La pintura como acto de honestidad: charla con Alberto Urzaiz

En el marco de la exposición "Morfogénesis: el nacimiento de la forma", realizada en Galería Secreta entre junio y julio de 2026, Ricardo E. Tatto entrevistó al maestro Alberto Urzaiz, considerado uno de los precursores de la abstracción en Yucatán y uno de los referentes del arte local. ¡No dejes de leerla...!

En el marco de la exposición “Morfogénesis: el nacimiento de la forma”, realizada en Galería Secreta entre junio y julio de 2026, tuve la oportunidad de entrevistar al maestro Alberto Urzaiz, considerado uno de los precursores de la abstracción en Yucatán y un referente del arte local, con quien charlé en dicho recinto santiaguero, rodeado de las 18 pinturas de mediano formato que componen la muestra, bajo el copioso bochorno de la canícula meridana…

Tatto: ¿Quién es Alberto Urzaiz?

Urzaiz: Esa es una pregunta difícil. Yo diría que soy un pintor que se ha dedicado a esto prácticamente toda la vida, desde muy joven. He explorado la pintura en todos los sentidos porque nunca tomé clases formales de arte. Mi formación ha sido autodidacta: aprendí a través de los libros y, sobre todo, mediante la práctica cotidiana, experimentando constantemente con técnicas, materiales y procesos.

Con el tiempo fui encontrando una forma de expresión que pudiera comunicar quién soy como persona; un lenguaje honesto y auténtico que reflejara lo que realmente pienso del mundo en general y del arte en particular. Siento que eso es precisamente lo que he venido encontrando en las obras que estoy realizando en los últimos años.

Ha sido un camino largo, porque es muy difícil encontrar un lenguaje propio. A veces pareciera que todo ya está hecho, que todo ya está dicho. Uno tiene que transitar por distintas corrientes, asimilar muchas ideas e ir decantando poco a poco las formas, los colores y, en general, el propio lenguaje artístico.

Eso tampoco significa que haya llegado al final de esa búsqueda. Siempre aparece algo nuevo en el camino que abre otras posibilidades y plantea nuevos retos. Sin embargo, esta muestra que presento actualmente —integrada por una selección de piezas realizadas durante los últimos tres años— representa un momento en el que me he sentido especialmente cómodo con lo que estoy haciendo.

Aun así, siento la necesidad de abrir otros caminos y no quedarme estancado en una sola idea. Ese es un riesgo para cualquier artista: volverse repetitivo, dejar de comunicar algo nuevo. Por eso creo que siempre hay que mantenerse en búsqueda y tratar de decir algo distinto en cada etapa del trabajo.

 

Tatto: Esta exposición “Morfogénesis” reúne tu obra reciente. ¿Cómo surge y qué representa para ti?

Urzaiz: Esta exposición reúne una selección de piezas realizadas durante los últimos años. Surge a partir de la invitación del Lic. Mario Torre, director de Galería Secreta para presentarlas al público. Lo interesante es que, cuando trabajo, en realidad no estoy pensando en una exposición ni en mostrar mi obra. La pintura es, para mí, un ejercicio profundamente íntimo. Es un trabajo muy personal, una búsqueda que ocurre en la soledad del taller, donde paso mucho tiempo experimentando y reflexionando.

A veces incluso da un poco de temor compartir ese trabajo, porque, en cierto modo, uno está mostrando sus propias intimidades. Sin embargo, cuando surge la invitación de una galería, aparece también la oportunidad de mirar la obra desde otra perspectiva. Ver las piezas fuera del taller, instaladas en un espacio expositivo, permite entenderlas de una manera distinta y descubrir relaciones que durante el proceso de creación quizá no eran tan evidentes.

Además, una exposición siempre ofrece la posibilidad de conocer la reacción del público, de escuchar distintas interpretaciones y de establecer un diálogo con quienes observan el trabajo. Eso resulta muy enriquecedor, porque me permite conectarme no sólo con nuevos públicos, sino también con artistas jóvenes que están desarrollando sus propios procesos creativos. Ese intercambio siempre es estimulante y, por eso, considero importante aprovechar estas oportunidades y vincularse con espacios y galerías que generan nuevas conversaciones alrededor del arte.

