En una temporada donde el maestro Alfonso Scarano viene priorizando la coherencia temática o estilística —el romanticismo festivo de Chopin, Shostakovich y Tchaikovsky; el arte de la transcripción en Brahms y Berio; la monumentalidad espiritual de Bruckner—, surge una interrogante en torno al Programa 4 de la OSY (13 y 15 de marzo de 2026): ¿cómo se articulan el barroco italiano pasado por el tamiz del neoclasicismo y la introspección minimalista del siglo XX francés?
Esta elección invita a reflexionar sobre el objetivo primordial del director italiano —forjar “el sonido de la orquesta”— y sobre si la yuxtaposición de las dos obras representa una estrategia más profunda para diversificar registros y elevar la calidad sonora, privilegiando un arte auténtico sobre cualquier otro criterio.
La Suite Pulcinella de Igor Stravinski, compuesta entre 1919 y 1920 a partir del ballet homónimo y revisada en 1947-1949, marca el inicio de su período neoclásico. Estrenada en concierto en 1922 en Boston bajo Pierre Monteux, está inspirada en melodías del siglo XVIII atribuidas a Pergolesi, aunque en realidad proceden de varios compositores italianos. Fue un encargo de Diághilev para los Ballets Rusos y representa un puente entre pasado y vanguardia, reinterpretando la tradición mediante un regreso al orden lleno de audacia moderna.
La Voix Humaine de Francis Poulenc, tragédie lyrique en un acto compuesta en 1958 sobre el monólogo de Jean Cocteau, se estrenó el año siguiente en la Opéra-Comique de París con Denise Duval. Este monodrama introspectivo captura la desesperación de una mujer abandonada en una conversación telefónica unilateral y destaca por su minimalismo y rechazo a lo grandioso.
En Pulcinella, Stravinski innova al reinterpretar temas barrocos con giros armónicos, rítmicos y orquestales modernos, creando un pastiche algo irónico con una orquesta de cámara que favorece claridad y colorido neoclásico. Lejos de la energía primitivista de sus ballets rusos, el compositor inaugura aquí una nueva relación con la tradición que él mismo describiría más tarde como “mi descubrimiento del pasado”, una libertad creativa que transforma modelos históricos en algo vivo e influyente.
La Voix Humaine brilla por su originalidad en el formato de monodrama para soprano sola y orquesta, donde la música actúa como réplica emocional al amante ausente, con declamados casi hablados, silencios tensos y motivos que evocan interrupciones telefónicas. Escénicamente, el minimalismo cocteauiano prioriza la interioridad psicológica y fue enriquecido por la colaboración con Denise Duval, quien infundió autenticidad personal sin ampulosidad.
Durante la rueda de prensa, el maestro Scarano subrayó cómo, en La Voix Humaine, la orquesta actúa como interlocutor invisible que responde a la soprano sin eclipsarla; para esta representación permanecerá en penumbra, enfocando la luz en “Elle”, la protagonista sin nombre. La soprano Victoria Songwei Li, en su debut mexicano, en respuesta a una pregunta sobre el peso de la herencia de Denise Duval, primera intérprete de la ópera, y de Anna Magnani e Ingrid Bergman en el cine, insistió en la reinvención permanente del personaje: su universalidad permite introducir elementos personales, haciendo que Elle sea a la vez arquetipo y reflejo íntimo de quien la encarna.
Desde su aspiración a la dirección artística de la OSY el año pasado, Scarano ha insistido en forjar el carácter sonoro de la orquesta. Pero acaso esa búsqueda del “sonido” encierre algo más profundo: la tentativa de darle una voz propia. No es casual que este programa sitúe frente a frente dos obras que, cada una a su manera, evocan la aspiración a recomponer una armonía perdida: en Stravinski, el gesto neoclásico reorganiza el pasado y restablece una suerte de armonía exterior; en Poulenc, el desgarramiento amoroso impulsa a Elle a buscar desesperadamente una armonía interior. Entre ambas vertientes, la orquesta se convierte en puente y resonancia: no sólo instrumento sonoro, sino voz capaz de expresar esa aspiración humana a recomponer lo fragmentado. Quizá por eso la búsqueda del sonido de la orquesta no sea sino otra forma de perseguir su voz —y, con ella, ese ideal de excelencia artística que justifica el arte mismo.
Ficha técnica
Suite Pulcinella (Igor Stravinski)
Composición: 1919–1920 (basada en el ballet homónimo); revisiones 1947–1949.
Estreno: 22 de diciembre de 1922, Boston Symphony Orchestra, dirigida por Pierre Monteux.
Duración: 21–22 minutos.
Orquesta: de cámara (flautas/piccolo; oboes; fagotes; cornos; trompeta; trombón; cuerdas).
La Voix Humaine (Francis Poulenc)
Composición: 1958.
Libreto de Jean Cocteau, a partir de un monólogo teatral de 1930, ligeramente modificado.
Estreno: 6 de febrero de 1959, Opéra-Comique de París, soprano Denise Duval, dirigida por Georges Prêtre, escenografía de Jean Cocteau.
Duración: ~45 minutos.
Orquesta: sinfónica reducida (flautas/piccolo; oboes/corno inglés; clarinetes; fagotes; cornos; trompetas; trombones; tuba; percusión; arpa; cuerdas).

