Sirat o el sendero al infierno

En su crítica de cine, Ricardo E. Tatto pondera la cinta española "Sirat", de Oliver Laxe, un director conocido en los circuitos especializados, que con este filme está recorriendo el mundo, acicateado por varias nominaciones en la temporada de premios, ya que viene avalado por el Prix del Jurado en Cannes...
Tremenda cinta la que nos entrega Oliver Laxe. El film inicia con unas tomas preciosistas de unas bocinas en el desierto, mientras la música electrónica nos mete en la atmósfera de un rave en medio de la nada, en donde se nos va presentando a una pandilla de freaks que viven para bailar y echar fiesta.
Todo parece muy cool hasta que un padre y su hijo irrumpen en medio de la algarabía porque están buscando a su hija, una joven mujer adulta desaparecida hace seis meses y que gustaba de andar en ese tipo de escena.
Como no la encuentran ahí, se enteran de que hay otra fiesta en el desierto de Marruecos, por lo que se proponen seguir a los ravers en esa travesía. Esto será la excusa para presentarnos una road movie con tintes pesadillescos. Poco a poco vamos a conociendo a los freaks, al tiempo que Laxe humaniza a sus personajes con gran sensibilidad, y poco a poco la caravana va estrechando lazos de amistad, camaradería y sentido comunitario, dado que viajar por el desierto es una experiencia al límite.
Un acierto de la cinta es que hace un comentario social velado, pues en segundo plano somos testigos de un territorio en conflicto, con grupos militares armados, escasez de recursos, pobreza, migración, alienación y todo lo inimaginable. Lo cuidado de la fotografía no nos exime de presenciar los horrores y las consecuencias de la guerra, y aunque al principio parece que todo llegará a buen puerto, paulatinamente se va develando que no hay lugar para la esperanza.
La historia es realista, cruda e incluso visceral, Las actuaciones son magníficas con histriones que están mutilados y también tienen modificaciones corporales. Incluso hay un guiño a la icónica cinta “Freaks” de Todd Browning. La banda sonora es hipnotizante, la composición y las imágenes construidas son las que hacen que no despeguemos los ojos de la pantalla a pesar de lo terrible del drama relatado.
En los complejos de cine y en la publicidad, a la cinta española le agregaron el subtítulo “Trance en el desierto”, supongo que por un tema de marketing, pero esto es impreciso: la palabra Sirat proviene del árabe y significa “camino” o “sendero”. En la tradición islámica, se refiere al puente situado sobre el infierno que todas las almas deben cruzar para llegar al paraíso. Pero la trama parece decirnos que para cruzarlo y llegar al otro lado, nadie puede salir indemne.
No hay paraíso ni trance alguno, salvo el provocado por algunas drogas enteógenas que consumen en la caravana de ravers. Tampoco hay diversión, sino un descenso en picada a los abismos de la humanidad y su herencia bélica. Por ello, si usted es hipersensible, es mejor que no la vea. Pero si usted no mira hacia otro lado ante las desgracias del mundo, entonces es obligado el visionado de esta producción que se llevó el Prix del Jurado en Cannes en 2025.
Se podría argumentar que a pesar de la buena factura, esta cinta no llega a nada y se queda en lo anecdótico. Algo hay de cierto en ello, pero es una anécdota que los espectadores difícilmente podrán olvidar. He ahí su valía. EnLo mejor de Sirat es que al final no hay lecciones morales ni grandes conclusiones filosóficas. El desenlace es anticlimático y los protagonistas, aunque transformados por la experiencia catastrófica que acaban de atravesar, continúan su camino. Todo cambia para seguir igual, como en la vida misma…
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