Los últimos Jedi: el controversial Episodio VIII de Star Wars

Una reseña libre de spoilers

No soy súper fan de la nueva trilogía de Star Wars. La siento como un retroceso, un reset a una situación demasiado parecida a la de la Trilogía Original. Lo peor, ni siquiera nos dicen cómo se llegó a esta situación. El conflicto es esencialmente el mismo: una banda de rebeldes oponiéndose a una tiranía fascista. La lucha entre la Resistencia y la Primera Orden es prácticamente idéntica a lo que ya vimos en los Episodios IV-VI. Hasta con los mismos uniformes. X-Wings y TIE Fighters otra vez. ¡Otra Estrella de la Muerte! Es insultante.

Lo más ofensivo es lo que hicieron con nuestros héroes, con Han y Luke. Leía sigue conservando su dignidad y fortaleza (y la amamos por eso), pero quieren hacernos creer que Luke, el personaje al que vimos pasar de un cínico egoísta y mocoso remilgón a un líder guerrero y maestro Jedi, ante un fracaso se retirará del mundo y dejará a aliados, amigos y familiares solos. Y no, no es que quiera que mis héroes sean infalibles; claro que espero verlos fallar, ser derrotados y luego levantarse para superar las dificultades. Pero tampoco quiero que sean un completo fracaso.

Ahora, dicho todo lo anterior… ¡Amé Los últimos Jedi! Una vez que acepto que así es la Nueva Trilogía, que ésta es la historia que nos van a contar, tengo que admitir que El despertar de la Fuerza es una muy buena película, a pesar de ser un soft remake de Una nueva esperanza. En la misma línea Los últimos Jedi es una gran película. ¡Es increíble! Grité, aplaudí, lloré y salí del cine con un hype que no se me ha pasado dos semanas después.

¿Por qué me gustó tanto? Bueno, tiene todo lo que ha hecho a la saga de Star Wars grandiosa: aventura, emociones, drama humano, una lucha épica entre el bien y el mal, mundos exóticos y, bajo todo eso, reflexiones acerca de los temas eternos y universales de la humanidad. Se ve que el director Rian Johnson ama el legado de Star Wars. Es la única que deconstruye la mitología creada por estas películas y que se pone hasta metaficcional.

Pero sobre todo, estaba marcando un nuevo camino, estaba mostrándonos cosas nuevas por primera vez en años. Fue sorprendente. A partir de cierto punto, yo no tenía ni idea de por dónde iba a ir la película. Cuando parecía que iba a repetir El Imperio contraataca, subvirtió la fórmula y canceló incluso la posibilidad de que se repitiera El regreso del Jedi. De hecho, si algo no me gusta de esta peli es que empezó un poco tarde con eso de irse por lo nuevo.

Los mensajes de esta cinta son “el mejor maestro es el fracaso” y “no se trata de destruir lo que odiamos, sino de preservar lo que amamos”. En conjunto nos dice que debemos dejar atrás lo que nos impide seguir creciendo, pero que debemos preservar lo que hay de bueno. En las relaciones paralelas entre Poe Cameron y Holdo por un lado, y Rey y Luke por el otro, vemos precisamente que hay situaciones en las que los jóvenes deben respetar la sabiduría y prudencia de los mayores, y otras en las que los mayores deben reaprender el idealismo de los jóvenes. Pasado, presente y futuro necesitan estar en constante diálogo.

Star Wars siempre ha tenido un subtexto político y siempre ha promovido valores liberales y democráticos. Escribí toda una serie de textos al respecto. Aunque ciertamente, el discurso político es más contundente en algunas entregas que en otras (en La venganza de los Sith y Roge One, por ejemplo). La secuencia en Canto Bight es perfectamente consistente con eso.

