La OSY y Scarano continúan el “Ciclo Bruckner”

El tercer programa de 2026 de la Orquesta Sinfónica de Yucatán se enmarca en el bicentenario de Anton Bruckner. Por ello, Alfonso Scarano continuará el ciclo iniciado con la Sinfonía No. 4 y seguirá ahora con la monumental Sinfonía No. 7., según comenta John Vaquero en su texto previo al concierto...

El concierto de la semana pasada fue un estreno mundial: el de la Sonata para Clarinete y Piano No 1 de Brahms en su versión original y a continuación en la transcripción para Clarinete y Orquesta de Luciano Berio en un mismo certamen; fue una innovación importante, portadora de un proyecto ambicioso e ilusionante.

La relación que el maestro Scarano intenta establecer con el público se basa en una gran exigencia: hacia él mismo y la orquesta, por una parte; y hacia nosotros, invitados a comprometernos con la música, para que la emoción surja, auténtica, de la captación de su belleza. Persiguiendo ese noble objetivo, el tercer concierto de la temporada se enmarca en las conmemoraciones por el bicentenario del nacimiento de Anton Bruckner en 1824. 

Hace unos meses, Alfonso Scarano, siendo entonces finalista en el proceso de selección para dirigir la OSY, nos ofreció la Sinfonía No. 4 en mi bemol mayor, ‘Romántica’, una de las más populares e interpretadas de su repertorio. Recuerdo que el director italiano insistió en la vida y carácter religioso del compositor austriaco: “Todas sus sinfonías son profundas y espirituales, porque él mismo lo era. Vivió siempre en la iglesia, no tuvo mujer ni hijos, y dedicó su vida a la música y a Dios”. Y efectivamente, a Bruckner se le considera —cito ahora al jefe de orquesta y compositor Wilhelm Furtwängler— una especie de “místico extraviado en el siglo XIX”.

La Sinfonía No. 7, compuesta entre 1881 y 1883, estrenada en Leipzig un año después de terminada y dedicada a Ludwig II de Baviera, representa un hito en la carrera de Bruckner, quien la compuso en un período de madurez creativa influida por su admiración hacia Richard Wagner. Entre los muchos apodos que Bruckner recibió en su vida, hay por lo menos uno que le viene como anillo al dedo en este caso: se le llamaba el “Gigante de las Sinfonías”, y esta séptima lo justifica por su escala monumental, que la convierte en un templo sonoro a lo largo de setenta minutos de profundidad espiritual.

Sinfonía de la Fe”, se le llegó a decir, y hasta he leído en alguna crónica que su arquitectura evoca la imagen de una catedral gótica, especialmente en el Adagio, que culmina en una expresión fervientemente devota. Los cuatro movimientos se hilvanan armónicamente, ‘como Dios manda’, así decían nuestros mayores:

Un Allegro moderato en forma de sonata y con tres temas; me llama la atención un cuerno solista en la melodía inicial, y luego una sucesión, para mí perfecta y no sé si divina, de oboe, clarinete, vientos y cuerdas. El famoso Adagio se le compara a veces con el de la Novena de Beethoven, por sus variaciones alternadas; su segundo tema culmina con una gran emoción wagneriana, incorporando tubas y un clímax con choque de platillos que Bruckner escribió en respuesta a la muerte del rey de Bayreuth, a quien admiraba profundamente.

El Scherzo es vivo y enérgico, algo bucólico y hasta campesino. Cierra el ciclo un Finale: primero un júbilo ingenuo y saltarín, seguido de unas cuerdas bajas y serenas, para terminar en un regocijo casi eufórico, propio de quienes aspiran a conocer, un día, el rostro del Señor Todopoderoso.

Muchos sabios de la música la consideran como una de las mejores sinfonías de Bruckner, sólo superada por las 8 y 9, que intuyo formarán parte de la programación de los dos próximos años. También fue la más popular y asequible en su época, alcanzando un gran éxito que lo consagró ante un público entusiasta y conmovido. A modo de conclusión y para aquellos que comparten conmigo el hábito y el placer de escuchar en casa alguna otra versión antes o después del concierto de la OSY, me gustaría recordar algunas grabaciones muy señaladas y accesibles en redes:

  • À tout seigneur tout honneur”, empezaré mi TOP 5 por Herbert von Karajan con la Filarmónica de Viena (1989, estudio, Deutsche Grammophon): considerada un referente absoluto, con un Adagio emotivo, inolvidable.
  • Eugen Jochum con la Staatskapelle Dresden (estudio, EMI/Warner): clásico de los 70, considerada muy fiel a Bruckner.
  • Bernard Haitink con la Orquesta Sinfónica de Chicago (2007, live, CSO Resound), para quienes buscan una claridad sonora más moderna.
  • Sergiu Celibidache con la Filarmónica de Berlín (1992, live): una versión legendaria, lenta y meditativa, capturada en el Konzerthaus de Berlín.
  • Entre las recientes, Christian Thielemann con la Filarmónica de Berlín (live), especialmente elogiada por los que saben, y que pienso descubrir en los próximos días.

Temporada 2026

Programa 3: 

«Ciclo Bruckner 2025-2028»

Sinfonía No. 7 de Anton Bruckner

Viernes 6 de febrero a las 20h

Domingo 8 de febrero a las 12h

Palacio de la Música, Mérida, Yucatán.

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