¿Qué tipo de literatura ha surgido en esta era de hipertextualidad con las redes sociales y la atención difusa?
Mientras recorro una librería, trato de identificar las novelas que ya he leído. Son apenas una pequeña parte de cada estante. Cada día se publican nuevos autores y, al mismo tiempo, algunas editoriales rescatan obras del pasado. Me doy cuenta de que mi tiempo es finito y que, inevitablemente, hay muchos autores que nunca leeré. Los libros se van acumulando en el estudio, la sala, la recámara y hasta en el baño. Confieso que leo varios libros a la vez. Me gusta leer un poco de todo: poesía, ensayo y, sobre todo, novelas. En la última década he observado que muchas obras desafían las convenciones de lo que entendíamos por novela.
Las estructuras lineales —aquellas historias que nos llevaban de la mano con el paso del tiempo— casi han desaparecido (aunque quedan algunas) Ahora, muchos autores prefieren experimentar con estructuras fragmentadas, en las que mezclan diferentes elementos como noticias, cartas, archivos, listas, etc. Un ejemplo es el libro de Valeria Luiselli, Desierto Sonoro, que aborda el tema de los migrantes. Por otra parte, su ex esposo, Álvaro Enrigue se enfoca en los apaches en Ahora me rindo y eso es todo. Ambos cuentan su experiencia de un viaje familiar en auto. El mismo viaje, diferentes novelas, diferentes temas.
Actualmente, la escritura del yo y la autoficción ocupan un lugar importante. Muchos autores exploran temas como la identidad, lo íntimo, lo político y lo corporal. Leí a Annie Ernaux (Premio Nobel 2022) y me impactó su capacidad para expresar sin adornos una emoción y un deseo, en un tono de confesión brutal como en Pura pasión, o bien, la manera en que un episodio de su infancia, aparentemente trivial, pudo marcarla para siempre, como lo expresa en La vergüenza.
También he leído a Emmanuel Carrère y lo descubro como un narrador implicado en la investigación de un crimen real, como en El adversario, o bien, como en Una novela rusa donde fusiona la crónica y el ensayo mientras sigue la pista de sus propias obsesiones personales y familiares. Estamos viviendo una etapa en la que comenzamos a visibilizar autores de todo el mundo, por lo que ya no hay un “centro” como lo fue en su momento París, o Nueva York. Se publican más traducciones; ahora leemos autores africanos, asiáticos, de Medio Oriente, entre otros. Recuerdo a la autora Han Kang (Premio Nobel 2024) y su icónica novela La vegetariana que me dejó reflexionando por varias semanas sobre libertad personal y la carga cultural.

En cuanto a las tendencias, identifico un realismo sucio o visceral, enfocado en la violencia, la pobreza y la desigualdad. Como en Temporada de Huracanes de Fernanda Melchor, en donde se nos muestra la crudeza y la superstición de un pueblo olvidado y nos mete de lleno a la mente de personajes rotos, mentalmente dañados.
El cambio climático y la ecología han ganado espacio en la narrativa reciente que defiende el medio ambiente y a los animales como la obra de Olga Tokarczuk (Premio Nobel 2018). En Sobre los huesos de los muertos, Tokarczuk mezcla el misterio de varios crímenes con temas de astrología y crítica a la masculinidad. Me hizo pensar en mi abuela, que solía hacer cartas astrales. Fue una lectura sobre cazadores muy conmovedora e incómoda.
El terror gótico también ha resurgido con fuerza. Hace algunos años surgió su máxima representante sudamericana, la argentina Mariana Enríquez, cuya novela, Nuestra parte de noche, me exigió pausas por su intensidad. Debo ir despacio con el tema de una secta esotérica, el poder y un padre médium y su hijo. Mariana dibuja una atmósfera de violencia con un lenguaje crudo y directo, pero a la vez hermoso. He notado, con alegría, que ahora las autoras tienen mayor visibilidad. Cada vez somos más. Mujeres escritoras como Liliana Blum, siempre presente en la FIL Guadalajara. He leído sus cuentos y la novela El monstruo pentápodo, en donde ella se enfoca en lo grotesco y en temas como la violencia doméstica, la culpa, el cuerpo. Son temas que incomodan, pero muy necesarios ya que reflejan el dolor de muchas mujeres.
Finalmente, hay mucho más que decir y muchos más autores que he leído y que puedo incluir en la lista de lecturas contemporáneas como Cercas, Fosse, Rivera Garza, Aira, Zambra, Cărtărescu, Barnes, etc. Da gusto constatar que la literatura actual ya no se agrupa en escuelas o corrientes. Es un coro de voces sensibles a todo tipo de temas donde el yo, se alza con fuerza para decir lo que le importa al autor, aunque le duela, aunque deje al desnudo su vulnerabilidad, aunque rompa con todas las formas. Hoy, leer es descubrir nuestra voz en medio del ruido… y la furia.

