Éxito total en la Gran Gala Vocal de “Carmen” con la OSY

La Gran Gala Vocal de la ópera Carmen tuvo lleno total y un público que vibró con esta obra de George Bizet y las increíbles interpretaciones de la Orquesta Sinfónica de Yucatán, bajo la batuta de José Areán. Según Diego Elizarraraz, fue un digno cierre de la 1ra parte de la temporada Ene-Jun 2025.

La Orquesta Sinfónica de Yucatán cierra la primera temporada de este 2025 con una gala profundamente táctil y sensual. La noche del viernes 21 de marzo, la OSY, de vuelta bajo la guía de la batuta del gran José Areán, avivaron afectos volátiles y extremadamente profundos con una selección de movimientos de Carmen de Georges Bizet, esa paradigmática obra que transformó el lenguaje operístico, y que aún hoy día –como bien lo resalta el crítico musical Máximo Hernández en el programa de mano–, se yergue por encima de otras como la preferente por audiencias y directores por igual.

Tres voces extirpadas de la dotación instrumental original: una vigorosa y meliflua voz soprano en pulmones de Alejandra Gómez (Carmen), otra engolada y penetrante voz tenor del jalisciense Dante Alcalá (Don José); y, la resonante y seductora voz soprano de Marcela Chacón (Micaela). Abría la noche Introducción y aragonesa que funciona como un algoritmo predictivo, estableciendo los parámetros del drama, con brillantes metales y una cuerda grave picada que prefigura la fatalidad de la narrativa romántica, confirmada por demás maderas. La transparencia tímbrica, ligeramente rimbombante, establece los motivos que se desarrollarán durante la obra.

De inmediato y con la aparición de Carmen en el escenario – para la siguiente selección: Habanera–, las capas tímbricas de la orquesta comienzan a urdir una honda teatralidad que, cohesionada por un pulso hipnótico en la cuerda grave, configura un diálogo instrumental lleno de un característico poder seductor. De pronto, Micaela y Don José aparecen en un dueto, Parle-moi de ma mére de casi diez minutos, sobre una ligera sobriedad en las cuerdas que proporcionan un colchón rítmico traslúcido e inocente que contrasta y a la vez complementa las evocadoras imágenes que cada voz colorea.

Regresa Carmen para exhortar a Don José para que la libere en Près des ramparts de Séville, preludiados por una bella y breve intervención de la flauta que anuncia una atmósfera con tintes españoles sin recurrir a excesos folclóricos. Para este que escribe, los pizzicati en la cuerda sonaban como guitarras perfectamente orquestadas. El relevo lo toma un fagot en el Entreacto al Acto 2 transitando sensaciones rústicas que abren las compuertas para recibir a Carmen por tecera vez. Aquí la orquestación evoca un espacio acústico cerrado, casi claustrofóbico, uno donde cada instrumento actúa como refractor deseante. Esta primera parte culminaba con una potentísima muestra del poder dinámico de esta orquesta.

Acabado el intermedio, la orquesta estimuló delicadas columnas armónicas con la bucólica combinación flauta y arpa. De ahí, y como un puente sonoro encabezado por las flautas, Carmen coquetea con Don José tan solo para reclamar la valía de su amor. A manera de intervención, regresamos al acto primero con la Marcha de los contrabandistas surge un tapiz instrumental que evoca el peligroso entorno montañoso con juguetonas figuraciones cromáticas en las maderas y trémolos en las cuerdas.

Micaela, después de una breve desaparición, vuelve con una deslumbrante y amorosamente lastimosa aria, Cést de contrabandiers… je dis que rien ne m’épouvante, donde los cornos crean un halo protector alrededor de su voz, quizás simbolizando su pureza moral. Un respiro antes de la potente intervención de Los Toreadores, que, a falta de demás personajes, se encargaron Don José y los tuttis orquestales. Para finalizar, la tragedia del drama, después de un sólido dueto entre Carmen y Don José, un epitafio sonoro que culmina con el asesinato de Carmen y el arrebato dinámico orquestal correspondiente.

Me intriga cómo algunas escuchas –que enaltecen la gentrificación y disfrutan de falaces ataques ad hominem–, pueden encontrar que el prestigio de esta agrupación está en peligro. Quizás son estas subjetividades las que, al interpretar o hablar de un conjunto como la OSY, enriquecen el devenir de este bello arte y otros más. En fin, asumo y comparto aquello a lo que nos invita el escritor y promotor cultural yucateco Ricardo E. Tatto en momentos donde las publicaciones críticas nos remiten a interpretar las oscuras intenciones del autor: […] póngase a pensar que el periodista […] ha elegido la valentía de hacerse escuchar […] otorgando otro aspecto o punto de vista […] en su eterno afán de acercarse a la verdad, por muy subjetiva que esta sea[1].

Para este que ha tenido el privilegio de escuchar a esta agrupación casi cada fin de semana por poco más de un año, escucho una magna interpretación, de la mano de un magno director. ¡Qué manera de cerrar temporada! ¡Bravísimo! ¡Gracias, OSY!

[1] Ricardo E. Tatto, Bestiario del Bibliófilo (y otras fieras literarias), pág. 58, México, 2023.

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