Scarano y la OSY dan cátedra de transcripción musical

En su crónica, Felipe Ahumada Vasconcelos pondera el segundo concierto de la temporada 2026 de la Orquesta Sinfónica de Yucatán, el cual tuvo la conducción del director Alfonso Scarano y la presentación de los solistas Cesar Reyes, clarinetista y Carlos Adriel Salmerón, pianista. ¡No dejes de leerla...!

Texto y fotos: Felipe Ahumada Vasconcelos

El viernes 30 de enero de 2026 por la noche, tuvo lugar el concierto número 2 de la temporada Ene-Jun de la Orquesta Sinfónica de Yucatán bajo la conducción de Alfonso Scarano como director artístico titular y la presentación de los solistas Cesar Reyes, clarinetista y Carlos Adriel Salmerón pianista. El programa integrado por la Sonata para clarinete y piano No. 1 en fa menor, op. 120 de Johannes Brahms (1833 – 1897) en su versión original y la misma sonata en la versión para clarinete y orquesta de Luciano Berio (1925 – 2003); el poema sinfónico El Moldava de Bedrich Smetana y la Obertura Otelo de Antonín Dvorak.

El título de “El arte de la Transcripción”, que por cierto no aparece en el programa de mano que fue definido por el director, desde luego hace referencia a ese arte de rescribir una obra originalmente compuesta para determinado o determinados instrumentos y verter su contenido adecuándolo para otros distintos.

La transcripción para piano de las sinfonías de Beethoven hecha por Franz Liszt son un ejemplo memorable de este ejercicio musical, como lo son también la transcripción al piano del concierto para violín de Beethoven realizada por el mismo compositor, la transcripción para flauta del concierto para violín Aram Jachaturián y quizá la más conocida de las transcripciones, la realizada por Maurice Ravel de “Los Cuadros de Una Exposición” de Modest Mussorgsky, programada para esta misma temporada de la OSY.

Nota aparte y solo por curiosidad puede mencionarse que de esta obra escrita originalmente para piano se han hecho distintas orquestaciones, además de la de Ravel, las han hecho Leopold Stokowsky, Sergey Gorstchakovy Leo Funtek además de la versión para banda de rock por Emerson, Lake & Palmer.

De este modo, con la inclusión de las dos versiones de la misma sonata de Brahms en el programa del concierto Scarano sorprendió al público ofreciendo una experiencia musical inusual, extraordinaria no solo porque no es de esperarse que un dúo ocupe la escena en un concierto sinfónico interpretando la obra entre sillas desocupadas e instrumentos en reposo, mientras el director ocupa una butaca junto el público asistente. Inusual también por la intención didáctica al escuchar las diferentes propuestas de una misma obra y poder apreciar los diversos matices que ofrece la misma partitura, idéntica para el clarinete y compartida por toda la orquesta en lo que corresponde al piano.

La versión original para dúo interpretada por César Reyes y Carlos Adriel Salmerón fue impecable, alternando pasajes en donde cada voz tiene una melodía distinta y complementaria, con otros en los cuales transitaban por los mismos compases sirviendo a veces el uno al otro de apoyo y acompañamiento, mientras el lirismo de las melodías y la dificultad de la técnica se conjugaron para lograr un sonido exquisito.

Este mismo sonido luego fue amplificado y matizado por la versión orquestal, sin proponer desde luego artificiales comparaciones sino engarzando la misma joya en distintas monturas para deleite de un público atento frente a una partitura distinta que no fue difícil asimilar a pesar de que no es esta sonata lo que pudiera llamarse una obra sencilla que, bajo el virtuosismo del dúo y la maestría del conductor al comando de la OSY que cada día se oye mejor, dejó una huella.

Gran esfuerzo y muy bien logrado de César Reyes en su doble ejecución.

A esta sonata de Brahms siguió en el programa El Moldava una pieza musical ampliamente conocida y siempre bienvenida por su lirismo y su belleza, con ese leitmotiv que representa al río que alcanza su esplendor mientras recorre desde el manantial hasta su entrada a Praga describiendo en su paso diversas escenas que por su variedad plantean un reto tanto para la conducción como para la interpretación de cada uno de los músicos de la orquesta, de la más sutil suavidad hasta la atronadora fuerza.

Culminó el programa con la Obertura Otelo, del amor a los celos, de los celos a la muerte, el crimen, el suicidio, la tragedia.

Difícil imaginar el esfuerzo interpretativo que sobre la base de una técnica bien ensayada y lograda trasciende hasta expresar el espíritu de la obra, buscando la fidelidad no solo a la partitura, sino también a la emoción vertida en este otro genero de transcripción que va de la literatura a la música, otro arte de la transcripción desde la palabra a las notas, del papel al pentagrama, de la pluma a la batuta, dejando intactos el espíritu, el sentir, la emoción como quedaron intactos en la ejecución de esa noche en que los aplausos al final sirvieron de homenaje y de catarsis.

El compositor, el director con la orquesta, el público, esa tríada en una noche perfecta, la batuta va donde su mirada y nuestra mirada va donde su batuta, sin prisa, sin letargo, la precisión al servicio de la belleza para el disfrute del público emocionado y conmovido.

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