Tiempo atrás siempre estoy callada/Poesía visual

Pinturas inspiradas por la poesía de Ileana Garma, actualmente expuestas en la Galería ESAY, en la antigua estación de ferrocarriles. Una reflexión sobre su quehacer artístico para esta muestra pictórica puede leerse aquí…

 

  1. Encuentra los cubos de colores

con los que armábamos nuestra casa,

nuestro paisaje.

Hay días que camino buscando esos cubos,

el reloj de plástico que marcaba la hora de nuestros deseos.

 

Ya no eres

más

aquella niña asustada,

sólo apaga la luz.

 

A los diez años comencé a llevar un registro

de los juguetes perdidos, los lazos, los vestidos,

las zapatillas brillantes que tanto odiábamos.

 

Duerme.

 

A los diez años comencé a cortarme el cabello

a mentir, a llevar un registro de la ruina,

de las palabras olvidadas,

frases que jamás habíamos dicho.

Apaga la luz y duérmete.

 

Armemos una casa con lo que queda,

en ella no existirán lámparas y como siempre,

los gigantes caminarán afuera. Nosotras,

estaremos durmiendo.

 

Encuentro los cubos de colores cada noche.

 

 

  1. Todos los retratos son un mito. Salgo

de viaje después de cada cumpleaños.

La distancia no importa, lo necesario es moverse.

 

Mi hija eligió el asiento junto a la ventana

y partimos en un autobús a la media noche.

Al amanecer habíamos llegado a una

de esas playas del caribe donde perdí la inocencia.

Rentamos una bicicleta y nos fuimos de punta a punta.

Quise que nos sentáramos a leer, pero

la arena estaba llena de hormigas, así que

corrimos al mar y yo tomé a mi hija de las manos.

Ella detesta el mar,

si no fuera por las hormigas,

hubiera permanecido como una observadora.

Prefiere caminar en la orilla y juntar conchas

blancas, caracoles, piedras. Las conchitas

me asustan, pienso en pedazos de pájaros,

en huesos.

 

No sabía que las hormigas vivieran en la arena.

Supongo que así es todo. Que podemos vivir

donde sea, hasta que llegue alguien a destrozarlo todo.

Tomé a mi hija de las manos y el mar nos enseñó

otras piedras, otra arena. Todos los viajes son un mito.

Quizá en mil años nosotras seremos conchitas,

pedazos de pájaros, piedras.

 

 

  1. Cada tarde una playa modificada.

Peces profundos que despiertan de noche.

Barcas que nos dejan afuera, caminando

en esa franja luminosa. Nosotras lo intentamos,

antes que cualquiera nos observe

ya lo intentamos,

ya corrimos las primeras horas del día

y regresamos al mismo punto.

 

Me estoy repitiendo.

El horizonte es bajo, el cielo pesa años, más de treinta.

Nadie me enseñó a nadar. Estuve horas enteras

en la alberca de un hotel blanco, debajo

del agua las nubes son más lentas y terminan.

Terminó ese verano. Cuando tocas el fondo

de una piscina el mundo se apaga.

 

Nosotras siempre abrimos los ojos.

¿Hace cuánto que no nadamos juntas?

¿Qué no vamos a la playa? Entro al agua

como si estuvieras a mi lado.

Tiempo atrás siempre estás callada.

 

 

4. Vamos a quedarnos solos, muy juntitos.

Aunque parezca que sólo somos uno: una casa,

una ventana, una mesa, una cama. Vamos a quedarnos solos.

Vamos a encender las luces cuando caiga

la tarde y que la música se escuche desde lejos.

Abrázame amor, dime que caminarás despacio

que es probable que te detengas a jugar cuando

te encuentres con esos niños gordos de la infancia.

Han crecido bastante y sus rostros tocan todas

las líneas del tiempo. También me voy despacio.

En círculos porque desprecio las líneas rectas.

 

En círculos porque la soledad es frenética.

Si observas a los perros, sabrás que están juntos todo el tiempo,

dan vueltas a la rotonda y duermen junto a las hormigas.

Calles más allá, donde las casas blancas

están abandonadas y la hierba crece, pondremos

para a cenar nuestro mantel de flores amarillas.

 

Los cachorros recién nacidos esperarán

hasta que nos hayamos ido. Van a quedarse solos,

muy juntitos. Su madre se irá cualquier día de estos.

 

 

5. Un día dejarán de ser dóciles

algo suave, indolente,

los pequeños secretos.

Crecen,

en ella crecen,

sabes bien que un día,

dejarán de ser dóciles.

Hay un largo pasillo blanco,

lleno de césped donde, mi hijo y yo vamos,

a liberar burbujas. Todavía podemos saltar.

Todavía puedo.

 

No eres un círculo,

querida mía. Traduce tu cuerpo a una nube,

a una repetición de nubes rojas,

donde los miedos lluevan y se vayan.

Regresarán después, indolentes y pequeños

como algo suave. Hay un camino de césped donde

mi hija y yo sembramos huevos de pascua,

son piezas frágiles que esconden,

nuestro único secreto:

vamos a traducir nuestros cuerpos a piedras gigantes

a lluvia.

 

  1. Tiempo atrás siempre estoy callada.

Los niños juegan a hacer un reino en medio del patio.

El patio es un sitio desolado que se ha comenzado

a partir, que abre caminos en todas direcciones.

Tiempo atrás yo era la reina y me encontraba

en el centro de todo.

Mi papel era estar sentada. Tiempo atrás

siempre estoy callada mientras alguien comienza

a repartir dulces y los dulces traen sorpresas. No

hay manera de esconder esta práctica, este

hibernar en verano. Aquí siempre es verano

aunque las hojas caigan.

 

Yo hiberno mientras los niños que han crecido

corren de un sitio a otro en busca de una ruta de escape.

Algunas tardes las casas nuevas se encuentran

llenas de sol y el cielo es negro, pero no importa.

Las casas son nuevas y pequeñas y el patio ya no existe.

 

La indiferencia es un dulce que siempre trae sorpresas.

 

 

  1. He comenzado a formar una familia, a mirar

un pasado donde el cabello me crece en bocanadas.

Caminamos por las tardes y cuando cae el sol

hacemos una única sombra con varias manos,

somos

nuestro propio Dios.

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