“Trans”, un estudio teatral sobre la identidad

Desde CDMX se presentó en el 8vo Festival de Teatro de la Rendija

Se escucha un sonido grave, como el de unas cuerdas rasgadas por un arco en un instrumento de madera. Pero no es un chelo, es una viola da gamba tocada por Monique López… Así inicia “Trans”, pieza escénica documental sobre la identidad de género, de Bruno Ruiz y dirigida por Luis Rodríguez, que se presentó el lunes 11 de diciembre en el marco del 8vo Festival de Teatro de la Rendija en su sede del rumbo de Mejorada, como parte de la propuesta de la compañía teatral TransLímite (Alternativa-Escénica) de la Ciudad de México.

La obra utiliza recursos multimedia para presentarnos un análisis del contexto sociocultural de lo que significa ser transgénero, transexual o intersexual en un país como México. En contraste, nos presenta mediante una proyección un video de Caitlyn Jenner -antes Bruce Jenner, campeón olímpico norteamericano- en una ceremonia de premios en la que enarbola un conmovedor discurso a favor del movimiento trans. Mientras que en su país es una heroína ensalzada por los medios, la realidad nacional es una de violencia y discriminación sin igual, como lo demuestra el caso aún no resuelto de un crimen de odio acontecido en Chihuahua, donde una persona transgénero fue asesinada y encontrada con una bandera de México.

Las actrices Myrna Moguel y Cecilia Ramírez Romo, parten de este asunto escabroso y tristemente real, para desdibujar los límites de nuestra identidad sexual, invitándonos a repensar las definiciones binarias de género, a partir de los estereotipos impuestos desde la medicina, los medios, la familia, la legislación vigente y la sociedad mexicana. Y la reflexión surge a partir del lenguaje, bajo el entendido de que este es la “biología de los cuerpos parlantes” y de que nuestra identidad física es una caja que contiene dos cuerpos, siendo que estos cuerpos pueden ser nombrados desde la intimidad.

Así van sucediéndose diversos ejercicios escénicos que de manera paralela a los documentos testimoniales en video, nos presentan estadísticas en torno a la violencia de género trans, donde los asesinatos y los crímenes de odio están a la orden del día. También analiza las diferencias entre las personas trans que asumen una identidad masculina y las que asumen la femenina, y los que no asumen ni una ni otra: el llamado intersexual o “tercer sexo”, al tiempo que nos lanzan preguntas: ¿Soy mujer? ¿Soy hombre como tú? ¿Quién soy? ¿Quién eres…?

Usando unas cajas de archivo muerto como recurso visual, la utilería representa la metáfora de la corporeidad como una caja cuyo contenido nosotros definimos, pero al abrir una tercer caja se revela un cuerpo neutro y sin nombre, pues contiene todas las nomenclaturas y todas las identidades. Es en ese momento cuando los espectadores, a quienes previamente se nos ha pedido usemos una etiqueta con el nombre que más nos guste, pasamos al escenario para pegar dicha etiqueta en ese cuerpo sin identidad, como receptáculo en blanco que ejemplifica que todos somos uno y que uno somos todos: iguales sin importar el nombre, género o identidad.

Finalmente las tres cajas se unen y el cuerpo reposa amortajado en el lábaro patrio mientras las actrices exclaman leyendo los nombres “Quiero que seas Luis, quiero que seas Raquel, quiero que seas…”. El ser antes que el nombre, el ser antes que la identidad de género, pues la reflexión final nos es increpada por ambas: “¿qué vas a hacer con el nombre que se esconde bajo tu piel?” La viola da gamba se calla, las luces se apagan y la sala, en total silencio, prorrumpe en aplausos. Marchamos a casa con más preguntas que respuestas y con la única certeza de que así es el auténtico arte, el que nos proporciona dudas, no certezas. Así es lo que acabamos de ver, puro teatro.

 

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