Raúl Renán/Sobrecama, la sobremesa del amor*

*Poemas inéditos de Raúl Renán (estos textos fueron leídos el sábado 24 de abril de 2010, en el Congreso Internacional de Literatura “Postrimerías” organizado por UC-Mexicanistas. Agradecemos el envío a su hija, Ximena Renán-Galindo.

Permítaseme cambiar el ritual que la tradición ha llamado sobremesa; después del banquete hoy celebraré la sobrecama. Es otra forma de alimento entre dos que ocurre en la cama, además del sueño. Alguien me dirá aquí en Mérida, Yucatán, que debe ser sobrehamaca. Para el caso es lo mismo. De lo que se habla aquí es de lo postrero, los dulces que se ofrecen, las bebidas y las conversaciones que florecen agudas, ocurrentes, casi siempre con gracia. Es una ofrenda a la alegría que yo le hago al después íntimo.

Aún no apagada del todo la temperatura del amor recién celebrado, los amantes juegan al diálogo enamorado entre sábanas de algodón de mil hilos y festones de seda, y al gozo de tocarlas con el cuerpo se elevan con la música de Elton John. Algunos gemidos, ayes y respiros desde lo más hondo dan paso a las voces que, como recetas de postres, saltan sobre la cama motivos de amor.
Causa dolor
saber
que la agonía
debajo de la almohada
ahoga nuestros
dulces quejidos.
Se sirve con merengue

Los amantes
se anudan en el primer abrazo
que se soltará
hasta que la
flor pierde
sus pétalos sangrantes.
Disfrútese con fresas

La soledad
halla su compañía
en el lecho
a costa del ensamble
amoroso
con música monocorde
que tañe el huésped.
Se acompaña con música de Mozart

Un crimen callado
comete
el amante
cuando ella ansiosa
pide ¡mátame!
y él impotente
al clamor –
desfallece.
Sírvase con una manzana de Adán

Aunque la muerte sea pequeña
llega a suavizar
con saliva
al amor violento.
Postre para saborear

Cohabitamos
para ser uno solo
que nunca
encontramos –
perdidos
entre lirios
de agua.
Se deleita chapoteando

Mirando el paisaje
desde la cama
el amor te abraza
y tú sólo te acomodas
para no caer
al precipicio,
¡Qué tanta crueldad!
me acuso
y en ese vuelo
me voy contigo.
Con algodón de azúcar es mejor

Ronronea
la gata
y yo la acallo
aplastándola
con mi peso
de aguas vivas
que cantan los Cantares.
Se goza maullando

Todo vacío
es para llenarlo
repetidas veces
con el esfuerzo
del placer
incansable.
Cada gemido es una cucharada

Las orejas
del amor
son para
susurrar
durante
el abrazo –
que soltarse
es peligroso –
porque en lugar
de venir
nos vamos.
Con hojas de azahar es grandioso

Quien empieza
a tocar el otro
cuerpo, busca
encontrar
el placer perdido
la última vez,
por eso
esculca
lo oculto.
Dulce crujiente con la lengua

Lilith
siempre es
la mujer
con quien nos acostamos;
con el lirio rojo
quiere poseernos
y nuestro lirio
erguido
hiere
su hendidura
amor
abajo.
Se recomienda tomarlo muy caliente

Los cuerpos
se debaten
para hacer
de las almas
una sola
expirando
en las bocas.
Con clavos de olor es más tierno

Al paliforme
lo cubre
la capucha
hasta que
por querer escaparse –
con arrebatos
se desborda.
Decorado con motivos de leche

Cuerpo del
sumergido
no desesperes
aunque
el pesado amor
sea implacable
con su lengua.
Un anís en cada beso

El amor
divide
su agonía –
entre dos
la muerte
es menos.
Se añade ralladura de naranja

A dos voces
celebramos
el santo oficio
de empalar
al amor.
¡Cuánta melodía!
Al vapor aumenta el gusto

Ya no le resta
fluido
al que quiere
sacar el secreto
del fondo de su vientre –
amén.
Aderezado con azúcar morena

El amante
insiste
en dominarla
a costa de palos
con la empuñadura
caliente.
Y es vencido.
A fuego lento sin dejar de mover

Sobre
el lino –
ella ordena
la ley
del movimiento
perfecto.
El biscocho debe quedar consistente

Con los ojos
empieza todo:
el tacto
comprueba
que es verdad
y se abre paso.
Combinarlo con todos los sentidos

El mundo
es redondo,
tú y yo
le damos
forma
con la posición
adecuada
de arriba abajo.
Mover, mover hasta llegar al punto.

De modo
superficial
empieza la obra –
lo profundo
lo alardeamos
celebrando
el desenlace
del deshoje
en un palito.
Dos gotas de limón enardecen

Una mosca
puede interrumpir
la minuciosa tarea
de acomodarse
sobre su amante –
y morir.
Un dedo lleva miel a la boca

Valiente –
tiro de las riendas
y se desboca
la suavidad
de tus codos y rodillas
en la seda –
¡ay! piedad inversa.
Se barniza con mantequilla

Eva
no es
la primera
vez
que te muerdo
la manzana –
estoica a
mis dientes
suaves.
Strudel del Paraíso.

El desierto de la cama
se puebla
de nuestros héroes –
unas veces dolientes
otras misericordes
se baten
en un despiadado
contraentrante
duelo de todos
contra todos
entre dos.
Se vale repetir

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