Alphaville: la distopía fílmica de Godard revisitada

En su ensayo, Noé Vázquez analiza las distopías que Jean-Luc Godard avizora en su icónica cinta futurista, "Alphaville, una aventura de Lemmy Caution" (1965), cuya pertinencia en el mundo tecnocrático actual es más relevante que nunca. Advertencia: este texto NO fue escrito con Inteligencia Artificial...

Alphaville, una extraña aventura de Lemmy Caution es una película de Jean-Luc Godard que apareció en 1965 y, para muchos, representa una muestra de distopía en el cine. La historia se resume así: hay un agente secreto llamado Lemmy Caution (Eddie Constantine) disfrazado de reportero que se hace llamar Ivan Johnson del diario ficticio Figaro-Pravda quien es enviado a la ciudad que da título a la película para seguir el rastro de Henri Dickson (Akim Tamiroff), eliminar a un científico de nombre Von Braun (Howard Vernon), creador de una supercomputadora que rige la ciudad y, por último, destruir Alphaville. En el proceso, conocerá a Natasha Von Braun (Anna Karina), hija del científico al que debe matar.

Como se verá, hay ciertos paralelismos que conectan la película con eventos reales y cierta semejanza con otras obras distópicas. Alphaville es una denuncia a las sociedades tecnocráticas y una llamada a la recuperación de las emociones y la invocación del lenguaje poético. Alphaville es una ciudad, pero también es un cuerpo macrocefálico, descomunal y omnisciente que alberga una sociedad controlada por una inteligencia artificial despiadada que está imbricada en la sociedad que describe el film; es difícil delimitar dónde empieza la ciudad como espacio geográfico o si también, la ciudad es la misma máquina que la controla de forma autocrática en cada paso de sus habitantes, en el vuelo de cada ave, o en cada palabra que se pronuncia. Se existe y consiste fuera o dentro de la misma, como si se tratara de una entidad panteísta: principio ordenador y coordinador del mundo.

Godard afirma que escribió el guión de la cinta luego de leer dos ensayos de Borges: “Formas de una leyenda” y “Nueva refutación del tiempo”, que aparecen en el libro Otras inquisiciones (1952). “Formas de una leyenda” refiere las múltiples variantes de la historia de Buda: agitar el sentido de una historia es multiplicar los hechos, bifurcar sus significados. “Nueva refutación del tiempo” habla de temas como la recursividad de la historia y su carácter cíclico, aporta también una visión de la eternidad y del tiempo.

Se supone que Alphaville, como muchas historias distópicas, se encuentra ubicada en un futuro aborrecible y no deseable. Mientras que la utopía refiere el ideal de una entelequia, como una posibilidad feliz de alcanzar un desarrollo pleno; la distopía es el acto fallido de la historia, es la “pesadilla con aire acondicionado” de la que hablaba Henry Miller en alguno de sus libros. Estas pesadillas abundan en demasía como brotes vestigiales en nuestras sociedades.

Solo por citar ejemplos, en Farenheit 451 (1953) de Ray Bradbury se habla de bomberos quemando libros como una costumbre generalizada cuando hemos vivido la quema de libros en algunas sociedades totalitarias como la de los nazis o las retrógradas sociedades de padres de familia estadounidenses que purgan ciertos libros por considerarlos incómodos a su visión conservadora y supremacista del mundo. Cada época que vivimos trae el germen de un futuro aborrecible, no deseado. La distopía puede llegar a exagerar y parodiar aspectos actuales de la sociedad. Otro ejemplo, las prácticas eugenésicas, que alguna vez preocuparon a la opinión pública, pueden ser parte de una pesadilla futurista como la mostrada en Un mundo feliz (1932) de Aldous Huxley.

Como toda distopía, Alphaville es pesimista y se centra en los peligros de permitir que una supercomputadora se funda (o confunda) con la ciudad y los individuos al grado que se disperse la distinción entre humano y máquina. De ahí su importancia cultural al poner sobre la mesa la pregunta incómoda acerca de los peligros de la inteligencia artificial. Por lo general, las distopías son grises, aburridas, monótonas, opresivas; con ese tono melancólico de algunas ciudades de Europa del Este: con ferrocarriles oxidados, estatuas olvidadas, fábricas abandonadas y cementerios de maquinaria pesada; con ese tono claustrofóbico y melancólico como en la novela Solenoide (2015) de Mircea Cărtărescu. Algo de esa atmósfera sombría se respira en la cinta de Godard.

La ciudad mostrada en  Alphaville combina aspectos visuales del cine negro, trama detectivesca y fantasías de ciencia ficción. Una ciudad, en principio destinada a la realización del individuo, se transforma a partir del control estatal en una ciudad guardiana del mismo, una ciudad-monstruo que vigila y castiga de forma impersonal y sin piedad las veinticuatro horas del día. La sociedad contemporánea sabe que, quien controla la narrativa de la realidad, tiene el control de la misma y todo tiene que ver son el uso del lenguaje: si algo no es nombrado, no existe; si no hay palabra para referirse a un fenómeno, éste escapa del escrutinio, de la opinión. Lenguaje es mundo y delimitación de la realidad. Gobiernos y medios masivos difunden una imagen que muchas veces tiende a confirmar nuestros sesgos y prejuicios. Se falsea la información para generar reacciones o se fomenta la controversia para generar tráfico en redes. Todo es cuestión de quién impone la narrativa cultural.

