La OSY inicia la temporada Sept-Dic con música nacional

En su crónica, Felipe Ahumada Vasconcelos da cuenta del arranque de la temporada Sept-Dic 2026 de la Orquesta Sinfónica de Yucatán, con su tradicional concierto con música nacionalista, que incluyó un homenaje a Daniel Ayala por su 120 aniversario y el estreno de una pieza de Roberto Abraham. ¡Bravo...!

El viernes 18 de septiembre a las 20:00 horas, tuvo lugar en el auditorio del Palacio de la Música el primer concierto de la Temporada Septiembre – Diciembre de la Orquesta Sinfónica de Yucatán, bajo la conducción de Alfonso Scarano su director artístico titular. Una noche calurosa en la que el público llenó a tope el recinto, atraído por un programa de música mexicana como colofón de las fiestas septembrinas con las que se festejó un aniversario más del inicio de la independencia nacional.

Previo al arranque del concierto la maestra Patricia Martín Briceño, Secretaria de la Cultura y las Artes, pronunció las palabras inaugurales de la nueva temporada y destacó el interés del gobernador del estado, Joaquín Díaz Mena, por la música y su apoyo al proyecto de la OSY. Agradeció la presencia del público y reconoció la labor de los músicos, así como del fideicomiso y el patronato de la Orquesta.

Por su parte Margarita Molina Saldívar, presidenta del Patronato, agradeció a quienes desde su inicio y hasta la actualidad han hecho posible el desarrollo de la OSY a la que calificó “como un referente local y regional” en el contexto de la vida cultural. En sus palabras se hizo presente la entrañable memoria de Don Adolfo Patrón a quien reconocemos como la figura señera de este proyecto que él hizo realidad y cuyo prometedor futuro se asienta todavía su mirada visionaria.

A lo largo de los noventa y cuatro minutos que duró el concierto, se interpretó de Silvestre Revueltas, el poema sinfónico Sensemayá; de Roberto Abraham, el estreno mundial de Navem, Maris et Venti; Ferial de Manuel M. Ponce; la Sinfonía de las Américas de Daniel Ayala Pérez; la Sinfonía India de Carlos Chávez; el Danzón N° 2 y Conga de fuego nuevo de Arturo Márquez y el Huapango de Pablo Moncayo.

Tras la tercera llamada con el escenario profusamente iluminado, en la sala se apagaron las luces creando ese ambiente íntimo con que el alma escucha cada nota. La afinación de los instrumentos diligentemente conducida por el concertino, no solamente puso a tono a la orquesta, también dispuso al auditorio para un reencuentro largamente esperado tras el receso vacacional de los meses de verano.

El director, batuta en mano, fue cálidamente aplaudido en su trayecto al podio, se le recibió ya no como el aspirante que ganó la nominación tras un cerrado concurso y comenzaba a familiarizarse con la orquesta y el público, sino como a un amigo conocido, como a alguien de casa que con talento, sobriedad y calidez se ha hecho un sitio.

Celebramos la inclusión de la obra de dos compositores yucatecos en este concierto, no como un gesto regionalista y sectario, sino como el reconocimiento de la universalidad de su lenguaje musical que bien puede incorporarse junto al de otros músicos consagrados, desde luego Daniel Ayala cuyo 120 aniversario de nacimiento se conmemora este año, hace mucho pasó esa prueba y su música forma parte del repertorio nacional.

Roberto Abraham por su parte, nos entregó una pieza deliciosa cuya partitura original escrita para piano fue orquestada por el compositor Marcos Lifshitz como antes lo fue por el maestro Russell Montañez en una versión para orquesta de cámara. Una ejecución impecable donde a bordo de una nave la orquesta en pleno bajo la conducción de un capitán imperturbable sorteó el viento y navegó en las olas de un viaje infinito por cuanto la música se apoderó del espíritu, y brevísimo por la fugacidad de solo cinco minutos construidos no obstante con fragmentos de eternidad.

Presente en la sala a instancias del director de la orquesta, el compositor recibió una merecida ovación tanto del público como de los músicos. En su momento fueron también objeto de ovación los descendientes de Daniel Ayala que asistieron esa noche. El resto del programa transcurrió entre pasajes de nostalgia y euforia, entre los contagiosos ritmos del danzón y la conga que sin perder concentración, hicieron que más de un músico se rindiera ante la tentación del baile moviendo los hombros y la cabeza como lo hizo también con más libertad alguna parte del público.

El Huapango de Moncayo nos condujo hacia un final apoteósico que tras la última nota arrancó un ¡Viva México! del público. “Lo que bien empieza, bien acaba”, más que un augurio es una certeza, pues ya están construidas las bases para una temporada que será memorable.

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