Scarano se despide de la OSY con lleno total

Con la segunda presentación de Alfonso Scarano como director huésped, el viernes 26 de septiembre tuvo lugar en el Palacio de la Música, el cuarto concierto de la temporada 2025 de la Orquesta Sinfónica de Yucatán, con un lleno total en las butacas, según narra Felipe Ahumada Vasconcelos...

Con la segunda presentación de Alfonso Scarano como director huésped, el viernes 26 de septiembre tuvo lugar en la sala de conciertos del Palacio de la Música, el cuarto concierto de la temporada septiembre – diciembre 2025 de la Orquesta Sinfónica de Yucatán, con un lleno total en las butacas. El programa estuvo conformado por la “Obertura Nabucco” de Giuseppe Verdi, la “Obertura Egmont” de Ludwig van Beethoven, la “Danza Eslava No. 2 Op. 72” de Antonín Dvorak, el “Danzón No. 2” de Arturo Márquez y “El Lago de los Cisnes de Piotr Ilich Tchaikovsky.”

Con un armónico ensamblaje cuatro de las piezas ofrecidas incluyeron autores de distintas etapas del período romántico de la música en el “Viejo Continente”, a las que se sumó el Danzón No. 2 como representativa de la música mexicana contemporánea. En cuanto a géneros musicales hubo ópera, danza, danzón y ballet, poniéndose de manifiesto la versatilidad de Scarano y ofreciendo de este modo a los miembros de la orquesta los mejores criterios para la difícil selección del director artístico titular.

Antes de la tercera llamada, el escenario ya era una fiesta poblada de inconexas melodías, distintos tonos y colores, metales, maderas, cuerdas y percusiones. Un atractivo caos como preámbulo de lo que sería un fantástico concierto. Luego, el ingreso del concertino, la afinación del conjunto, la breve pausa ya en silencio y, entre aplausos, la entrada del director batuta en mano, orden en su pensamiento y y sobriedad en la emoción.

La Obertura Nabucco comenzó con la mesurada intervención de los metales, mientras ya en alerta el resto de los músicos preparaban sus instrumentos: arcos arriba, firme agarre en las baquetas, milimétrica aproximación a las boquillas, pendientes miradas alternando la atención entre las manos del director y las partituras, la orquesta en pleno acudió al llamado y surgió Verdi en todo su esplendor, en voz alta clamando justicia, demandando libertad y convocando al heroísmo.

Entre momentos de aceleración y calma, entre exaltados pasajes épicos, la batuta de Scarano anticipó con la exactitud de un virtuoso silencio la sublime melodía del coro de los esclavos, y acompañados por el canto de las cuerdas, desde nuestro corazón conmovido “volaba el pensamiento en alas doradas.” Sorprende como en medio de estos marcados contrastes, cuando la emoción provocada por la música parecía rebasar sus límites, el director permanecía impávido, preciso, mesurado incluso al final de la obertura cuando llegando al clímax se produjo un estruendoso aplauso.

La obertura Egmont de Beethoven transcurrió en la misma tesitura, confirmando el afortunado encuentro entre los músicos de la OSY y un conductor que ha sabido reconocer su calidad y explotar sus capacidades haciendo sonar al conjunto como un único instrumento. la “Danza Eslava No. 2 Op. 72” de Dvorak significó un respiro, un género de romanticismo nostálgico en donde la añoranza trajo calma al corazón luego de las batallas libradas en las dos oberturas anteriores. De ahí al “Danzón No. 2 de Arturo” Márquez.

Haciendo una ruptura en el tiempo y el espacio, en el lenguaje musical y en la propuesta estética respecto del resto de las obras del programa, Alfonso Scarano propuso con gran tino este danzón sinfónico acertando en las preferencias del público que ha hecho suya la obra por su carácter musical tan arraigado en el sentir popular.

Como una pequeña llama que se enciende a partir del golpeteo de las claves y la embriagante melodía de un solo clarinete, la música se va difundiendo por toda la orquesta hasta convertirse en un incontenible incendio de sensualidad y de nostalgia que azuzado por las melodías del piano inicia la aceleración del ritmo que de pronto hace una pausa que retorna todo a la calma entre el solo del violín y las discretas percusiones que luego de una breve tregua dan paso a un crescendo que desemboca en un apoteósico final.

La interpretación del Lago de los Cisnes sin la participación de una compañía de ballet resultó una gran experiencia que puso de relieve las virtudes musicales de la obra que fue el momento culminante de la noche. Si bien en la escena no hubo la danza, imposible no imaginar las propias coreografías porque la música de ballet no puede prescindir del baile como nosotros mismos sensibilizado por la música no podemos prescindir de la imaginación y construir nuestros personajes al tiempo que la música se eleva hacia nuestros propios infinitos.

Tan inédita la noche de concierto como inédita fue la ovación de pie y celebrando con gritos a un director que dejó huella, uno que con toda generosidad destacó la participación de los “solos” en cada sección haciendo el recorrido por toda la orquesta comenzando por las violas desde su nueva posición a la derecha del director, decisión afortunada en favor del equilibrio sonoro de toda la agrupación.

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