 

Tatto: ¿Qué significa el título Morfogénesis?

Urzaiz: Morfogénesis hace referencia al nacimiento de las formas. En realidad, el título habla del propio proceso creativo en el que estoy inmerso. Toda obra comienza desde una especie de caos. Cuando empiezo a trabajar nunca tengo completamente claro cuál será el resultado final. Lo interesante es observar cómo, poco a poco, de esa incertidumbre empiezan a surgir formas que terminan consolidándose en algo sólido y coherente.

Las obras de esta muestra parten precisamente de formas muy básicas, muy sencillas, que remiten a estructuras primigenias presentes en la naturaleza. También la paleta cromática responde a esa intención. Son colores tomados de la tierra, de las piedras, de los minerales y de los elementos naturales; tonos neutros, contenidos y muy controlados. Nunca me ha interesado utilizar colores excesivamente artificiales o estridentes. Prefiero aquellos que encontramos de manera orgánica en un paisaje, en un suelo o en una roca, porque poseen una fuerza silenciosa que me resulta mucho más cercana.

Morfogénesis XVI, 2026, acrílico sobre tela, 100 x 120 cm.

Durante estos últimos años he trabajado de manera muy consistente sobre las mismas preocupaciones formales y conceptuales, de modo que existe un hilo conductor muy claro entre todas las obras. Ese denominador común permite construir distintas versiones de mis pinturas sin que pierdan coherencia. Esa es, en esencia, la idea que articula toda la colección. Más que una selección estricta de piezas individuales, lo importante era presentar un conjunto capaz de expresar el momento creativo en el que me encuentro actualmente.

 

Tatto: ¿Y cuál es ese proceso creativo en el que te encuentras hoy en día?

Urzaiz: Mi proceso creativo siempre comienza desde la incertidumbre, porque nunca parto de una imagen completamente definida. Lo primero que hago es manchar la superficie con algunos colores que, en ese momento, me parecen adecuados, tratando de encontrar la tonalidad que marcará el rumbo de la obra.

Me interesa mucho provocar accidentes durante el proceso. Lo fortuito ocupa un lugar muy importante en mi trabajo, porque muchas veces son esos pequeños acontecimientos inesperados los que terminan sugiriendo el camino que seguirá la pintura. A partir de esas huellas, manchas o texturas comienza a revelarse la idea de la pieza.

Curiosamente, mi proceso consiste con frecuencia más en quitar que en agregar. Es un ejercicio constante de depuración: eliminar elementos, simplificar formas y reducir la composición hasta encontrar aquello que realmente resulta esencial. Busco una forma que responda a la idea que tengo de la pintura y con la que pueda identificarme plenamente; una obra en la que sienta que verdaderamente estoy expresando quién soy.

Por eso considero que un artista necesita honestidad y madurez para mostrarse tal como es, sin engaños ni artificios. Al final, lo único que me interesa es que la pintura sea un reflejo sincero de mí mismo.

 

Tatto: ¿Qué se siente mostrar una obra tan personal al público?

Urzaiz: Siempre resulta un poco difícil. De alguna manera estás mostrando una parte muy íntima de ti. Es un trabajo que nace en el silencio y en la soledad del taller. Cuando finalmente lo presentas al público, inevitablemente sientes cierta vulnerabilidad. A veces lo comparo con desnudarte frente a los demás. Sabes que estás exponiendo algo muy propio y que eso provocará una reacción. Esa respuesta puede ser positiva o negativa; al final eso es lo de menos. Lo importante es que la obra genera un diálogo.

 

Tatto: ¿Cuál ha sido la recepción de esta muestra?

Urzaiz: En general, la respuesta ha sido muy positiva. Los comentarios que recibe uno suelen ser los buenos; los malos probablemente nunca llegan directamente. Estoy seguro de que existen críticas y opiniones distintas, como ocurre con cualquier propuesta artística, pero forman parte del proceso. Lo que sí percibo es el interés de quienes se acercan a la obra. Naturalmente habrá quienes no conecten con este lenguaje, y eso también es válido. El arte no pretende generar una respuesta única, sino abrir distintas posibilidades de interpretación.

