Texto: John Vaquero / Fotos: Ricardo E. Tatto
Fue una iniciativa muy loable para el fomento de la ópera en Mérida: en el centro histórico de nuestra noble ciudad, la Casona Peón abrió sus puertas el viernes 28 de febrero para acoger en su recinto centenario una de las obras más pequeñas y, al mismo tiempo, más influyentes de la historia de este género: La serva padrona de Giovanni Battista Pergolesi.
Este intermezzo de menos de una hora, estrenado en Nápoles en 1733 para servir de intermedio a una ópera seria, hoy olvidada, del propio compositor, inspiró medio siglo después la trilogía Mozart-Da Ponte. Se emancipó rápidamente, conquistó París en 1752 y provocó la famosa “Querelle des Bouffons”: fue defendida por Rousseau y Diderot, aunque no lograron convencer a Louis XV y a Madame de Pompadour… Sea como fuere, terminó convirtiéndose en el modelo casi perfecto de la ópera buffa. Su éxito no radicó en grandes voces ni en decorados suntuosos, sino en el arte de la comedia, en una orquestación acertada de arias y dúos, y en esa naturalidad conversacional que ya anunciaba el espíritu del clasicismo.
Bajo la excelente dirección del maestro José Luis Chan Sabido, la Fundación Carlos Peón Machado nos ofreció una adaptación de buena factura, clásica y sin sorpresas. El maestro demostró, una vez más, su sensibilidad para obras de cámara y su capacidad para extraer lo mejor de sus músicos sin forzar efectos. El pianista Hwa Lee y los jóvenes músicos de la Orquesta Sinfónica Juvenil de Yucatán (violines, viola, violonchelo y contrabajo) respetaron la esencia original de la obra, convirtiéndose en el cuarto personaje de esta maliciosa comedia: interactuaban de forma alegre y precisa con los protagonistas, haciendo que los recitativos fluyeran con aparente espontaneidad.
La puesta en escena de Juan Ramón Góngora Alfaro era ágil y agradable, respetuosa del libreto. El propio Góngora desempeñó con soltura y acierto el papel mudo de Vespone, motor cómico de la trama: sus gestos, entradas y salidas fueron precisos, nunca exagerados, y lograron que el público sonriera exactamente en los momentos adecuados. Evitó con inteligencia el escollo de la caricatura burda y se mantuvo en el registro relativamente contenido que corresponde a un intermezzo napolitano.
La soprano Mariana Palma (Serpina, la sirvienta) y el barítono Marco Antonio Rivero, (Uberto, el dueño), dos jóvenes valores yucatecos formados en el entorno de la Orquesta Sinfónica Juvenil, formaron un dúo vocal y dramático bastante equilibrado. Palma supo transmitir el carácter de la criada astuta pero nunca vulgar, pasando con soltura de la energía picante de “Stizzoso, mio stizzoso” a la seducción lírica de “A Serpina penserete”, sus dos arias de mayor lucimiento. Rivero, por su parte, dio al patrón gruñón pero vulnerable una humanidad que lo redime; su rendición en el dúo “Per te ho io nel core” resultó creíble y conmovedora, una de las partes más logradas de la noche.
En resumidas cuentas, todos los artistas supieron estar a la altura, evitando la ordinariez y proponiendo una comedia más fina y sutil de lo que podría aparentar. La acústica del lugar —cuestión de difícil solución— no impidió disfrutar de un espectáculo ágil y agradable ante un público muy satisfecho que aplaudió con calidez. El intermedio, algo más largo de lo anunciado, me sorprendió un poco, pues en obras tan breves y fluidas como ésta no se justifica y puede romper el ritmo narrativo; sin embargo, este detalle menor no empañó lo que fue, en definitiva, una gran noche.

Iniciativas como ésta de la Fundación Carlos Peón Machado y de los dueños de la Casona Peón, Melba y Carlos Peniche, merecen todo el reconocimiento. En una ciudad como Mérida, donde la oferta operística sigue siendo insuficiente, poder disfrutar de Pergolesi en un marco histórico tan hermoso es un lujo que no debemos dar por sentado. Ojalá sea solo el comienzo. Esperemos que la ópera —en sus formas grandes y pequeñas, serias y buffas— se vaya haciendo cada vez más presente en la agenda artística yucateca.
CRÉDITO
Obra – La serva padrona
Intermezzo en dos partes de Giovanni Battista Pergolesi (1710-1736)
Estreno: 5 de septiembre de 1733, Teatro San Bartolomeo, Nápoles

Equipo artístico
Dirección musical y concertación: José Luis Chan Sabido
Pianista / continuo: Hwa Lee
Orquesta Sinfónica Juvenil de Yucatán “José Luis Chan Sabido”
Sección de cuerdas (violines, viola, violonchelo y contrabajo)
Dirección escénica y Vespone: Juan Ramón Góngora Alfaro
Serpina: Mariana Palma (soprano)
Uberto: Marco Antonio Rivero (barítono)
Organización
Fundación Carlos Peón Machado
Melba y Carlos Peniche (Casona Peón)

