Sinfonía No.4 denominada “Lo inextinguible”, sobresalió como ya se ha dicho la lucha entre los dos conjuntos de timbales, que más que una batalla entre bandos enemigos, siguiendo el espíritu de la obra, es una batalla de uno mismo contra el desánimo como consecuencia de la tragedia de la guerra. La OSY, surgió triunfante, precioso concierto de inicio que augura una buena temporada y una difícil confrontación frente al liderazgo definitivo de la orquesta.

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