Bajo el título “El arte de la transcripción de Mussorgsky a Ravel” el pasado domingo 17 de mayo a las 12 del mediodía tuvo lugar el noveno concierto de la temporada Enero – Junio 2026 de la OSY, bajo la batuta de Alfonso Scarano, su director titular y la presentación del pianista Jorge Medina como solista invitado.
En esta ocasión continuó la original propuesta de Scarano de mostrar al público la obra original de un autor seguida de una transcripción para orquesta como ya lo experimentó en el segundo concierto de esta misma temporada a finales del mes de mayo con la Sonata para clarinete y piano No. 1 en fa menor, op. 120 de Johanes Brahms (1833 – 1897) en su versión original y la misma sonata en la versión para clarinete y orquesta de Luciano Berio (1925 – 2003).
El programa estuvo integrado por “Cuadros de una exposición” de Modesto Mussorgsky (1839 -1881) a cargo del pianista Jorge Medina; “Una noche en la Árida Montaña” del mismo compositor y la versión orquestal de la primera obra en la versión de Maurice Ravel (1875 -1937) la más conocida e interpretada transcripción de esta composición entre alrededor de las cuarenta que existen realizadas para orquesta, piano y orquesta, bandas, conjuntos de Jazz e instrumentos solos.
Tal es la fascinación que esta pieza ha provocado a tantos compositores debido a su estructura, su intensidad, sus contrastes, su atractivo visual y su flexibilidad entre otras características musicales y emocionales.
Minutos antes de la tercera llamada el escenario del Palacio de la Música ya estaba dispuesto para la función, el majestuoso piano al frente, en medio, anticipaba el principio del programa, al tiempo que las luces del auditorio se apagaban, los altavoces dieron la señal de silencio y con paso firme el solista se dirigió al instrumento, comenzó la ejecución que a lo largo de poco más de treinta minutos mantuvo atento al público disfrutando de una interpretación precisa, plena en matices, difíciles pasajes y encontradas emociones que le valieron la merecida ovación.
Tras el intermedio y el reacomodo del espacio, en tanto los integrantes de la orquesta ocupaban sus lugares, el público, aún disfrutando el deleite del piano de Jorge Médina y tarareando mentalmente el tema del “promenade” que le guio a través de la exposición, se dispuso a la escucha de “Una noche en el Árida Montaña”
En la penumbra de una noche tenebrosa las brujas celebran en aquelarre, los rumores subterráneos de voces sobrenaturales, los espíritus del mal se dispersan. La batuta de Scarano imperturbable, dirige a la orquesta entre los tortuosos pasajes que Mussorgsky imagina y plasma prodigiosamente en el pentagrama, el tránsito del caos al amanecer que exige al conductor y a la orquesta un gran esfuerzo de contraste, produce en los espectadores un suspiro de alivio, como quien despierta de una pesadilla en donde las campanadas que invocan al demonio se han desvanecido por efecto de la luz del amanecer que se traduce en un aplauso de alivio y ovación.
El genio de Mussorgsky vuelve ahora en pleno para el número final de este espléndido concierto, los pasajes de la obra hablan por sí mismos enriquecidos por la imaginación y el genio orquestal de Maurice Ravel, sobre esta versión se ha dicho y se ha escrito mucho, la mayor parte del público puede seguir sus melodías y el impacto en quienes la habrán escuchado por primera vez se hará perdurable, gracias a la magistral conducción del director y al talento y la entrega de sus músicos.
Es notable la forma en que el director se comunica, la sobriedad de sus gestos no da lugar a interpretaciones ambiguas, Scarano destaca por su precisión, no recurre al histrionismo distractor y sus resultados se hacen tangibles en un sonido cada vez más consistente, en la capacidad de lograr que aún a plena orquesta se escuche cada instrumento, desde los afinados metales que a veces ocupan el primer plano, hasta el tenue redoble del tambor cuando toca en el volumen más bajo.
La orquesta cada vez suena mejor y con el esfuerzo conjunto está llamada a ocupar un primer plano en el ámbito nacional.
Vale mucho la pena apoyarla tanto con la aportación gubernamental como con la contribución al patronato, seamos parte de este orgullo sustentado en el talento de la dirección, la capacidad de los instrumentistas y el amor a la música.
Hay que colaborar, un poco hace mucho.

