Pergolesi y Wagner en la OSY: un mismo viaje, dos respuestas

A manera de guía auditiva e informativa, John Vaquero nos orienta sobre el contexto y elementos musicales que podremos escuchar este fin de semana en la Orquesta Sinfónica de Yucatán, que presenta su programa de Semana Santa, con el Stabat Mater de Pergolesi y dos piezas míticas de Wagner...

Del dolor de la cruz al éxtasis de la muerte de amor…

¿Qué hace un mismo programa con Giovanni Battista Pergolesi y Richard Wagner? La respuesta no es evidente… hasta que la escucha se deja guiar por una pregunta: ¿qué hace la música con el dolor?

El concierto 6 de la OSY parece construido como un recorrido por territorios extremos. Comienza en la intimidad de una herida profundamente humana —la de la Virgen ante la cruz, la de una madre frente al suplicio de su hijo— y desemboca en algo muy distinto: un estado en el que amor y muerte terminan por confundirse.

En el Stabat Mater, Pergolesi no intenta superar el dolor: lo acoge. La música es casi desnuda: cuerdas, continuo, dos voces que no gritan, que suplican. Todo respira como una oración. El dolor no desaparece; se vuelve habitable, se contempla, se ofrece.

Dos siglos después, Wagner parece tomar otro camino.

En Parsifal, la herida se transforma a través de la compasión. El Viernes Santo deja de ser solo memoria para convertirse en experiencia de curación. La música ya no acompaña: envuelve, dilata, abre un espacio en el que ese padecimiento empieza a encontrar sentido.

Y en Tristan und Isolde, el paso es aún más radical. El amor no se resuelve… se desboca en la muerte. El Liebestod no calma la herida: la lleva hasta un punto en que deja de percibirse como tal. Es puro éxtasis, una forma de trascendencia sin retorno, sostenida únicamente por la música.

 

Dos formas de atravesar el límite

Entonces empieza a percibirse el verdadero diálogo del programa: no solo Pergolesi frente a Wagner, sino dos maneras de enfrentarse a una experiencia crítica. En Pergolesi, el dolor se vuelve recogimiento, casi intimidad compartida. En Wagner, en cambio, tiende a exponerse: ya sea a través de la compasión (Parsifal) o del amor llevado más allá de sí mismo (Tristán).

Hay otro hilo más silencioso, pero igual de importante: la voz femenina atraviesa todo el concierto. La OSY cuenta en esta ocasión con dos artistas invitadas. La soprano Valeria Vázquez se presenta por primera vez en Mérida y abordará también por primera vez la Muerte de Amor de Isolda.

En rueda de prensa, ella evocaba la emoción —y la exigencia— de pasar de encarnar la pena de una madre en Pergolesi a expresar, en Wagner, una muerte que no es final sino transfiguración. Por su parte, la mezzosoprano Gabriela Flores, que ya se ha presentó al iniciar su carrera en el Teatro Peón Contreras y en el Campestre, debuta en el Stabat Mater. Subraya cómo esta música convierte la dolencia en una forma de comunión, casi de experiencia compartida.

Y es precisamente ahí donde el contraste se vuelve más revelador. En Pergolesi, las dos voces están en primer plano: encarnan directamente ese sufrimiento y lo convierten en plegaria, sostenidas por una orquesta que respira con ellas. En Wagner, en cambio, la relación se invierte: la voz ya no domina, sino que se integra, se funde por momentos en el propio tejido orquestal. Ese desplazamiento define buena parte del recorrido vibrante del concierto: del barroco, donde la orquesta acompaña, a Wagner, donde ella misma deviene voz.

 

La orquesta ante el abismo

Y ahí aparece uno de los grandes retos para la OSY: transitar, en una misma velada, de la transparencia a la densidad, del susurro a la expansión plena, sin perder su propia identidad sonora. Porque, en el fondo, este programa no trata solo de obras, sino de aquello que las impregna: la experiencia humana llevada hasta su último suspiro. ¿Cómo puede una misma orquesta mantener esa tensión sin quebrarse?

Ahí es donde el proyecto de Alfonso Scarano parece ir tomando forma —como se ha ido intuyendo a lo largo de la temporada—: no tanto como una suma de estilos, sino como una búsqueda. Una “necesidad”, en sus propias palabras. La de construir una orquesta capaz de visitar mundos distintos sin romper el hilo, manteniendo una coherencia interna.

El puente, esta vez, parece tenderse desde el recogimiento hacia el desbordamiento. Y sobre ese arco planea una idea sencilla, aunque difícil de agotar: la música no elimina ese dolor, pero puede transformarlo. En Pergolesi, lo vuelve habitable. En Wagner, lo empuja hasta un punto en que se vuelve otra cosa: compasión, amor absoluto, quizá incluso silencio interior.

La OSY no está llamada a responder, no le corresponde, sino a sostener esa pregunta en el sonido, a hacerla audible. Quizá por eso este programa de Semana Santa no se agota en lo litúrgico. Propone más bien una senda abierta, dejando en suspenso una interrogación que la música nunca termina de cerrar: ¿la redención llega por la fe, por la compasión… o por el amor llevado más allá de sí mismo?

 

PROGRAMA DEL CONCIERTO 6 DE LA OSY

Semana Santa (Pergolesi 290)

Viernes 27 de marzo – 20:00 h

Domingo 29 de marzo – 12:00 h

Palacio de la Música, Mérida

 

Director: Alfonso Scarano

Soprano: Valeria Vázquez

Mezzo-soprano: Gabriela Flores

Giovanni Battista Pergolesi – Stabat Mater

Richard Wagner – Preludio de Parsifal

Richard Wagner – Encantamiento de Viernes Santo (Parsifal)

Richard Wagner – Preludio y Muerte de Amor de Isolda (Tristan und Isolde)

FICHAS TÉCNICAS

Stabat Mater

– Giovanni Battista Pergolesi (1736)

Composición: Últimas semanas de vida del compositor

Estreno: Nápoles, 1736 (probable, póstumo)

Texto: Secuencia medieval Stabat Mater dolorosa

Duración: 35–40 minutos

Estructura: 13 números (arias y dúos)

 

Instrumentación:

Voces: soprano y mezzosoprano

Cuerdas: 2 violines, viola, violonchelo

Bajo continuo: órgano o clave (+ contrabajo opcional)

Parsifal

– Richard Wagner (1882)

Composición: 1877–1882

Estreno: 26 de julio de 1882, Bayreuth

Fragmentos:

Preludio: 12–14 min

Encantamiento de Viernes Santo: 10–12 min

 

Instrumentación:

Maderas: 3 flautas (piccolo), 3 oboes (corno inglés), 3 clarinetes (clarinete bajo), 3 fagotes

Metales: 8 trompas, 3 trompetas, 3 trombones, tuba

Percusión: timbales, platillos, triángulo

Arpa y cuerdas

Tristan und Isolde

– Richard Wagner (1859)

Composición: 1857–1859

Estreno: 10 de junio de 1865, Múnich

Fragmento: Preludio y Liebestod (7–9 min)

 

Instrumentación:

Orquesta wagneriana completa, de gran densidad cromática y expansión tímbrica.

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