“Peregrina”, novela de Rigel Solís (Fragmento)

Por fin decidí quitar una selfie de mi vida. Me pregunto cómo me ven los demás y comprendo a van Gogh. Creo que es hora para dejar de buscar lo buscado, de paso matar a los ídolos, romper paradigmas, cagarse en los íconos, renovar ideales, sopesar realidades, conservar fantasías, adoptar sencillez, contemplar la belleza. Confieso, y no es pecado, que me da mucha lata la geometría analítica y nunca pude con el cálculo. En un bar alguien me dijo que corazón viene de con-razón; no sé si es cierto pero suena bonito. Todos somos faroles. Una corrección: los errores no cuestan ni son rentables; es más, no son errores (porque en el fondo así quisiste que fuera). Un tanto de azar y otro de voluntad, de eso se trata la vida.

Encontré una rubia sentada en el pequeño muelle, observando la unión del mar con el cielo. Calculé la distancia para sentarme de tal suerte de salir en la misma situación pero yo en primer plano y en segundo ella como punto de fuga. Miré también la unión del mar con el cielo que por la redondez del planeta saldría en la foto. Acomodé la bufanda y encendí mi arrebol para que atrajera los azules eternos. Extendí el brazo derecho como bandera y el celular en la mano. No sonreí para que no se sepa cómo estoy, aunque sí dónde. No sonreí con tal de parecer pensativa, interesante, incluso nostálgica. Y la quité. Mi primera selfie, como me veo: calculada, geométrica, armada, racional, reflexiva, perfecta y, en suma, pretenciosa.

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Vine para querer volver y ahora me vengo de pura imaginación. Quería perderme en esta ciudad, asimilarme a este país. En cambio, encontré mi individualidad y asimilé la libertad.

Dicen que cuando amas una ciudad a la cual no puedes regresar, lo que más extrañas es el gusto de su comida, así como cuando amas a una persona a la cual no puedes volver, lo que más añoras es el sabor de su sexo. Pero siempre se puede regresar a una ciudad y allá estará ése sabor.

Guardo en mi memoria una imagen hermosa pero terrible. Íbamos en el carro de regreso a Mérida, la vez que fuimos a pasear a Valladolid. Yo manejaba y tú a mi lado. Dijiste qué bonitos se ven esos árboles. Yo pensaba lo mismo y pasamos a cien kilómetros por hora debajo de sus ramas. Contesté que sí y seguimos un rato en absoluto silencio. Esa noche, luego de dejarte en tu casa, y ya en la mía, cansada como estaba pero contenta, traje a mi mente la imagen y me pareció terrible por difícil de soportar. Allá estaban ésos árboles, uno a cada lado de la carretera, queriendo abrazarse y sin poder hacerlo, estirando sus brazos por encima del inconstante pero eterno pasar de los vehículos. Ahí se quedó aquel par de seres con la voluntad mutua de juntarse y fundir sus cuerpos en un abrazo nada más y sin poder hacerlo. Y siguen ahí con la esperanza, quizás, de que por fin un rayo los parta o, tal vez, un huracán los derribe y arranque de la tierra para siempre o, cuando menos, a un desesperado campesino le urja la leña. Imagina lo terrible de tenerse en frente y contemplarse uno al otro, compartiendo el paso de los días con sus amaneceres y sus ocasos y muriéndose de las malditas ganas. Qué bonita imagen pero qué terrible. Qué pobres las personas que quieren amarse y no lo hacen por cualquier cosa que se los impide.

A veces, escapar de la conciencia no es tan difícil como huir del horizonte; en ocasiones, una burbuja pequeño burguesa es más asfixiante que una soga de prejuicios morales alrededor del cuello. No hay que pasar por el mar si se pone tormentoso. Soñé con un barco en el mar y la lealtad en la tierra, abrí los ojos y miré el cielo, escuché el crash del tiempo roto y me dieron ganas de reír y caminar. Salí de mí para deconstruirme y poder construirme nuevamente. La ruta es la derrota de un viaje, el camino que se toma para un propósito. La Geometría da orden y el Color la Libertad. No tengo certeza de nada, soy una niña.

Peregrina. Un viaje al alma y otros lugares comunes, Rígel Solís Rodríguez

(Catarsis Literaria El Drenaje, Mérida, México 2016).

*La novela fue presentada en octubre del año pasado en edición digital. ¡Aquí puedes descargarla!

 

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