Dos libros del autor británico Julian Barnes

El escritor inglés Julian Barnes recibirá el Premio Princesa de Asturias de las Letras 2026. Por tal motivo, Anahí García Jáquez reseña dos de sus libros, ideales para conocer la obra de este laureado autor: "El ruido del tiempo" y "La única historia", ambos publicados por Anagrama. ¿Ya los conoces...?

El escritor inglés Julian Barnes está de plácemes, pues este 2026 tiene varios motivos para celebrar. Para empezar, está cumpliendo sus ocho décadas de vida y llega a esta edad en plenitud de facultades y más productivo que nunca, ya que acaba de lanzar su novela Despedidas, la cual ha tenido buena respuesta entre los críticos y se sabe que será la última que escribirá.

Por si fuera poco, en fechas recientes se anunció en España que este laureado autor es el ganador del premio Princesa de Asturias de las Letras 2026, por lo que se le está reconociendo tanto su trayectoria como la calidad de sus trabajos y recibirá este galardón en una ceremonia que se llevará a cabo en el otoño en el teatro Campoamor, ubicado en la localidad de Oviedo en el país ibérico.

Es por ello que en esta columna retomaremos dos de sus textos para que, quienes no lo conozcan, se den la oportunidad de hacerlo; es así que seleccionamos algo de lo más destacado de su bibliografía, con un par de libros para conocer a Julian Barnes…

 

La única historia. Julian Barnes. 2018. Editorial Anagrama.

Paul se inscribe a un club de tenis donde conoce a Susan y surge el amor entre ellos. Así suena muy sencillo pero no lo es, pues Paul es un joven de 19 años que vive con sus padres, mientras que Susan es una mujer de 48 años, casada y madre de dos hijas. A pesar de tener todo en contra, ellos deciden embarcarse en una relación pues quieren vivir su amor plenamente. El autor lanza una pregunta al lector al inicio de este texto: ¿preferirías amar más y sufrir más o amar menos y sufrir menos?, lo cual nos anticipa el tono de la relación que tendrá esta pareja dispareja, quienes tienen que nadar contra la corriente debido a los señalamientos de la sociedad inglesa de los años 60´s.

La narración de este texto es por demás particular, ya que los tres capítulos en los que se divide están contados de tres formas distintas; esto es, el primer capítulo está narrado en primera persona quien, en este caso es Paul. El segundo capítulo es narrado desde la segunda persona del singular, o sea “tú”, y el tercer capítulo es narrado por una tercera persona aunque por un momento vuelve a la primera, quien vuelve a ser Paul. Con esto queda más que claro que Paul será el medio por el cual el lector conocerá las entrañas de esta historia pero, de una manera u otra, se nos advierte que no podremos confiar mucho en él pues, a final de cuentas, es su versión de los hechos y por ende, queda fuera la de Susan.

Es así como, en cada una de estos segmentos, experimentaremos junto con los protagonistas las etapas por las que atraviesa su relación. Al principio todo es miel sobre hojuelas, pues está la cuestión de la novedad para ambos, aunado a la juventud de Paul, la que hace que todo se vea más bonito de lo que en realidad es y que además va acompañado de la clandestinidad, pues al ser Susan una mujer casada recurren al esconderse y eso le da un toque de peligro y emoción, siendo esta fase la más excitante y donde los fuegos artificiales son el pan de cada día.

Después, viene la realidad con la convivencia diaria y los desafíos a los que la pareja se enfrenta, siendo uno de ellos la enfermedad que afecta a Susan y, debido a ello, Paul se dedicará a cuidarla en cuerpo y alma. Al final, vendrán las reflexiones y la introspección por parte de este hombre ya adulto, que meditará acerca de lo mucho que esta relación los marcó como individuos y como pareja.

