En días pasados, la presidenta municipal Cecilia Patrón Laviada anunció el proyecto “Mérida, Enchula con Arte y Cultura”, iniciativa que propone integrar obras de artistas locales y nacionales para espacios estratégicos de la ciudad, como parte de dicho programa. El lanzamiento se realizó el 2 de julio ante artistas, urbanistas, arquitectos, académicos, líderes de opinión, cronistas y representantes de la sociedad civil, tal y como informamos puntualmente en Soma Revista Cultural.
Durante la presentación en la que también estuvo Karla Berrón Cámara, Directora de Identidad y Cultura, la alcaldesa destacó que el Ayuntamiento de Mérida interviene, mejora y rehabilita parques, áreas deportivas y espacios de convivencia con una visión integral: “Una ciudad con arte y cultura fortalece la identidad urbana y revitaliza el espacio público. Con Mérida, ciudad con arte y cultura, lo que buscamos es darle una nueva dimensión a nuestra ciudad, recuperar el espacio público como el punto de encuentro de las y los ciudadanos”.
Sin embargo, el programa “Mérida Enchula” fue duramente criticado en diversos medios informativos y en redes sociales, sobre todo por funcionarios y figuras relevantes de la cultura y el arte local, quienes en síntesis consideraron que la iniciativa parece improvisada y no puede tomarse a la ligera, pues no contempla la opinión consensuada de la ciudadanía y tampoco cuenta con un comité conformado por especialistas en el tema.
El proyecto inicialmente incluye la participación de tres artistas yucatecos y uno oaxaqueño, todos elegidos unilateralmente. Una de las propuestas cuenta con la participación del arqueólogo y arquitecto José Huchim, y los otros tres participantes serán el escultor William Gaber, y los artistas Amador Montes y Víctor Argáez, cuyas obras, supuestamente, no representarán un cargo al erario, ya que serán donadas por la sociedad civil y otros grupos ciudadanos, pero nunca se dijo cuáles son estas organizaciones.
A este respecto, el arquitecto Domingo Rodríguez Semerena, actual rector de la Universidad de las Artes, externó en redes:


Este proceso, a mi entender, no culminó de modo satisfactorio por las siguientes razones: en medio de la convocatoria se atravesó una pandemia mundial; además, a juicio del jurado integrado por personas de intachable historia profesional y criterio estético, como Gerda Gruber, Javier Marín y Elba García Villarreal, tampoco hubo suficientes piezas que cumplieran los requisitos para cada ubicación.
Así las cosas, el proceso quedó desierto aunque hubieron piezas bien logradas, pero al no haber por lo menos tres en cada ubicación, no pudo realizarse la siguiente etapa de selección comunitaria. Dicha metodología y experiencia está documentada en los archivos de la institución y pienso que debió tomarse en cuenta en la propuesta actual.
Poner una pieza en la ciudad no es solamente un tema subjetivo de los gustos o disgustos; es, en teoría, una aportación para los meridanos actuales pero también para los futuros. Hay que pensar bien qué es lo que deseamos para la historia e imagen de nuestra ciudad. Y eso no es un tema político. Es un asunto estético e histórico. Por ello, esos son los criterios que deberían prevalecer. Además los nuevos criterios de gobernanza y transparencia en los procesos ayudan a deslindar lo que es del César y lo que es de Dios.”
Finalmente, Jorge Cortés Ancona, cronista honorario de la ciudad de Mérida, quien también estuvo presente durante la rueda de prensa de “Mérida Enchula”, discrepó en cuanto a la ubicación de dos de las esculturas en un artículo publicado el 6 de julio (que se puede leer en el portal www.estamosaqui.mx), en el cual hizo otras observaciones puntuales:
“Pienso que esa necesidad de colocar estatuas en lugares más o menos despejados equivale a un modo de horror vacui, el horror al vacío característico de ciertos estilos y autores por el cual se saturan los espacios, incluso sin dejar resquicios. Y en el Centro Histórico de Mérida sí hacen falta amplios espacios abiertos, despejados para el tránsito peatonal y para descanso de la vista y de los ánimos.
[…] Coincido en la necesidad de promover el arte público y de apoyar a nuestros artistas visuales, que en este caso están donando las obras. Pero también es importante tener en claro que no toda donación tiene que ser aceptada, pues aun cuando estos no sean los casos, sí puede constituir un precedente que a la larga genere problemas. La dictaminación en cuanto a qué donación de tipo artístico o cultural debe aceptarse para un estado o municipio tiene que ser colectiva y consensuada.
Es de agradecerse que la Lic. Cecilia Patrón Laviada haya convocado a la reunión a personas representativas de distintos sectores de Mérida, con la posibilidad de expresar opiniones al momento. Entiendo que por lo regular para muchas personas es difícil expresar desacuerdos de manera abierta ante los altos funcionarios, pero es necesario hacerlo, así sea con sutileza. Esperemos que estas propuestas de arte público se instalen en los sitios apropiados, mejorando las áreas urbanas y no alterándolas.”
En suma, varios representantes de la comunidad artística y cultural de la ciudad han comenzado a emitir sus opiniones, aunque estas pudieran no ser del agrado de la alcaldesa Cecilia Patrón Laviada. Los mecanismos de selección e instalación de las esculturas tampoco fueron esclarecidos cuando se presentó el programa, el cual no tuvo ninguna convocatoria pública, pues durante el anuncio hecho al alimón sólo trascendió que las obras de los artistas William Gaber, Víctor Argáez y Amador Montes serán donadas por diferentes grupos de la sociedad civil en beneficio de las y los meridanos.
Así que varias preguntas quedan en el aire: ¿quién designó a dichos artistas? Y sobre todo, ¿consultarán a los ciudadanos si en verdad queremos que esos artistas y sus esculturas sean los representantes del arte urbano que veremos todos los días y a todas horas en la ciudad de Mérida…?

