Ficciones pictóricas y proustianas: un manifiesto artístico

Ileana Garma va En busca del tiempo perdido

Mi trabajo poético actual incluye materiales diversos. Trabajo con palabras, con pigmentos, con placas de tetrapack, con acrílico para grabado… En fin, estoy buscando. Este trabajo es una investigación sobre la memoria, una lectura de la obra de Marcel Proust: À la recherche du temps perdu. ¿En qué estoy pensando? En que la memoria es una ficción, una invención personal; una obra oculta, desplegada dentro de cada uno.

La muestra pictórica titulada Tiempo atrás siempre estoy callada es una de serie de 15 cuadros realizados con óleo sobre lienzo, en medidas diversas. Creo, sin embargo, que esto es sólo la punta del iceberg de un trabajo que me ha llevado poco más de dos años. Partí, como casi siempre, del placer la lectura. Volví a leer, por tercera vez, el primer tomo de En busca del tiempo perdido. A la pregunta de ¿por qué este libro me gusta tanto? Decidí darme una respuesta poética, una respuesta que incluyera un entendimiento sobre la memoria, un análisis personal de esa teoría que Proust presenta a lo largo de los siete tomos de esta obra.

La memoria es un accidente, algunas veces es incluso un accidente insoportable. Si mi trabajo parece tautológico es porque la memoria, bajo la tesis del recuerdo como ficción, lo es. Marcel Proust afirmaba que si el arte no existiera, la memoria de los demás sería tan desconocida, como los paisajes en otros planetas.

En el arte contemporáneo la estética de archivo se ha vuelto tendencia, pero mi interés quizá va en otra dirección. Este ejercicio poético es sobre una memoria exclusiva y aislada; la memoria no representada, la memoria como obra en potencia, que busca diversos materiales para surgir.

Estas pinturas y poemas fueron un ejercicio que surgió al mismo tiempo. El tiempo no se recupera, se inventa, se reinventa. A veces pintaba, y mientras estaba totalmente involucrada en este ejercicio, comenzaba a pensar en las palabras, en el texto que quería construir. He utilizado mis recuerdos, pero esto está muy lejos de ser un ejercicio de catarsis. No estoy pintando el pasado, incluso cuando recurrí a la revisión de mi archivo familiar, traté de alejarme de él. ¿Qué es esto entonces? No lo sé. Una investigación poética abierta en todas direcciones.

Busco generar desde el presente, material para regresar al pasado. Deseo generar una relación estrecha entre obra visual y obra literaria. Volver a un libro desde una pintura, desde un dibujo o desde una exposición completa. La lectura de la obra de Marcel Proust se convirtió no sólo en un punto de apoyo, sino en la teoría en torno a la cual gira este trabajo.

El tiempo no puede dividirse en presente, pasado y futuro. El presente no puede asimilarse, no puede leerse, pues se está viviendo limitadamente. El pasado es el único que se puede analizar, que se puede leer y entender y se hace a través de los sentidos. Poemas y ejercicios visuales no son aquí más que Instrumentos de evocación; espacios concretos, objetos o sensaciones determinadas que producen o detonan recuerdos.

“El único libro verdadero, un gran escritor no tiene que inventarlo en el sentido corriente, porque existe ya en cada uno de nosotros, no tiene más que traducirlo”, dice Marcel Proust. Finalmente, este trabajo procura evocar lo perdido, rescatar una atmósfera, más que una figura, un tono o perfume, más que una copia de lo que fui en la infancia y ya no existe. Todo esto no es más que una ficción personal.

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