La estética de lo grotesco en dos novelas de Liliana Blum

La corporeidad diferente vista desde “Pandora” y “El monstruo pentápodo”

 Las dos novelas más recientes de la autora mexicana Liliana Blum (Durango, 1974) se manifiestan como un discurso que enfrenta estereotipos que causan exclusión y ponen de manifiesto la superficialidad de la sociedad que los alimenta. En la lectura hecha, se encuentran ciertos aspectos en los que se observan la presencia de discursos que perturban y “escandalizan” la norma presente en la sociedad. Primeramente, nos acercamos a los discursos del cuerpo gordo que rompe el esquema del cuerpo etéreo y aceptado dentro de lo bello en la novela Pandora (Tusquets, 2015). También observamos cómo Blum introduce personajes que no se contemplan en un canon de belleza de los últimos tiempos y que pretende transgredir a través del personaje Aimeé, en El monstruo pentápodo (Tusquets, 2017), novela en la cual la autora pretende mostrarnos sin ningún tipo de eufemismo moralino ni temeroso una realidad tristemente frecuente en la sociedad: el abuso de menores.

En los textos consultados, se nos muestra con crudeza y ferocidad lo que muchas veces se toma como lo indeseable, aspectos de la vida y la sociedad con los que se convive día a día pero que se prefiere no ver, no escuchar; o bien, situaciones que se “aceptan” como algo ajeno a la sociedad misma que los relega. Así es como en sus páginas vemos personajes que son objeto de rechazo o mirados con lástima, a los que no les queda otra alternativa que conformarse con lo que poseen; van constituyendo al mismo tiempo sus propios discursos -que van fortaleciéndose- y que terminan usando como medios en los cuales se encuentran “seguros”. Se observa el uso de “máscaras” para ser aceptados en un aparente régimen de perfección estética y social, en donde lo “permitido” y valorado es sinónimo de rechazarse a sí mismo y mostrar una cara que siga ciegamente los lineamientos de lo aceptado, de lo “normal”.

 

El cuerpo gordo en Pandora

En Pandora (México, 2015), el cuerpo de la protagonista es la representación de lo que se rechaza, lo considerado antiestético. El personaje de Pandora se encuentra inmerso en un ambiente hostil, que la considera desagradable ante la vista de las personas que la rodean. Se puede decir que su presencia perturba entonces el canon de belleza occidental que es tomado como el único social y culturalmente aceptable. Rechazada y menospreciada -incluso por su propia familia- ella encuentra en la comida el refugio perfecto. Ante esta situación, la protagonista se cree incapaz de encontrar una pareja que sienta deseo por ella y día a día se consume entre su trabajo y su vida hogareña. Vemos cómo el cuerpo gordo es considerado un estorbo para la sociedad e incluso para sí misma, ya que llega al punto de verse como una insignificancia un “ser monstruoso” que prefiere darse por vencido.

Con la llegada de Gerardo su vida da un giro inesperado, ya que se encuentra ante un hombre que oculta un deseo punzante ante los cuerpos. Gerardo representa el punto deseado y anhelado que sobrepasa lo “normal” al ser un hombre guapo, casi inalcanzable, pero que esconde un gusto particular desde su infancia: la afición por el cuerpo gordo, por lo desbordante.

Tal es su necesidad de estar ante un cuerpo obeso, que se casa con Abril, mujer también afectada por las exigencias familiares y sociales que ante la presencia de su esposo decide privarse del placer de la comida y diversiones para ser el prototipo de la “mujer ideal”. Tenemos tres historias distintas, en las cuales, parafraseando a Bordieu, el cuerpo se ve moldeado de acuerdo a las relaciones sociales que dominan, que juzgan y que causan impacto en los individuos.

Se enfrentan entonces dos situaciones tan distintas en apariencia, pero al mismo tiempo tan semejantes: individuos que encuentran trabas a su realización individual, presionados por las representaciones estereotipadas siempre presentes en diversos aspectos y ámbitos de la sociedad del siglo XXI.

Sin embargo, la relación entre Pandora y Gerardo cruza los límites (auto)impuestos y genera una transgresión desde lo privado: el placer sexual que Gerardo siente por el cuerpo obeso de su amante crea una ruptura entre la barrera de lo aceptado y lo prohibido, en este punto se transgreden estereotipos físicos que internan a los amantes en una relación que afecta tanto a Pandora como a su esposa Abril, quien se enfrenta a una crisis matrimonial al descubrir y encarar el secreto de su esposo. Entonces, lo que es visto con lástima se transforma en la causa del quiebre de una vida construida en la plasticidad de las convenciones sociales.

 

Aimeé, el conflicto de un amor enfermizo

En su más reciente novela, El monstruo pentápodo (México, 2017), Blum nos presenta con abierta y sincera crudeza una situación que está presente y que al mismo tiempo se oculta por la magnitud de su naturaleza: el abuso infantil.

De nueva cuenta, el juego de las apariencias sociales está presente y vemos en Raymundo al ciudadano modelo y profesionista exitoso, máscara que oculta su verdadera cara: el psicópata que manipula y consigue lo que quiere, a costa del sufrimiento de los que le rodean y le “aman”. A través de estas conductas superficiales, logra atrapar en sus redes a Aimeé, mujer joven cuyo enanismo la lleva a ser mirada con insignificancia y sin mayor ambición en un mundo en donde el no adaptarse a los estándares estéticos puede ser sinónimo de marginación.

Aimeé escribe un diario y es a través de éste en donde el personaje logra ordenar sus pensamientos y se permite dar voz no a la sociedad que la rechazó y la llevó a su estado actual de prisión, sino a sí misma. Una voz que muchas veces ella se negó a escuchar ya que cargaba consigo el peso de la postura social que juzga y aprisiona el sentir de los individuos “diferentes”.

Liliana Blum

A través de la escritura, Aimeé va retomando el valor necesario para decirse a sí misma que ella existe y que no le teme al peso de la opinión pública. Al mismo tiempo, desarrolla la conciencia de posesión y control de su destino, a pesar de los juicios hechos en su contra. El cuerpo enano se transforma entonces en discurso demoledor en el que se gesta un amplio deseo de movilidad personal y al mismo tiempo social. Un ser que en apariencia no encaja, pero que encuentra aceptación en sus propias palabras vertidas a través de la escritura.

 Los textos de Blum que se mencionaron se convierten en ecos de aquellas voces que muchas veces son reprimidos; nos encontramos ante personajes que resultan atractivos por la incomodidad de su presencia. A través de sus historias el discurso de lo marginado deja entrever lo plástico y superficial de los valores estéticos de una sociedad que sigue escondiendo sus temores ante lo que no se adapta a ella.

La constitución de unos valores vacíos y carentes de empatía hacia lo presente, ocultos en lo más íntimo del rechazo, aquello que se intenta controlar por medio de la negación y la burla. Los niveles de lo grotesco en las voces de personajes que, como Pandora y Aimeé, lo único que necesitan es la comprensión del mundo que los limita y los rechaza.

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