Tuby la Tuba y Laura Reyes triunfan en la OSY

En el concierto infantil de la Orquesta Sinfónica de Yucatán, un trío conformado por la directora Laura Reyes, la narradora y titiritera Andrea Herrera, y Carlos Rodríguez, solista a cargo de la tuba, robaron sonrisas y aplausos el pasado fin de semana, según la crónica de Felipe Ahumada Vasconcelos...

Con el programa Danza Macabra de Camile Saint-Saëns (1835 – 1921), Tubby la Tuba de George Kleinsinger (1914 – 1982), Más allá del arcoíris de Harold Arlen (1905 – 1986) y la Sinfonía No. 4 Italiana de Félix Mendelssohn (1809 – 1847) Bajo la dirección de Laura Reyes, directora huésped y con la participación de Carlos Rodríguez, tuba y Andrea Herrera, narradora, el viernes 24 de abril, fecha muy próxima a la celebración del “Día de las infancias”, se llevó a cabo el 8º concierto de la Temporada Enero-Junio 2026 de la OSY con un repertorio variado que en su primera parte incluyó piezas muy acordes con  ese festejo.

Fue de celebrarse la inclusión de una mujer directora como huésped a cargo de la conducción cuando no únicamente en nuestro medio sino en el mundo entero las batutas femeninas son, aunque no debieran ser, una excepción, viejos resabios de una discriminación que alcanza también a las compositoras, que por fortuna en nuestro medio se ha ido desvaneciendo al conformarse en los programas de la OSY conciertos que incluyen el talento femenino tanto en la dirección y la creación, como en el papel de solistas.

Las directoras Laura Reyes y Gabriela Díaz Alatriste, así como las compositoras, Gabriela Ortiz, Ana Lara, María Granillo y Patricia moya, entre otras, son ejemplo de esta inclusión que distingue a nuestra agrupación musical que lamentablemente no se refleja en la proporción entre hombres y mujeres integrantes de la orquesta. Tras su entrada al escenario irradiando un júbilo vibrante, la conductora se instaló en el podio y batuta en mano, dio seguimiento a la partitura consiguiendo la unidad de todo el conjunto con gran precisión en la ejecución de la danza macabra que destacó en los pasajes del concertino demostrando el virtuosismo del violinista líder de esa sección de las cuerdas.

A continuación los auxiliares técnicos prepararon el escenario para la interpretación de Tubby la Tuba de George Kleinsinger, un cuento sinfónico en el que la tuba, principal protagonista, se lamenta por sentirse siempre relegada y confinada a la sola ejecución de algunas notas graves y repetitivas que sirven de acompañamiento sin el menor lucimiento melódico como toca a otros instrumentos en el resto del ensamble musical. Por lo central del tema como situación de menosprecio y frustración este argumento nos recuerda a la obra “El contrabajo” de Patrick Süskind, en la cual ya no es el instrumento sino el intérprete quien se queja también de ser relegado y demanda atención.

Por su intención didáctica Tubby la Tuba se puede equiparar a “pedro y el Lobo” de Sergei Prokófiev, “El carnaval de los animales” de Camille de Saint-Saëns y la “Guia orquestal para jóvenes” de Benjamín Britten, aunque con un formato distinto enriquecido por las dotes histriónicas, la afinada voz de cantante, la multifacética voz de narradora y la destreza en el manejo de los títeres de Andrea Herrera, cuya insuperable actuación acompañó al tubista Carlos Rodríguez, miembro de la OSY al que esta vez vimos y escuchamos en primer plano con actitud desenfadada y prodigiosa actuación conformando un trío espectacular junto con la directora Laura Reyes.

El caso es que entre los tres ofrecieron al público una interpretación sobresaliente en donde el cruce de señales, amables gestos y miradas cómplices en sintonía con la orquesta, lograron un ambiente amable y relajado que consiguió extraer del público el espíritu propio de la celebración infantil a la que estuvo dedicada el concierto.

Como si se hubiera recogido su reclamo en la siguiente obra antes del intermedio. Carlos Rodríguez tuvo a su cargo la interpretación solista de “Más allá del arco iris” “Over the Rainbow” quizá la más conocida, ejecutada y recordada canción de la película musical “el mago de Oz” (1939) que en la tuba de este gran músico conmovió al público que seguramente acompañó sus amables recuerdos con el suave fondo musical de esta memorable melodía.

Intermedio y segunda parte del programa

Quizá por el elemento distractor que subordina la música a un texto literario, a un programa o a un relato, como en el caso de las piezas anteriores, fue a nuestro parecer en la ejecución de la Sinfonía Italiana de Mendelssohn que resaltó con mayor relieve la calidad musical de primer orden de la directora huésped cuya claridad y precisión gestual emanó del podio en el que desde el principio plantó su huella apropiándose de cada centímetro de esa superficie para ejecutar la dirección, no solamente con la cadencia de las manos, sino con el ímpetu de todo su cuerpo en una entrega contagiosa a tal grado que la audiencia, no por desconocimiento o descuido, sino como necesaria catarsis ante esa efusión de energía estalló en un aplauso a destiempo al término del primer movimiento.

Una inusual comunicación entre la directora y el público que rebasó las dimensiones de tiempo y espacio para materializarse en un gesto factual que sin atender reglas ni etiquetas desató una ovación emocional más profunda que el aplauso de reconocimiento. La felicidad que de acuerdo con lo expresado por el propio compositor en una carta a su padre fue el impulso motor de esta sinfonía, se reflejó en el rostro de Laura Reyes al concluir la obra que obtuvo a cambio un nutrido aplauso.

Fue de extrañar no obstante, que el público tan generoso como acostumbra, apenas oída la última nota, a ponerse de pie como si el acorde final actuara de resorte, esta vez aplaudió, sí, pero permaneció sentado. Quisiera pensar que por agotamiento ante el despliegue de tanta energía y no, como alguien insinuó, por efecto del fatal virus de la misoginia.

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