En andares mañaneros y casi cotidianos por mi querido Parque de la Alemán, suelo pasar delante del recordatorio de JOSÉ DÍAZ BOLIO y estos versos suyos:
SENCILLEZ
“Para vivir como quiero
me basta mi sencillez:
un sardincillo, una banca
y el perro junto a mis pies;
o, en musical comunión,
mi guitarra y un rincón;
ni palacio, ni oropeles,
ni tesoro que cuidar,
ser sólo una cosa humana
que quiere vivir en paz,
y a los grandes de la tierra
les regalo lo demás.”
Entre mis otras lecturas del escritor meridano, citaría en el mismo registro Me hace falta mi tierra:
“Me hace falta mi novia, mi guitarra, mi tierra,
la mata de aguacates en el huerto solar,
montar en bicicleta como un mozo cualquiera
y en las noches sin luna ponerme a nostalgiar.” (1)

Por supuesto, no es una poesía que busque romper moldes, ni vanguardista, ni siquiera innovadora; se inscribe más bien en una tradición cuya sencillez, precisamente, no es sólo temática sino formal, a imagen y semejanza de la popular “filosofía” de vida que evoca y trasciende. En este caso, acompañada por la fidelidad a una emoción y a un territorio.
No quiero escribir un ensayo sobre José Díaz Bolio, tan noble tarea la dejo a los especialistas de su obra. Lo que sí propongo es un juego de espejos con los hermanos Machado: Antonio, el famoso, y Manuel, injustamente ignorado durante décadas, hasta la publicación de sus obras completas en los años noventa del siglo pasado.
MANUEL MACHADO:
“Vino, sentimiento, guitarra y poesía,
hacen los cantares de la patria mía…
Cantares…
Quien dice cantares, dice Andalucía.
A la sombra fresca de la vieja parra,
un mozo moreno rasguea la guitarra…
Cantares…
Algo que acaricia y algo que desgarra.” (2)
“¡Oh la paz, oh la paz, oh la bendita
paz de un paisaje matinal!… ¡Cristales
de mi ventana al campo!… ¡Oh la chocita
de la copla entre los cañaverales!” (3)
Y por supuesto, los versos de ANTONIO MACHADO inmortalizados por Serrat:
“Mi infancia son recuerdos de un patio de Sevilla,
y un huerto claro donde madura el limonero;
mi juventud, veinte años en tierra de Castilla;
mi historia, algunos casos que recordar no quiero.” (…)
“Y cuando llegue el día del último viaje,
y esté al partir la nave que nunca ha de tornar,
me encontraréis a bordo ligero de equipaje,
casi desnudo, como los hijos de la mar.” (4)
Más allá de la coincidencia temática —la vida reducida a lo esencial, el desapego de lo superfluo—, me llama la atención la manera en que cada poeta encarna esa actitud.
En José Díaz Bolio, la sencillez se afirma casi sin mediaciones: un sardincillo, una banca, el perro, la guitarra. Hay una enumeración tranquila y doméstica, que no busca esconderse. El poeta aspira a dejar ver la vida (y sus emociones) tal cual, sin ironía aparente ni distancia. Como si no hubiese (siempre la hay, sin embargo, en literatura) tensión entre lo que se quiere y lo que se dice: la palabra quiere coincidir con el deseo. No es casual que uno de sus libros se titule Cantos de la Tierra: aquí el “canto” no es una forma breve ni fragmentaria, sino una expresión continua, todavía muy unida a su origen.

En Manuel Machado, ese canto ya no pertenece del todo a quien lo interpreta. Se vuelve “cantares”, lo que remite a fragmentos que circulan y se vuelven casi anónimos. Los vocablos emergen sin necesidad de elaboración manifiesta: “Vino, sentimiento, guitarra y poesía”. No hay declaración, sino condensación: La vida sencilla no se reivindica, se canta; y al cantarse, deja de ser individual para volverse colectiva, como si pasara de mano en mano, de voz en voz.
Y en Antonio Machado, el movimiento es aún otro. Aquí la sencillez no aparece ni como declaración ni como canto compartido, sino como ‘échéance’, vencimiento. Ese “ligero de equipaje” no es una elección inicial, sino una consecuencia sin tragedia ni desesperación, con sano y estoico asentimiento. Después de la memoria, de la vida vivida, de todo lo que se ha dejado atrás, la voz ya no enumera ni canta: se aligera, porque se acaba el tiempo.
Cada uno eligió su camino, Díaz Bolio cantando desde la tierra, Manuel dejando que el canto se vuelva de todos, Antonio llegando al final despojándose de cantos y cantares, aligerando el paso hacia el silencio. Los tres, como cada uno de nosotros, estuvieron en el mundo, iban y venían, cantaban, recordaban y partieron…
Su intuición compartida fue desprenderse de lo accesorio, para conservar de la vida, hasta el último suspiro, un halo de sobriedad elegante y discreta, de profundidades a veces invisibles para quienes seguimos aquí, en el ajetreo del mientras tanto, antes de alcanzarlos un día.
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NOTAS Y REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS:
JOSÉ DÍAZ BOLIO – Existe un valioso acervo del escritor en el Centro Cultural de PROHISPEN, el Patronato Pro Historia Peninsular de Yucatán (prohispen.com), fundado y presidido por Margarita Díaz Rubio, hija del poeta y antropólogo yucateco.
También ha elaborado ProHispen una bibliografía que, sin ser exhaustiva, es bastante completa. José Esquivel Pren, en su Historia de la literatura de Yucatán, ed Udy, 1977, incluye en su capítulo dedicado a José Díaz Bolio (Tomo XIV) una bibliografía parcial y una pequeña antología poética.
En lo que se refiere a su obra poética, precisamente, señalaría dos publicaciones importantes: El Mayab resplandeciente, publicado en los años 30 y reeditado en 1988 por ed Maldonado; y Huella Humana, Antología poética, 1993, con varias reediciones hasta por lo menos 2018, edición de Margarita Diaz Rubio; editada también por MA Porrúa, 2017. Ambas están disponibles, por ejemplo, en la biblioteca Cepeda Peraza.
MANUEL MACHADO – Poesías completas, ed. Calle del Aire Renacimiento, 1991, completada en una reedición de 2019.

ANTONIO MACHADO – Recomiendo la edición de las Poesías Completas, ordenada y comentada por Manuel Alvar en Austral, 2010; y la edición de Campos de Castilla de José Luís Cano en Cátedra, 1974.
En cuanto al disco de Joan Manuel Serrat, la primera edición de 1969 es collector, pero se encuentran reediciones en vinilo hasta por lo menos 2019, de Sony Music.
- José Esquivel Pren, Historia de la literatura de Yucatán, ed. UADY, 1977 (Tomo XIV, pág. 310)
- Manuel Machado, ‘Cantares’, en Poesías Completas, pág. 23, ed. Calle del Aire Renacimiento, 1991.
- Manuel Machado, ‘La buena canción’, en Poesías Completas, pág. 87, ed. Calle del Aire Renacimiento, 1991.
- Antonio Machado, dos fragmentos de ‘Retrato’, en Campos de Castilla.