A través de esta anécdota, Julian Barnes explora el universo de las relaciones amorosas del inicio al fin, de los puntos altos a las horas bajas, de las mariposas en el estómago al tedio; en pocas palabras, la progresión natural del amor así como la toxicidad que suele hacerse presente en la vida en pareja y que se debe a múltiples factores, como lo son la influencia de los convencionalismos sociales, la dependencia a sustancias, las apariencias, el machismo y, sobre todo, la diferencia de edad, la cual pesa y mucho a lo largo de la trama ya que se hará presente para determinar el curso del idilio.

Al ser Paul el narrador, el lector tendrá que depender de lo que él quiera contar y cómo lo quiera contar, haciendo que éste sea un ejercicio literario con tintes psicológicos por demás interesante y que involucrará mucho al lector, quien meditará acerca de la pasión y su correspondiente fuerza, la que lleva a los seres humanos a la cúspide para luego derrumbarlos una vez que el fuego se apaga, dejando sólo los recuerdos, material del que se construyen las memorias, esas que son la fundación de los relatos como el que Paul nos quiere compartir.

 

 

El ruido del tiempo. Julian Barnes. 2016. Editorial Anagrama.

Ahora nos vamos hacia atrás, más en específico a 1936, en donde Dmitri Shostakovich es uno de los compositores más importantes del siglo XX y está estrenando su ópera Lady Macbeth de Mtsensk. En un balcón del teatro Bolshoi está como espectador e invitado especial nada más y nada menos que Josef Stalin, quien expresa su desagrado por el trabajo de Shostakovich al no mandarlo llamar al palco y eso lo lleva a declarar al músico como enemigo del pueblo. Es así como comienza el periplo de un grande.

El ruido del tiempo es otro de los trabajos más importantes de Julian Barnes, quien decidió escribirlo como una especie de biografía novelada, por lo que todos los sucesos seleccionados (ya que no abarca toda la vida y obra del compositor ruso) que ahí se cuentan realmente acontecieron. Es así como, por ejemplo, el lector se entera de que Shostakovich se sentaba en una silla cerca de la puerta de su casa y ahí permanecía toda la noche, perfectamente vestido, pues temía ser apresado en cualquier momento y quería evitar alguna escena frente a su familia.

Todo lo anterior debido a una razón específica: al recibir críticas adversas en el periódico Pravda y ser declarado persona non grata, Shostakovich fue víctima de la censura por parte del gobierno y se suscitó una persecución en su contra, la cual fue minando su estado emocional, pues la paranoia lo invadió y no tuvo de otra más que hacer concesiones consigo mismo para sobrevivir artísticamente hablando. En pocas palabras, fue condicionado para hacer su labor.

Lo sucedido con este artista es un claro ejemplo de lo que sucede cuando el poder interviene en la creación y busca condicionar la dirección que el arte puede tomar, más en específico, sus contenidos pues éstos pueden ser puestos al servicio de los gobiernos y así convertirse en propaganda o, simplemente, ser complaciente y no molestar a los tiranos. Se nos habla de la integridad tanto personal como artística y lo flexible que puede ser, la dignidad, la ambición y los dilemas morales.

El autor nos muestra a un Shostakovich muy humano y lo retrata con todos sus miedos, sus conflictos internos y con el gobierno y cómo en medio de todo ello continuó creando, pues su don era innegable. Así también, veremos cómo su verdugo, en este caso el gobierno, termina siendo su salvador.

El lector terminará empatizando con el compositor en vez de juzgarlo, pues sus motivos para intentar alinearse son lo suficientemente fuertes. Y todo esto se cuenta de manera amena y clara, con un muy buen ritmo que jamás cae y que nos llevará a la mente y el alma de un muy atribulado creador, que se resiste a ser reprimido pues sabe que es más lo que puede perder que lo que puede ganar.

Estos dos títulos, finalmente son solo una probadita del gran universo literario creado por Julian Barnes, el cual tiene ya un lugar dentro de los autores más importantes de los últimos 40 años y que, por cuestiones de edad y salud, dice adiós a su carrera. Pero no se marchará con las manos vacías, dado que los escritores como él cosechan premios de forma constante y casi sin esfuerzo, siendo innegable su capacidad de producir historias y, sobre todo, saber contarlas.

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