El pasado domingo 29 de marzo de 2026 a las 12 del día en el auditorio del Palacio de la Música, tuvo lugar la segunda presentación del 6° concierto de la presente temporada con Alfonso Scarano como director titular y las cantantes Valeria Vázquez, soprano y Gabriela Flores Mezzo soprano como solistas invitadas.
A tono con la Cuaresma como tiempo de reflexión frente al dolor y la muerte, desde los dos anteriores conciertos la Orquesta interpretó dos obras que, aunque no son religiosas, a su manera invocan estos temas: “La voz humana” de Francis Poulenc y el Concierto para Violín “En memoria de un Ángel” de Alban Berg.
En este 6° concierto en pleno Domingo de Ramos el programa estuvo integrado por el “Stabat Mater” de Giovanni Battista Pergolesi, el “Preludio de la Ópera Parsifal”, el “Encantamiento del Viernes Santo” de la misma ópera y el “Preludio y muerte de amor de Isolda” de Richard Wagner. Un intenso programa que nos condujo desde el barroco en las primeras décadas del siglo XVIII hasta el romanticismo del siglo XIX.
“Stabat Mater” de Giovanni Battista Pergolesi
Conformada por una orquesta de cuerdas y un teclado, para la ejecución del bajo continuo, la interpretación de las doce partes integrantes de esta composición recorre variados pasajes que inician con el dueto de cantantes evocando a la Madre Dolorosa a los pies de la cruz y continúa con una secuencia que alterna el dúo y la voz solista describiendo el sufrimiento con una intensidad sobrecogedora que culmina en un vigoroso amén que inspira la redención y la esperanza.
Con gran templanza y precisión la conducción de Scarano y la convincente vehemencia de la soprano y la mezzo soprano lograron transmitir al público el profundo espíritu de la obra cuyo dramatismo se magnifica si además se tiene en cuenta que sus notas llegaron al pentagrama en medio del estado agonizante de su joven autor tal vez consciente de que escribía su última partitura, como ocurrió en el caso del concierto de Alban Berg al que hicimos referencia y que fue también su obra póstuma.
Terminada esta primera parte del concierto, el público no ahorró aplausos ni ovaciones tanto a la orquesta y a su conductor como a las cantantes que hicieron gala de su maestría. Luego del intermedio ya con la orquesta en pleno, Wagner se constituyó en el principal personaje de la escena.
Parsifal e Isolda de Wagner
Enfrentando el reto de transitar del suave misticismo barroco de Pergolesi a la exuberancia operística de la ópera alemana, una vez más Scarano se arriesgó y superó el reto. Habrá que reconocer el talento, la flexibilidad y la capacidad emotiva de los músicos de la OSY para seguir fielmente la batuta de su conductor y acompañarlo en las innovadoras propuestas que también ha acogido el público llenando semana a semana el recinto que pronto podría no darse abasto mientras concluye la restauración del Teatro Peón Contreras.
El tema religioso siguió su curso en los dos episodios de Parsifal, esta ópera a la que el mismo compositor se refería como “festival escénico sacro de consagración” y dio un giro en el “Preludio y muerte de amor de Isolda” en donde la tragedia, el sacrificio y la muerte son el germen y la culminación del amor. Tocando lo sublime, Valeria Vázquez nos ofreció una voz a la vez conmovedora y poderosa que en ocasiones parecía fundirse con la orquesta sumándose en su armonía sin perder su timbre.
La fusión de la orquesta en su plenitud con el poderoso arrebato de la voz humana en su máximo esplendor, alcanzaron lo imposible: el dilema entre el dolor y la belleza que se resuelve en una experiencia estética que solo la música puede alcanzar. Con los nutridos aplausos el público de pie una vez más agradeció un concierto memorable. Sigamos haciendo nuestra a la OSY, fomentemos estos trascendentes momentos colaborando con ella, con nuestra asistencia y un poco más que lo poco se multiplica.

