Ofrendo a Apolo el adolescente que fui, el que, deslumbrado y temeroso, contempló la belleza de sus imágenes en una enciclopedia de arte griego como quien mira una revista porno o consulta un oráculo que le revela un destino. Sea el que fui a la manera de los kuroi del museo de Delfos: la estatua votiva de un muchacho que inmóvil marcha por el tiempo y cuyos brazos no sostienen nada pues nada posee y es él mismo la ofrenda. A Apolo ofrendo también mi soneto preferido de Rilke.
A su hermana, la divina cazadora Artemis, virgen de hermoso peplo, consagro las heridas que los que he amado me han infligido y las que he infligido a los que me han amado. Es decir, le ofrendo mi soledad: lo que hay en mí de bosque. Y los animales que fui y los animales que seré, aureolados de flechas.

Dulce Eros de temibles dardos, a ti, por quien todo llega a ser, te ofrendo el agujero de mi culo: abismo hacia la alegría que soy cuando no soy. Alumbra de amor mi extraviado camino: oh fuego errante, oh antorcha alada.
Al sagrado ladrón de vacas, al soberano de las puertas, al guardián de los cruces de caminos, al taimado hijo de Zeus y Maya, viajero de callados pasos y aladas palabras que anda continuamente en lo secreto y me señaló la ruta a la caverna de la Gorgona, al raudo Hermes, el divino mensajero, ofrendo, a modo de incienso, el humo de mi cigarro, estela de mis pensamientos, y ruego haga llegar este libro hasta ese destino suyo que eres tú.
Y a Dioniso, león y toro y cabra, luz plena del verano, dios afeminado y fiero, ofrendo la media botella de tequila que a diario me descuartiza pero que me permite danzar a través del horror. En honor a Dioniso propicias me sean las musas y mis versos proliferen como hiedra, pues de ti, amado señor del evohé, me acordaré también en otro canto.
MEDUSA
I (Coro)
Cantemos, oh estatuas, cantemos

ahora que nadie escucha: ahora
que no hay nadie,
ni siquiera nosotros, sombras
que somos
bajo las piedras que se alzan
a imagen de lo que fuimos,
cantemos sombras de canciones.
¡Oh sombras, oh piedras,
cantemos canciones mudas!
Sin más música que el recuerdo de una flauta,
sin otra lira que el eco de una lira
en un oscuro sueño, cantemos,
oh estatuas,
bailemos
la veloz danza de lo quieto.
***

LUIS FELIPE FABRE (Ciudad de México, 1974)
Es autor de Leyendo agujeros. Ensayos sobre (des)escritura, antiescritura y no escritura (2005), Cabaret Provenza (2007), La sodomía en la Nueva España (2010), Poemas de terror y de misterio (2013), Escribir con caca (2017) y Declaración de las canciones oscuras (2019), estos últimos publicados por Sexto Piso.