Otra distopía que habla sobre entornos cibertotalitarios, la de Ernest Cline en su novela Ready Player One (2011) en donde asistimos una sociedad que se debate entre la virtualidad y a realidad. El personaje de la novela vive sumergido en la placentera dictadura de un entorno virtual en donde accede a juegos por simple placer, reto, ludopatía, adquisición de conocimientos. OASIS es el nombre de este paraíso artificial hechos de bloques de ceros y unos en donde es posible participar en juegos, tener tu propia avatar, acumular puntuación que te permita la escalada social. OASIS es una fantasía que nos lleva a cuestionarnos la correcta definición de aquello que es real.

Como en todo entorno distópico, siempre hay una lucha de poder en la cual un grupo de agentes poderosos quieren perpetuar su propio discurso pragmático y corporativista, y arrebatar el control político de la sociedad. En Ready Player One hay una gigantesca corporación llamada IOI que quiere dirigir OASIS para que este mundo virtual deje de ser neutral, tal y como se supone, tiene que ser nuestro Internet actual. Lo cual no es nada raro siendo que ya sabemos, cualquier corporación busca comercializar, extraer, explotar, mercantilizar; en resumen, conseguir ganancias de forma de agresiva e indiscriminada bajo los medios que sean.

Aquí notamos algunas correspondencias con nuestro entorno: todo el tiempo vemos esas luchas de poder actuales en torno Internet (nuestro OASIS) en donde un grupo de gigantescas corporaciones como Meta, Open AI, X, Alphabet o Amazon buscan apropiarse del control del ciberespacio. En la novela (que Steven Spielberg habría de llevar al cine) se nos aclara que la simulación es ontológica y antropocéntrica; se orienta la percepción de nuestra realidad, es decir, se busca imitar la misma realidad y sustituirla por una representación de la misma a la medida del ser humano que interactúa con ella. Alphaville tiene la misma premisa: un perverso tutelaje de parte de la computadora central que semeja a un en donde todos pierden por el hecho de estar vivos. Así, sus habitantes solo existen como mejores objetos instrumentales.

Es curioso que la empresa matriz de Google se llame Alphabet porque en Alphaville, la computadora central se llama Alpha 60 y se habla de una “galaxia”, lo que quiera que eso signifique. Esta entidad impersonal y totalitaria se confunde con la ciudad y los habitantes creando alrededor de la gente que la habita una especie de “hiperobjeto”, tomando el neologismo de Timothy Dalton, quien señala que ese objeto es “algo que nos rodea, nos envuelve y nos enreda pero que es literalmente demasiado grande para que podamos verlo en su totalidad”. (citado del ensayo La nueva edad oscura de James Bridle publicado en 2020).

Alpha 60 es una especie de entidad virtual o matricial que engendra constantemente la imagen de la realidad a partir de ciertos mecanismos como la restricción del pensamiento a partir de la contracción del lenguaje. Hablando de Google y Alphabet, también hay que notar que la inteligencia artificial que derrotó al campeón Lee Sedol lleva como nombre AlphaGo y AlphaZero, engendros computacionales capaces de provocar escalofríos a cualquiera, dado su poder de procesamiento.

Tal y como en un mundo orwelliano, la realidad creada por Alpha 60 impone una suerte de newspeak o neolengua que sanea, censura o elimina el vocabulario de nombre cualquier expresión que denote el pensamiento complejo o las abstracciones. Así como Orwell sabía en su novela 1984 (1949) que el lenguaje puede engendrar realidades y aportar herramientas para nombrarla e incidir sobre ella, la computadora intuye que un lenguaje limitado puede demarcar el pensamiento y los actos. Si controlas el lenguaje, también puedes controlar la expresión de los sentimientos. El newspeak de la trama usa una lengua que elimina conceptos profundos, expresiones humanas, y en su lugar provee de esquemas limitantes que solo favorecen el funcionamiento de la máquina. A la computadora no le gusta la expresión de sentimientos o emociones en su jardín de pureza conceptual. Quienes violan sus mandamientos son ejecutados públicamente. Para Alpha 60 nada es personal y el fin justifica los medios: crear una raza superior en una sociedad perfecta y el mantenimiento del status quo.

En Alphaville, el amor es transgresor, subversivo y contracultural. Desprovisto de componente erótico, imaginativo y sentimental, los vínculos entre pareja se ven reducidos a su carácter sexual como una actividad automática e impersonal, tal y como se retrata en Un mundo feliz de Huxley. Ambas distopías despojan la sexualidad de sus condicionantes morales y de sus componentes emocionales. Lo vemos en Alphaville: cuando Lemmy Caution se presenta en el hotel, de inmediato se le asigna una dama de compañía, que es rechazada de una forma no muy sutil, que digamos. Huxley y Godard crearon mundos eficientes, organizados, asépticos, despiadados y anestesiados en sus rutinas circulares y monótonas. Natasha y Lemmy buscan escapar de esa fría monotonía a partir de la misma libertad de la palabra. La poesía también sabe remitirnos a la libertad del espíritu.

