Los juegos de la felicidad (V)

El viento no espera…es hermoso, transparente como el agua, rápido como el rayo y tan fuerte que podría destruir todas las ciudades del mundo si quisiera. Jean-Marie Gustave LeClézio

El viento y su impredecible comportamiento. Algunas sus veces sus rachas traen consigo la ventura de días mejores, mientras que en otras su fuerza es capaz de acabar con todo lo que encuentre a su paso. El viento significa movimiento, cambio, transformación. Su presencia es un perenne recordatorio de que todos estamos siempre moviéndonos al compás de la vida misma. En Brasil el viento ha estado presente con potencia en los últimos días. Lo ha hecho tanto en su forma física como en su forma simbólica. Ha soplado con fuerza arrojando con cada soplido nuevas y buenas nuevas, y otras que parecen empujar a un país entero a tiempos más complicados que los que vive actualmente. El viento ha decidido competencias, ha generado emociones y ha alimentado y acabado con la esperanza de una delegación entera que espera con ansia la llegada de una medalla, de un blasón que inyecte nuevos bríos a los atletas que aún están a la espera de su cita con la historia olímpica.
En el Sámbodromo el viento por primera vez podía escucharse. El emblemático sitio en el que año con año miles de brasileños generan algarabía al son de la samba, guardaba un silencio casi sepulcral mientras dos arqueras se alistaban para disparar sus flechas en la búsqueda de la gloria. Una de ellas mexicana: Alejandra Valencia. El rostro de Valencia luce tranquilo, demasiado sereno para ser el de una competidora que lleva en los hombros el peso de la delegación mexicana que en todos los días de competencia nunca ha estado más cerca de una medalla, como lo está en esa partida que decide la presea de bronce en el torneo individual femenino de tiro con arco.ale valenciaAlejandra toma posición y dispara con demasiada ecuanimidad quizá sin tener en ese momento la conciencia de que todo un país la mira mientras vacía todas sus esperanzas olímpicas en ella. Nunca un bronce ha parecido tan importante, tan necesario para la representación mexicana, es la medalla que puede iniciar el cambio y levantar las velas de la embarcación azteca que está al borde del naufragio en las cálidas aguas de Copacabana. Pero el viento es voluble y aunque permite que las flechas se abran paso entre sus oleadas invisibles, nunca deja de ser un factor importante en el desesperado andar de las saetas hacía los blancos que las esperan para ser heridos por ellas a varios metros de distancia. Y los vientos de la tarde en el Sambódromo carioca parecen empeñarse en que los disparos mexicanos caigan unos centímetros lejos de los señalamientos que llevan impresas las más altas puntuaciones.

Alejandra Valencia ha dado una muestra de gran valor, de gran destreza, de gran serenidad en una competencia emocionante…pero no ha podido vencer a los deseos del aire y pierde en la lucha por el bronce. Ha reflejado a lo mejor del espíritu olímpico pero el podio parece moverse lejos de ella y  de todos los atletas mexicanos. Vientos mejores se esperan con la llegada del Tae Kwon Do y del Atletismo, vientos que arrojen una presea que se aleja impulsada por causas que en muchas ocasiones están más cercanas a malos dirigentes y a sus pésimas decisiones que a la dignidad y al coraje que han mostrado en Río la mayoría de los competidores nacionales.

A presidente Dilma Rousseff durante entrevista coletiva sobre a Copa do Mundo, em Brasília, na segunda-feira. 14/07/2014 REUTERS/Ueslei Marcelino
Dilma Rousseff. Foto: Reuters/Marcelino

Lejos del Sámbrodomo, en la Brasilia de Niemeyer, los vientos políticos se cruzan con los del Brasil Olímpico. El senado brasileño ha dado un paso más en la destitución definitiva de la suspendida presidenta Dilma Rousseff al aprobar el someterla a un juicio político. El golpe a la democracia brasileña está por consumarse. Hasta ahora los brasileños parecen estar disfrutando de sus juegos. La prensa internacional no ha reportado mayores protestas como sí lo hizo durante el Mundial de Fútbol celebrado hace apenas dos años.

La tregua olímpica que traen consigo los Juegos de la Felicidad le está dando un respiro a un país que aparentemente disfruta de su olimpiada. Pero a toda tormenta le antecede una engañosa calma. Los tranquilos vientos olímpicos pueden ser el preámbulo de un huracán cuya potencia asiente el golpe final a dos gobiernos de izquierda que en su momento vieron a las competencias olímpicas como el encumbramiento de un proyecto para un Brasil moderno, próspero y  más justo. Hoy lo vientos soplan en dirección contraria y pueden contagiar una Sudamérica que parecía sería impulsada hacía rumbos diferentes. Ya veremos en los próximos días que tan caprichoso resulta al viento al despertar al gigante amazónico de su ensueño olímpico.

Ya veremos…

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