Shari Mason y Enrique Barrios lucen con la OSY

Con un variado y novedoso repertorio, el domingo 12 de octubre tuvo lugar en el Palacio de la música el sexto programa de la Temporada Septiembre-Diciembre 2025 de la Orquesta Sinfónica Yucatán, con Shari Mason como solista y el director Enrique Barrios, según narra Felipe Ahumada Vasconcelos.

El pasado domingo 12 de octubre con un variado programa que incluyó obras de autores de diversas épocas y latitudes, tuvo lugar en el Palacio de la música la segunda presentación del sexto concierto de la Temporada Septiembre Diciembre 2025 de la OSY.

En esta ocasión el Maestro Enrique Barrios González, Director Huésped, propuso para su interpretación el “Ensueño Maya Crepúsculo en Uxmal” del músico yucateco Efraín Pérez – Cámara; el “Paseo abstracto, luminoso y sonoro” de la compositora de ascendencia yucateca, nieta de Efraín Pérez Cámara, Patricia Moya; el “Concierto No. 1 para violín y orquesta” de Piotr Ilich Tchaikovsky interpretado por la solista invitada Shari Mason; el poema sinfónico “Till Eulenspiegel” de Richard Strauss y la “Suite de “El pájaro de fuego” de Igor Stravinsky.

El público que abarrotó el recito disfrutó de principio a fin esta audición que se distinguió, entre otras cosas, por incluir las composiciones de un autor y una autora ligados por lazos de sangre y ascendencia local, el primero nacido en1892 y fallecido en1967 y la segunda presente entre nosotros. En el difícil proceso de elegir al director titular de la Sinfónica de Yucatán, Enrique Barrios sumó puntos al proponer en sus presentaciones, compositores de raíces vernáculas, obras contemporáneas y, lo que es muy significativo, la inclusión de una compositora como lo hizo también en su momento el maestro José Areán.

Nos felicitamos por este gesto de inclusión de género no porque sea una deferencia o una concesión, que no es, o no debe serlo, sino porque ya es tiempo de rescatar parte de un vasto acervo que por prejuicios discriminatorios nos ha privado de una riqueza musical y estética sin paralelo. Afinados los instrumentos y dispuestos los miembros de la orquesta, entre aplausos de bienvenida apareció el jovial director en escena y con un sentido didáctico poco usual en el contexto de la formalidad de un concierto, se dirigió al público explicando en breves rasgos algunas características de las obras que estaba a punto de ejecutar.

Abriendo las páginas de la partitura, batuta en mano, se transportó y nos llevó en su viaje a la selva maya que contemplamos desde la cúspide del Castillo de Uxmal que con gran devoción fue evocada por la orquesta imbuida en un mágico y ancestral misticismo recuperando así un crepúsculo encendido como telón de fondo para dar paso a la siguiente obra del repertorio programado.

Invitados a un “Paseo abstracto, luminoso y sonoro” a través de los cuadros  y esculturas de su amiga Vera, una artista franco venezolana, la música de Patricia Moya, compositora mexicana, nos invitó a transitar entre sonidos luminosos y vivos colores a lo largo de la exposición que explora no solo la obra pictórica y escultórica sino la propia imaginación visual del director, los músicos y el público de este concierto, que a falta de un catálogo o una descripción puntual de las piezas exhibidas, invita a la propia creación de las escenas guiadas por la música del  arpa como evocación de la música venezolana y la marimba como testimonio de la presencia de México en el centro del esplendor de la orquesta.

La clamorosa ovación que el público ofreció a la compositora invitada por el director a pasar al proscenio, además de reconocer los méritos de la obra, hizo evidente la madurez de una audiencia capaz de ampliar sus horizontes y abrirse a nuevas propuestas que trascienden las convenciones enriqueciendo con “sonidos inusuales, texturas innovadoras y efectos sorprendentes” la experiencia musical.

Pasados los minutos de un breve intermedio, de nuevo los músicos tomaron sus sitios y la cortina de fondo al costado izquierdo, dio paso al director y a la flamante solista ya conocida y apreciada por el público de nuestra tierra donde ha dejado huella por su virtuosismo y su sensibilidad. Tocó el turno entonces a la interpretación del “Concierto No. 1 para violín y orquesta” de Tchaikovsky

La excepcional interpretación del primer movimiento que llegó a su clímax en la dramática cadencia donde todo alrededor pareció quedar suspendido: el director estático, con las manos cruzadas a la espalda, los músicos en atento reposo y el público contagiado por la tensión de las cuerdas del instrumento solista con el gesto de un rostro conmovido y un cuerpo rígido parecía acompañar la tragedia del compositor que al tiempo de la concepción de esa obra atravesaba por momentos de crisis.

La propia solista concentrada en el prodigioso equilibrio entre una demandante técnica y una sublime interpretación pareció relajarse al llegar al trino que como una súplica convocó de nuevo a la orquesta para que la acompañara hasta el estruendoso final del Allegro – moderato que como inevitable catarsis arrancó a “destiempo” el aplauso del público.

Tras la refrescante pausa entre el primer movimiento y el segundo, dando tiempo incluso para re afinar el violín, entre la melancolía y el éxtasis los siguientes movimientos transcurrieron sin más sobresaltos. Entre dos rondas de vivas y aplausos del público en pie se despidió la solista dejando para la orquesta el ramo de flores que le había sido obsequiado.

Finalizó el concierto entre el humor del poema sinfónico “Till Eulenspiegel” de Richard Strauss y el poético vuelo del pájaro de fuego de Stravinsky muy bien interpretados. De nuevo el público ofrendó su generoso aplauso despidiendo al director que con esta presentación dejó la moneda en el aire rumbo a la titularidad del puesto.

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