 

Tatto: ¿Qué elementos consideras que distinguen tu obra?

Urzaiz: Diría que, en primer lugar, la paleta cromática. Cuando era joven utilizaba colores mucho más intensos. Con el paso del tiempo esa paleta se ha transformado de manera natural. Cambia el temperamento, cambia la forma de mirar el mundo y eso termina reflejándose en la pintura. También considero fundamental el rigor con el que procuro realizar cada cuadro. Me interesa mucho la factura de la obra. Puede gustar o no gustar, pero debe estar bien hecha. Después de tantos años trabajando con el acrílico, ese dominio técnico se ha convertido en una parte esencial de mi lenguaje.

 

 Tatto: ¿Por qué elegiste trabajar con acrílico?

Urzaiz: Con el tiempo el acrílico se convirtió en el material con el que mejor podía desarrollar mi manera de pintar. Es una técnica que seca muy rápido, lo que permite trabajar con dinamismo, aunque también impone ciertas limitaciones frente al óleo. Después de tantos años utilizándolo, he aprendido a aprovechar sus posibilidades hasta el punto de que, en ocasiones, algunas personas creen que mis cuadros están realizados al óleo. Para mí, la técnica ha dejado de ser un obstáculo y se ha convertido simplemente en un medio para expresar lo que quiero decir.

 

Tatto: Tu obra suele asociarse con la abstracción, pues eres considerado parte de los precursores de la abstracción yucateca. ¿Cómo ha sido esa evolución?

Urzaiz: Comencé haciendo pintura figurativa, aunque de carácter expresionista y sintético. Más tarde descubrí la abstracción y me cautivó la libertad que ofrecía para experimentar con el color, la forma y la materia.

Con el paso de los años he dejado de preocuparme por esas etiquetas. Creo que hoy las fronteras entre lo abstracto y lo figurativo prácticamente han desaparecido. Una forma puede sugerir una piedra, un rostro o un paisaje sin representar literalmente ninguno de ellos. Prefiero pensar que la pintura es un lenguaje abierto.

 

Tatto: La pintura abstracta suele resultar desafiante para muchos espectadores. ¿Cómo entiendes esa relación entre la obra y el público?

Urzaiz: El espectador suele buscar una historia o un mensaje. Cuando esas referencias no aparecen, puede sentirse desorientado. Pero la pintura también se aprende mirando. Lo importante es preguntarse si una obra emociona o no. Como sucede con la música o la poesía, no siempre es necesario entender racionalmente una obra para sentir que nos conmueve. No existen recetas para explicar esa conexión.

 Tatto: ¿Qué puede esperar el público que se acerca a las pinturas de Urzaiz?

Urzaiz: Espero que encuentre un conjunto de obras realizadas con el mayor rigor posible. Aunque parezcan sencillas, detrás de ellas hay muchas horas de trabajo y de reflexión. También creo que mi obra reciente representa una postura personal frente a ciertas tendencias actuales.

Mi interés no está en construir una narrativa externa que explique la obra. Lo que ves es la obra misma. Creo en la pintura como un lenguaje autónomo, capaz de comunicar por medio de la forma, el color y la materia. Quizá esa búsqueda de una pintura más esencial, más contenida y más silenciosa sea una de las características que mejor definen mi trabajo.

Tatto: ¿Qué recomendarías a la gente que quiera acercarse a tus obras?

Urzaiz: Les diría que observen la composición con calma. Aunque las piezas parezcan sencillas, existe un equilibrio muy cuidado entre la figura y el fondo, entre el color y sus múltiples matices. Las formas pueden evocar una piedra, una semilla, un asteroide o cualquier elemento de la naturaleza. Me interesa que cada espectador construya sus propias asociaciones.

También recomendaría observar las obras desde distintas distancias. De lejos se percibe la estructura general; de cerca aparecen las texturas, los matices y los pequeños detalles que construyen cada pintura. Al final, lo único que espero es que el espectador contemple la obra sin prisa y disfrute el trabajo que hay detrás de cada pieza. Esa experiencia de observación es, para mí, la que verdaderamente completa la pintura.

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