El oboísta Alexander Ovcharov brinda cátedra en la OSY

De vuelta al escenario, la Orquesta Sinfónica de Yucatán retomó sus actividades los días 17 y 19 de abril en el séptimo concierto de la temporada 2026, ocasión en que se rindió homenaje al compositor yucateco Daniel Ayala Pérez, según Felipe Ahumada Vasconcelos consigna en su crónica...

De vuelta al escenario, pasadas las semanas Santa y de Pascua, la OSY retomó sus actividades para ofrecernos los días 17 y 19 de abril el séptimo concierto de la temporada Enero–Junio de 2026, ocasión en que se rindió homenaje al compositor yucateco Daniel Ayala (1906–1975) al conmemorarse los 120 años de su nacimiento.

El programa conformado por “La gruta diabólica: Suite fantasía ballet sobre una leyenda maya” de ese autor, el Concierto para oboe del compositor húngaro Frigyes Hydas (1928 – 2007) y la Sinfonía No. 3 “Escocesa” de Félix Mendelssohn (1809 – 1847) fue presentado bajo la batuta del maestro Alejandro Basulto como director huésped y el oboísta Alexander Ovcharov como solista invitado.

Un programa diverso con obras que abarcaron desde la primera mitad del siglo XIX, hasta la primera mitad del siglo pasado y autores de nacionalidad mexicana, húngara y alemana, equilibrada selección de un repertorio que, entre otros, tuvo el mérito de incluir a un autor vernáculo cuya producción y trayectoria lo sitúan entre los compositores más relevantes de la escena musical, no solamente de Yucatán sino de México, al haber destacado entre los discípulos del legendario maestro Carlos Chávez, entre los que contaban también José Pablo Moncayo, Blas Galindo y Salvador Contreras, con quienes se integraba el Grupo de los Cuatro según consigna el notable musicólogo investigador Enrique Martín Briceño en un breve y conciso artículo atinadamente reproducido en el programa de mano de este concierto.

Además de lo anterior, la inclusión de Alexander Ovcharov, oboe principal de la orquesta, como solista invitado, se suma a los méritos del programa en tanto que pone de relieve la calidad de sus integrantes como capaces de afrontar el reto de estar en el centro de la ejecución de un concierto como ya antes lo han estado otros instrumentistas de la OSY en otras ocasiones.

Y, siguiendo este recuento de virtudes, este séptimo programa de la temporada ofreció a los músicos  y al público la oportunidad de contar con un director huésped, Alejandro Basulto, lo cual enriquece el panorama de la interpretación al presentar versiones  y caracteres distintos en la conducción que se suman y complementan la visión y el temperamento del director artístico titular, quien por cierto ha elevado notablemente el nivel de la Sinfónica de Yucatán aprovechando la disposición y el talento de sus integrantes.

Por si no bastara, un mérito más, la incorporación de un extraordinario concierto para oboe, compuesto por un autor prácticamente desconocido en nuestro medio, el húngaro Frigyes Hidasy, una sorpresa más en esta temporada que estamos y seguiremos disfrutando. Cumplidos los protocolos y los rituales que siguen a la “tercera llamada” de inmediato se advirtió, hacia el fondo del escenario el conjunto de las percusiones en reposo y hacia el lado izquierdo la notable presencia de un piano de cola como gran protagonista junto con el clarinete, el fagot y la trompeta armonizando con la sección de cuerdas.

A lo largo de sus cinco movimientos: I Entrando, II Cámara secreta, III Sortilegio metálico, IV Fuente mágica y V Enanitos, los músicos pendientes de la batuta que condujo la trayectoria transitaron por diversos escenarios llevando en su mágico cause al público atento que fue desde el desafiante temor que pesa en los pasos, hasta el festivo final que arrebató el aplauso.

Única la experiencia vivida con el aliento de Alexander Ovcharov, un músico adueñado del espacio en donde todo su cuerpo contribuyó a superar con virtuosismo el desafío de ejecutar magistralmente un instrumento tan complejo y polifacético como entrañable y bello: el oboe. Un intérprete imbatible dueño de una técnica que comprometía no solamente sus manos bajo la demanda de una velocidad y una precisión inimaginables, sino que apelaba también a su agitad respiración apenas apoyada en micro pausas.

Breves instantes de respiro, acosado por el clamor de las notas apiñadas que en imposibles escalas, veían en su aliento la única vía de ser liberadas, redimidas del paradójico silencio de los pentagramas repletos que sin la voz del instrumento están condenados al mutismo. Un triunfo alcanzado con la complicidad de un director apacible, vertical, profundo, quizá muy joven para llamarle sabio, pero con las suficientes tablas como para denotar su prodigio.

La ovación generosa, aplausos de pie y gritos de ¡¡¡bravo!!!, Alexander Ovcharov irradiaba felicidad, supo librar el trance, un gozoso trance plagado de dificultad, pleno de satisfacción, en tanto el otro Alejandro, Basulto, no menos victorioso y feliz, con esa modestia que solo ejercen quienes acompañan su talento con un corazón noble y generoso, permaneció aplaudiendo también, de pie recargado en la pared al fondo del escenario.

Entre presagios mayas, prodigiosos virtuosismos y sabios proverbios, a la tempestad siguió la calma, la bucólica paz de las praderas de Escocia, la tercera sinfonía de Mendelsohn nos puso a tono para integrar la experiencia de una noche inigualable. Vaya como posdata un reconocimiento a Máximo Hernández, autor de las notas al programa que nos permiten contextualizar la experiencia y el disfrute del concierto.

 

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