El Réquiem de Mozart cobra vida en el Olimpo

En su crónica del concierto de la Orquesta de Cámara de Mérida dirigida por Russell Montañez, con el Réquiem mozartiano cobrando nuevos bríos, Felipe Ahumada Vasconcelos narra una noche apoteósica en la que el Centro Cultural Olimpo tuvo lleno total, dado el interés por este ensamble musical. ¡Bravo!

La cita fue a las 8 de la noche y ya desde un cuarto antes de la siete se había empezado a formar la cola que gradualmente fue creciendo, hasta que con toda puntualidad se abrieron las puertas del Centro Cultural Olimpo, ese moderno edificio anexo al Palacio Municipal construido hace algunos años sobre los terrenos de un aparcadero que se ocupaba como estación de taxis y que, desde su fundación en 1999, ha fundido como lugar de encuentro y escenografía para eventos culturales apoyados por el Ayuntamiento de Mérisa.

El ingreso al auditorio “Silvio Zavala Vallado” del propio complejo arquitectónico se realizó en orden hasta completar su aforo de cerca de trescientas personas, momento en que algunas más, por razones de cupo, quedaron fuera haciendo patente el interés que despertó el programa de esa noche: el Réquiem de Mozart interpretado por la Orquesta de Cámara del Ayuntamiento de Mérida bajo la conducción de su director titular el maestro Russell Montañez Coronado y el Coro de la Ciudad de Mérida dirigido por la maestra Nidia Góngora Cervera. Además, se contó con la participación del Mtro. Carlos Camacho Herrera, organista; Mariana Echeverría, Soprano; Claudia Carrillo, Mezzosoprano; Elliot Lara, Tenor; Wilberth Huchin, barítono.

Bajo las luces del escenario las sillas, un órgano electrónico y algunos instrumentos de cuerda apenas cabían en un espacio reducido, apto pero no ideal, para contener el magnífico espectáculo que el público estaba por disfrutar. Luego de la tercera llamada, el director con elegantes modales y amable sentido del humor, micrófono en mano, saludó al público y comentó las razones por las cuales la fecha del programa prevista para semanas antes, aunque no confirmada, se fue moviendo hasta el 23 de abril de 2026, ocasión que sin duda quedará en la memoria del público.

También mencionó que el Réquiem ya había sido ejecutado tiempo atrás por la Orquesta de Cámara y que luego de varios años, por fin se volvía a presentar ahora en ese auditorio, todo esto al tiempo que saludaba a distintas personas y personajes ahí presentes, a quienes agradeció su apoyo para la realización del recital, destacando especialmente la presencia de la Mtra. Karla Berrón, Directora de Identidad y Cultura del Ayuntamiento de Mérida, siempre atenta a las actividades públicas del despacho  a su cargo.

Antes de que entraran a escena, mencionó el nombre de los solistas y de la directora del coro e hizo una breve semblanza de la obra recordando las legendarias circunstancias en que fue compuesta, mientras su autor Wolfgang Amadeus Mozart, la escribía y dictaba en su lecho de muerte sin poder concluirla, pero dejando un bosquejo de las partes inacabadas cuya conclusión estuvo a cargo de su cercano discípulo Franz Xaver Süssmayr basándose en los textos litúrgicos de la Iglesia Católica y en la letra de un  himno autoría del fraile franciscano Tomás de Celano en el siglo XII.

Ya en su sitio el director instaló el ambiente propicio para iniciar la ejecución dando la entrada a las cuerdas que de inmediato invitaron a cerrar los ojos y a entregar el corazón a esos tonos sublimes que sobrecogen al espíritu y desencadenan la oración que transcurre entre súplicas, dolor y redención a lo largo de los pasajes en que se fusionan y a veces se alternan el coro y la orquesta con las voces solistas. La maestría de Russell Montañez suma sus años de estudio y dedicación, su versatilidad como músico, su sensibilidad estética y espiritual, además de su capacidad de transmitir con gestos suaves y precisos la intención de las frases musicales que dan unidad al conjunto y honran a la obra.

Así la dirección del coro que sonó como una sola voz amplificada en sus diversos matices acoplándose con la orquesta. Los solistas, con su juventud irradiaron su entrega y ofrendaron sus voces al servicio de la belleza en el solemne tono del réquiem. En esta ocasión nos dieron garantías de una carrera en donde su potencial brillará hasta alcanzar sus más ambiciosas metas.

En suma un concierto que dejó huella frente al reto de remontar las exigencias de una creación musical que se encuentra entre las más bellas y demandantes composiciones del repertorio universal. Fuera de programa y como un obsequió a la audiencia para la audiencia que se deshacía en aplausos, se interpretó el Salmo N° 42, “Como el ciervo que brama” parte I, de Félix Mendelssohn. Vale decir que el público que seguimos a la Orquesta de Cámara de Mérida en las dimensiones del ensamble presentado para esta ocasión, consideramos que dichos esfuerzos merecen un recinto digno y suficiente que de cabida a la inmensidad de sus justos anhelos.

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