La exposición Biomorfías en el Museo de la Ciudad de Mérida reúne obras de mediano y gran formato que representan una de las etapas más consistentes y maduras en la trayectoria pictórica de Emilio Salazar Touché, cuya producción presentada corresponde al periodo 2024-2025. En ellas, el artista despliega un imaginario visual que se inscribe dentro de la abstracción orgánica, caracterizada por la fluidez de formas sinuosas, la vibración cromática y la reinvención constante de la naturaleza a través de la materia pictórica.
Lejos de las referencias figurativas o reconocibles, las composiciones de Salazar se construyen a partir de estructuras ondulantes y movimientos internos que parecen emanar de una vida propia. Cada trazo, cada capa de color, actúa como una pulsación vital, un flujo continuo donde el azar y la intención conviven en equilibrio. El resultado es una obra profundamente sensitiva, libre en su composición y abierta a la interpretación, donde la mirada del espectador completa el ciclo orgánico de la pintura.
La pintura de Emilio Salazar Touché es como asomarse al lente de un microscopio para maximizar el poder de la mirada y atisbar la estructura de la vida, esa esencia microorgánica en la que proteínas y organismos pluricelulares se imbrican entre sí. El artista logra este efecto mediante el uso de capas y planos superpuestos, en los que se acumulan veladuras, chorreados y transparencias, pero también a través de la inclusión de objetos cotidianos usados como esténciles, con los que genera texturas artificiales que coexisten con el aparente caos de sus composiciones.
Ese caos, sin embargo, es solo una ilusión: el observador atento descubrirá que existe un gran control técnico detrás de los pringados y las salpicaduras, que un brochazo firme delimita los contornos donde aún laten reminiscencias figurativas, conteniendo con precisión la explosión de color que surge de la propia pintura acrílica además de otros materiales utilizados, como óleos, tintas y aerosoles. En otras piezas, la mirada se desplaza de lo micro a lo macro, y el espectador parece flotar en un universo cósmico lleno de figuras romboidales, a semejanza de constelaciones, galaxias y gases estelares, enmascarados en los achurados y manchas deliberadas que evocan también la abstracción geométrica.

La obra de Salazar no puede insertarse ni en lo orgánico ni en lo geométrico ni en lo lírico, pues más bien privilegia la expresividad del color, la materia y el gesto como vehículos de emoción. Su pintura no busca representar, sino evocar; no describe, sino sugiere. Los trazos superpuestos y los contrastes matéricos generan superficies densas y vibrantes, en las que cada detalle revela un momento del proceso, una respiración o una huella del movimiento corporal del artista frente al lienzo.
El título de la exposición, Biomorfías, resulta especialmente revelador. En este sentido, Salazar no pinta la naturaleza, sino que pinta como la naturaleza, creando estructuras que fluyen, se expanden y se transforman como organismos vivos. Su obra evidentemente establece una intersección entre arte y biología, entre el gesto humano y las fuerzas invisibles que modelan el espacio compositivo. A través de este lenguaje visual, Biomorfías invita a una experiencia contemplativa e inmersiva.
Cada lienzo es una puerta hacia lo indeterminado, una metáfora del ciclo vital donde la forma y el color se funden en un mismo impulso creativo. La exposición propone al espectador un viaje sensorial e interpretativo, que trasciende la lógica de la representación tradicional y se adentra en territorios donde la intuición y la percepción se convierten en las herramientas esenciales para comprender lo que el ojo ve y lo que el cuerpo siente. Esta muestra sin duda es un salto agigantado entre su obra previa, plenamente figurativa y en donde ya comienza a coquetear con la formalidad orgánica, hasta llegar a la abstracción que nos presenta actualmente.
Aunque la serie mantiene una coherencia formal y conceptual, Emilio Salazar Touché se resiste a ser encasillado en un estilo, pues en su búsqueda estética se mantiene fiel a la experimentación y la transformación permanente. Su pintura evoluciona con el tiempo, dialogando con nuevas maneras de pensamiento, con los materiales, con la ciencia y con la propia experiencia vital. En Biomorfías, la vida se manifiesta en el color, el gesto y la energía que habita cada trazo. El espectador no contempla una escena, sino que participa de un organismo pictórico en movimiento, donde arte y naturaleza se entrelazan al unísono.
Emilio Salazar Touché – Semblanza curricular
Pintor mexicano, estudia la carrera de diseño de productos en 1997 y a la par comienza su formación como pintor de manera autodidacta. En 2002 forma parte del colectivo visual Deisy Loria y en 2003 tiene su primera exposición significativa y de manera colectiva en la galería del teatro Peón Contreras en Mérida, Yucatán. Expuso el año siguiente en la embajada de México en Belice. Los años posteriores comenzaría a trabajar pintura figurativa utilizando diversas técnicas como la acuarela, tintas, pasteles y pintura acrílica y al óleo.
Entre 2008 y 2012 toma diversos cursos de pintura y dibujo. En 2014 expone en el Museo de la Ciudad la exposición MIRTIFORME donde exhibe trabajos figurativos y por primera vez pintura abstracta. A partir de ese momento comenzaría a trabajar la abstracción de manera permanente e incesante. Logra al paso del tiempo crear un muy personal lenguaje visual que llevaría a que su obra tenga un sello propio. Ha participado en varias exposiciones colectivas e individuales y en bienales a nivel nacional. Su trabajo ha sido publicado en diversos medios y formó parte de Indicium, grupo de artistas que crearon la galería ElAnticuerpo, un lugar para la promoción de artistas locales y residentes en Yucatán.