En la ideología de Star Wars existen individuos con habilidades y talentos superiores a los de los demás; los malvados las usan para sus propios fines egoístas y los bondadosos se convierten en líderes que trabajan para el beneficio de los demás. Pero estos individuos pueden surgir de cualquier parte, sus orígenes pueden ser los más humildes o los más ilustres, lo mismo de la nobleza de Serenno que de un establo en Canto Bight. Sus orígenes no importan: son sus acciones y sus decisiones lo que los definen.

Si la Trilogía Original nos daba por héroes a una guerrilla revolucionaria, y la Trilogía de Precuelas nos dio por villanos a corporaciones interplanetarias, la Nueva Trilogía (y también Rogue One) ha querido resaltar el valor de la diversidad. Aunque tanto la Orden Jedi como la Alianza Rebelde siempre habían tenido una composición diversa (mujeres, minorías raciales y hasta alienígenas) en oposición al Imperio, blanco y masculino, el tema nunca había sido tan importante como ahora. Nuestros nuevos protagonistas son dos mujeres (Rey y Rose) y dos hombres “de color” –como les gusta decirlo a los gringos- (Finn y Poe). En una época en la que blancos supremacistas y misóginos declarados están en la Casa Blanca y ascendiendo al poder en todo el mundo, un reparto así es una declaración de principios poderosa.

Uno de los temas de esta Nueva Trilogía que las mujeres son presentadas como bastante más competentes que sus contrapartes varoniles, y la clave está en un rasgo que es resultado de la educación que se nos da a hombres y mujeres en el mundo real: los hombres somos emocionalmente ineptos porque no se nos enseña a lidiar con nuestros sentimientos. En ello se fundamenta toda la ventaja que tienen los personajes femeninos sobre los masculinos en Los últimos Jedi: las mujeres mantienen la entereza mientras los hombres se desmoronan (Leia frente a Han y Luke); mantienen la serenidad y cabeza fría cuando los hombres quieren lanzarse impulsivamente al peligro (Holdo ante Poe); conservan la esperanza cuando los hombres quieren abandonarla (Rey ante Luke y Rose ante Finn).

Amé la química que había entre Rose y Finn. Me encanta que ellos dos sean los personajes por los que nadie da un peso. Son muy divertidos juntos y me dio mucho gusto verlos pasar de peripecia en peripecia. Además, que sean ellos dos los protagonistas de su propia línea argumental nos regresa a la esencia de la Trilogía Original, en la que los protagonistas eran no los caballeros Jedi en el apogeo de su poder ni los acaudalados políticos de la República, sino un granjero huérfano, un pirata, un viejo ermitaño de una era muerta y una princesa sin planeta. Es decir, los perdedores, los nadie, los que no tienen nada, o que han perdido todo lo que tenían y que con cada Episodio se van ganando un lugar en la historia de la Galaxia.

 

Me sorprendió mucho el odio que despertó esta cinta en buena parte de la fanaticada. Puedo entender que hubiera gente a la que no le gustara tanto, pero cuando supe que algunos andaban diciendo que la odiaban, que era una porquería, que se habían salido del cine y demás, me quedé pasmado. Las cosas se han puesto feas desde entonces, con ataques personales: “los que no opinaron sobre la cinta como yo son unos imbéciles” o “los verdaderos fans son los que piensan así y no asá”.

Pero aunque lamento que esto haya pasado, saludo lo que significa: estemos ante un trabajo osado. Es mejor que una película provoque controversia a que se quede en la “zona de confort” como Episodio VII. El caso es que si Los últimos Jedi causó reacciones tan fuertes es porque se trata de una película rica en contenido. Es una de las mejores de la saga, de las que presenta sus temas con mayor contundencia, de las que permite crecer más a sus personajes, una que tiene tantas aristas y ángulos que seguramente seguiremos hablando de ella por meses y por años. De hecho, este análisis podría prolongarse por muchas líneas más. Esperemos que el Episodio IX sepa mantener el estándar. Y por favor, que incluyan a Mara Jade.

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