Basulto, Collins y Decheva triunfan con la OSY

En su crónica, Felipe Ahumada Vasconcelos da cuenta de lo acontecido en la Orquesta Sinfónica de Yucatán en el concierto en homenaje a Fausto Pinelo Río, con Alejandro Basulto, director huésped, y los solistas Christopher Collins (Primer concertino de la OSY) al violín e Irina Decheva al piano.

Una vez más el viernes 29 de mayo el talento humano y la belleza musical se dieron cita en el Palacio de la Música con un programa que incluyó obras de distintas épocas y autores, desde el notable compositor yucateco Fausto Pinelo Río (1893 – 1966) de quien escuchamos el ballet “Palenque: sueño de la piedra” en conmemoración del 60 aniversario de su fallecimiento, hasta el prodigioso Richard Wagner (1813 – 1883) cuya desbordante genialidad se puso de manifiesto en el “Idilio de Sigfrido”,  los “Preludios de los Actos I y III de la Ópera Lohengrin” y la “Obertura de la ópera Rienzi”, pasando por el juvenil ánimo del Doble concierto para Violín, Piano y Orquesta de Félix Mendelssohn.

Una equilibrada propuesta que estuvo a cargo de Alejandro Basulto, director huésped y los solistas Christopher Collins (primer concertino de la OSY)  al violín  e Irina Decheva al piano. Tres talentosos músicos que por sus méritos se han hecho acreedores de premios, reconocimientos y apoyos nacionales e internacionales, cuya trayectoria ha estado ligada durante años al quehacer musical de nuestro estado, tanto en la ejecución como en la enseñanza, la composición y la promoción musical.

Pese a la torrencial lluvia que inundó las calles de la ciudad con tal fuerza que fue noticia en los informativos y diarios del país, poco a poco se fueron ocupando las butacas del recinto y las sillas de los instrumentistas hasta producir una algarabía casi ensordecedora detonada por las conversaciones del público, las escalas y las recortadas melodías de la orquesta en pleno, a las ocho en punto, tras la tercera llamada se apagaron las luces y se hizo el silencio. Recibido con aplausos el violín concertino dio paso al ritual de la afinación que dejó a tono el ambiente y a punto las expectativas del auditorio que saludó al director quien ya en el podio dio lugar a la primera obra del programa, una inspirada partitura que partiendo de las raíces mayas presentes en toda la obra alcanza una dimensión que abraza un lenguaje universal.

Es de celebrarse la inclusión de autores vernáculos en la programación de los conciertos, al escuchar su música participamos en la aventura del redescubrimiento de un repertorio que pertenece a Yucatán, a México y al mundo en tanto integra raíces propias, matices únicos y propuestas universales en su expresión musical, partituras que han sido o están siendo rescatadas y evaluadas con criterios estéticos y académicos, que enriquecen nuestro acervo. Desde el profundo “andante” al rítmico “allegro vivísimo” la puntual ejecución de “palenque” transcurrió el espíritu de una composición que nos envolvió en su belleza.

El “Doble concierto para Violín, Piano y Orquesta” de Félix Mendelssohn ocupó el lugar central de este programa, una obra de juventud que nos situó en la transición de dos épocas en la historia de la música, a partir de las notas impregnadas de Mozart con francas reminiscencias bachianas, hasta el apasionado romanticismo en donde el dúo se fundía en las mismas melodías o dialogaba por caminos diversos pero complementarios, a veces el piano o el violín como proponentes, otras como acompañantes.

De fondo la orquesta de cuerdas, una batuta precisa, intercambio de miradas entre el director y los solistas y de los solitas entre sí, miradas de confirmación, miradas cómplices, miradas de comunión. Sorprendentemente en el “Adagio”, luego de la presentación del tema principal la orquesta calló por completo y tras la entrada del piano, siguió el violín para interpretar juntos un largo pasaje que pareció más una sonata que un doble concierto.

El “Allegro molto” recuperó al conjunto dejando en el público el testimonio de una orquesta relativamente joven que ya hace tiempo ha rebasado los estándares de lo mínimo y va en camino ascendente hacia la excelencia.

Wagner ocupó por completo la segunda parte del programa, el Wagner impetuoso, profundo y meditativo nos reveló al principio de esta sección en el “Idilio de Sigfrido”, un compositor cercano, confidencial.

Con una orquestación reducida al mínimo, para festejar un nacimiento, una boda, y un cumpleaños, el “Idilio de Sigfrido” planteó a los músicos de la OSY el reto de abstraerse hasta lo íntimo de una escena familiar, bajo la guía de Basulto la delicadeza se hizo sublime, la intimidad un delicado privilegio compartido, el secreto una música suave que llegó a todos los oídos.

Luego de los “Preludios de los Actos I y III de la Ópera Lohengrin” el programa terminó con la “Obertura de la ópera Rienzi” un final que atrajo una explosiva ovación del auditorio que pese a las adversidades del clima llenó el recinto del Palacio de la Música y salió lleno de satisfacción.

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