El viernes 20 de marzo de 2026 a las 8 de la noche en el auditorio del Palacio de la Música, tuvo lugar la primera presentación del 5º concierto de la temporada Enero – Junio de la Orquesta Sinfónica de Yucatán bajo la conducción de Alfonso Scarano como director titular y la actuación del violinista Valerio Scarano como solista invitado.
El programa estuvo integrado por el concierto para violín y orquesta “En memoria de un ángel” de Alban Berg. Todavía con las luces encendidas, los acordes dispersos de los músicos en el escenario acompañaron el ingreso del público que terminó por llenar la sala casi a plenitud en espera de la tercera llamada. Ya en la intimidad de las puertas cerradas y la acogedora penumbra de la sala, el silencio expectante dio paso al concertino quien, violín en mano, agradeció cortésmente a las palmas que le dieron la bienvenida.
La nota larga del oboe dio pauta a la afinación que preparó no solo a los instrumentos, sino también al público para una noche de música excepcional con un programa poco ortodoxo donde el enigma y la sorpresa ocuparon el primer plano, para culminar con esa especie de agonía y éxtasis que es la quinta sinfonía de Tchaikovsky.
Una vez más Alfonso Scarano nos invitó a transitar por caminos de aventura incorporando un concierto para violín que desafía todas las estructuras, desde su formato en dos movimientos hasta su sonoridad dodecafónica sin apartarse por completo de lo tonal, logrando así una obra vanguardista en su tiempo, pero ciertamente accesible para el público dispuesto a hacer un esfuerzo, más aún con una ejecución tan precisa tanto por parte de la orquesta y su director como por parte del solista.
La ovación de la audiencia acompañó a los dos protagonistas rumbo al estrado quienes tras responder al saludo iniciaron la interpretación. Padre e hijo en una feliz coincidencia que los reunió como colegas por cuarta vez en torno a una partitura. Profundo conocedor del concierto que ha ejecutado de memoria en varias ocasiones, el joven solista de apenas 22 años llegó a Mérida respaldado por una sólida trayectoria que comenzó a los 7 años en los escenarios mostrando la consistente formación académica adquirida en cursos universitarios y clases magistrales habiéndose hecho acreedor de múltiples premios y reconocimientos como joven intérprete.
Adicional a las dificultades técnicas que plantea el concierto para violín de Alban Berg denominado “En memoria de un ángel” destaca su profunda emotividad al haber sido dedicado a la joven Manon Gropius, hija de Alma Mahler y el arquitecto Walter Gropius y quien murió, a los 18 años, afectada de poliomielitis.
Técnica y emoción que en Valerio Scarano se dieron en perfecto equilibrio según lo demostró con gran maestría tanto en los pasajes más líricos como en los momentos de mayor dificultad con notas que tanto apelaban a los oídos atentos del público como a su corazón conmovido. Lo mismo hizo patente en la limpísima ejecución del adagio de la Sonata N° 1 para violín solo de Bach que obsequió al público desbordado en aplausos al término del concierto de Berg.
Virtuosismo y sensibilidad de quien como el joven solista concibe este concierto como un réquiem, por cierto obra póstuma de su autor como lo fue para Mozart su propio, inacabado Requiem. Momentos a lo largo de la obra en que el violín solista sin demérito de su papel protagónico se fundía con la orquesta y otros en que la orquesta cedía y acompañaba con una voz tenue, como la mano que se aleja en el momento de la despedida, con una presencia discreta.
Sin histrionismos distractores, firme en el breve espacio que contuvo lo que las notas clamaban y los afectos desbordaban, solemne, parco, contenido, dejó que la música se expresara y el instrumento alcanzara sus infinitos, como en ese pasaje en que el arco roza las cuerdas al unísono con el pizzicato, así como en esa nota sostenida que señala la culminación de la obra luego del coral de Bach con que el ángel se despide:
Es suficiente / Basta ya
Señor, cuando te plazca / cuando quieras
¡libérame / suéltame / déjame partir!…

Luego del intermedio, la quinta sinfonía de Tchaikovsky vino al recate, una obra conocida y amada por el público que en su extremo y fascinante romanticismo invoca al destino, convoca al heroísmo, se sumerge en la depresión, y termina con júbilo. Merecida ovación de pie a la interpretación de Scarano, misma que compartió con la orquesta en ese generoso gesto tan suyo, de no solo destacar a cada músico desde el podio, sino de recorrer todo el estrado saludando y aplaudiendo a los instrumentistas.