Algo que tienen en común las distopías es que siempre hay empresas y gobiernos que buscan el control de la realidad, o al menos, de la narrativa que nombra esa realidad. Para controlar el relato se usan mecanismos que hoy llamaríamos de posverdad, una serie de supuestos que privilegian un relato a modo de los poderosos en detrimento de los hechos verificables y objetivos. La posverdad le da más importancia a la impresión de los hechos que a los hechos en sí, de ahí el peligro de su uso en mecanismos de manipulación.

Hay una escena de la película en donde Lemmy Caution y Natasha Von Braun intercambian conceptos o palabras, una de ellas es la palabra “conciencia”. Natasha no conoce el término, afirma que tal vez se encuentra en “La Biblia”. Lo que conoce en Alphaville como “Biblia” es un diccionario que gradualmente se va adelgazando, va perdiendo cuerpo lingüístico a medida que elimina palabras que se considera impropias, inútiles, subversivas; palabras que denoten impureza o incorrección emocional. Alphaville tiene su propia versión del newspeak orwelliano. La mayoría de las distopías crean una dicotomía entre el hombre y la máquina, una suerte de incomunicación forzada, como si sus conceptos fueran disímbolos y mutuamente excluyentes en sus premisas e intenciones. La enemistad entre ser humano y máquina inicia con la lengua.

Otros paralelismos con Un mundo feliz de Aldous Huxley: la idea de que se puede crear una especie de superhombre a partir de la hibridación y la selección de los mejores especímenes. En ambas obras existe un movimiento supremacista y eugenésico. Otra similitud: la idea de que es posible separar los espacios entre una zona central civilizada y civilizatoria, una ciudad-estado hegemónica, controladora y racialmente superior, y una periferia segregada y marginal, una zona salvaje y barbárica. En Alphaville se habla de los Países Exteriores o Las Tierras Lejanas. En la novela de Huxley, la metrópoli es Londres, mientras que Malpaís es la región circundante y precarizada. Se presume que Lemmy Caution, quien es corresponsal del Figaro-Pravda, vive en un ambiente de individualismo y libertad, distinto del lugar que visita como reportero, la ciudad de Alphaville. Lo que le sorprende al corresponsal es la tristeza y la sobriedad de los habitantes de la ciudad. Me sorprende el hecho que las siglas de Lemmy Caution sean las mismas de Lenina Crowne, personaje de la citada novela de Huxley.   

Las distopías, siendo tan pesimistas, desconfían del desarrollo de la tecnología y nos advierten de los peligros de cualquier tipo de desarrollo o progreso. El auge de la inteligencia artificial que ha tenido un despunte en los últimos cinco años luego de la creación de Open AI y de los modelos de lenguaje como ChatGPT y Grok tuvo un proceso que inició luego de la Segunda Guerra Mundial con Jon Von Neumann, entre otros científicos y pioneros de la computación, quien también fue consultor de Robert Oppenheimer en el Proyecto Manhattan que se desarrolló en Los Alamos, Nuevo México. De forma paralela y coincidente, en Alphaville se dice que el doctor Von Braun, creador de Alpha 60 provenía de Los Alamos. Con el proyecto Manhattan, los científicos atómicos necesitarían realizar cálculos complejos y prescindir del cálculo humano, de ahí la importancia de desarrollos computacionales como ENIAC o MANIAC.

Guerra nuclear, amenaza de bombas, científicos trabajando en inteligencia artificial y desarrollo computacional viene a derivar en la paranoia sobre peligros tecnológicos, de ahí que se vuelvan comprensibles las preocupaciones de la película de Godard. El postulado de Alphaville es que es posible ser “uno solo” con la maquina y la visión pesimista de Godard hace que nos decantemos por una humanidad que escapa a ese control y fusión con la computadora. Al final, vemos a Natasha Von Braun y Lemmy Caution escapar de la ciudad. Han vencido a la ciudad-máquina porque han recuperado la libertad de sus emociones y su lenguaje. No todos están de acuerdo con esa visión distópica.

Existen ideas transhumanistas que afirman que le cuerpo y la conciencia humana individual podrán expandirse y mejorarse por medio de mecanismos de inteligencia artificial y de una interfaz humano-máquina, tal y como lo profetiza Ray Kurzweil en su libro La singularidad está cerca (2005) para quien, el ser humano podrá mejorar sus capacidades cognitivas a partir de implantes cibernéticos (muchas empresas como NeuraLink ya trabajan en ello). Para Kurzweil, llegará un momento en que la inteligencia artificial será indistinguible de la inteligencia natural: fusión completa de humanidad y tecnología. La interacción con la máquina traería nuevos retos y nuevas demarcaciones acerca del control sobre el individuo y una redefinición o resignificación sobre lo que conocemos como persona. En Alphaville, la humanidad se niega a ser parte de ese control.

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