Uno de los cuentos breves es de Óscar Muñoz y el otro es de Claudia Berea. Ambas minificciones remiten a música de rock (en el primer caso) y música clásica (en el segundo). Cada relato incluye una playlist: en el primer cuento, tres piezas de Yes [desde YouTube] y en el segundo, cinco de Beethoven [desde Spotify].
Al final, se pide a los lectores-escuchas expresen sus impresiones causadas por la fricción de los dos géneros [literatura y música] y la ficción de los dos géneros [femenino y masculino]. Se recomienda escuchar primero la música o hacerlo durante la lectura de cada texto…
La canción apagada, por Óscar Muñoz
a Claudia Berea
Esa noche, Claudia y yo hablábamos de los ritmos sincopados de algunas rolas del álbum 90125 de Yes, cuando decidimos poner ese disco en la tornamesa. Mientras yo sacaba el acetato de su funda, Claudia señalaba algunas piezas del álbum en las que, a su parecer, los cambios de ritmo eran más evidentes. Ella apostó porque la canción Changes era la que más le parecía ejemplar de esos cambios rítmicos inesperados, en tanto yo limpiaba la superficie del acetato antes de bajar la aguja a los surcos.
Y comenzamos a oír primero Owner of a Lonely Heart, pero, a la mitad de la canción, Claudia adelantó el brazo del tocadiscos a la pieza Hold On, la segunda del disco, y disfrutamos los ritmos cambiantes que incluía.
Al término de la rola, Claudia llevó la aguja, de plano, hasta la canción Changes, para confirmar su hipótesis de los contratiempos que tenía esta pieza. Y ella y yo nos quedamos atentos a lo que escuchamos. En mi caso, percibí, en una parte de la pieza, que había dos ritmos que iban en tiempos distintos, aunque paralelos, no encimados, simplemente avanzando a la par y sin estorbarse, con lo que la música era tejida a partir de despuntes percusivos y corría en medio de la melodía sin detenerse.
Claudia estaba extasiada con esa pieza y no decía mucho, sólo expresaba su deleite auditivo cuando, de pronto, la otra Claudia entró a la casa y tropezó con los cables que conectaban la toma eléctrica, el tocadiscos y las bocinas, y se apagó la canción. Claro que Claudia nunca supo, desde su casa, de los Cambios provocados por la otra Claudia en el equipo de audio ni por qué, de repente, dejó de oír Changes.
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Roll over la Sexta de Beethoven, por Claudia Berea
Advertencia: este relato de 5 movimientos habrá que ser leído escuchando La Sexta Sinfonía de Beethoven, movimiento tras movimiento.
1er movimiento
Escuchas a lo lejos murmullos, risas, saltos y sobresaltos de dos personas. Te detienes por un momento, cierras los ojos y respiras lenta y profundamente… [ ]. Ahora, con los ojos cerrados, los sonidos son más nítidos y envolventes, y escuchas armonías que evocan bailes y miradas que cruzan dos personas, armonías que se abren como flores hacia arriba para descubrir la majestuosidad del verde, la belleza de aquellos gigantes con múltiples brazos y piernas en los que dan refugio y hogar a miles de criaturas. En esa misma dirección, tu mirada parece seguir subiendo hasta que descubres el azul que, con la ayuda del viento, pastorea manchones de espuma acuosa para cumplir su destino cíclico: subir y bajar… subir y bajar. La sensación de infinitud se hace más visual, y con el estambre vibratorio tejes, subiendo y bajando, el símbolo de infinito ¥. Entonces, constatas que todo ha sido resumido en esas ondas sin fin, unidas una con otra, sintetizando la belleza absoluta de la llegada a ese paraíso de gigantes verdes y planos azules que enmarcan lo único verdadero.
2º movimiento
–Uno, dos, tres… uno, dos, tres. Sigue mis pasos – Amelia le dice a Carlos, mientras ambos giran en el piso. –El tiempo fuerte en el vals es el primero, lo sientes.
Como remolinos acuosos y parsimoniosos, Amelia y Carlos fluyen pacíficamente, pivotan en el Uno (antes del dos, tres) para girar y alargar ese primer tiempo que se vuelve más pesado y pastoso. La cercanía de uno al otro hace que sientan vibraciones en toda la superficie de su piel, las cuales, al traslaparse, abren un espacio grande y compartido que crece desde el pecho de cada uno hacia los lados y hacia arriba como una gran inhalación que los hace más grandes y luminosos. Ella recarga levemente su sien sobre el pecho de Carlos y el tiempo parece detenerse por un momento. Aquello les hace perder la secuencia de sus pasos, pero los patrones del sonido los atrapan otra vez y continúan su Uno, dos, tres. “Cu cu, cu cu”. Se metió un ave al departamento.
3er movimiento
Tú continúas con los ojos cerrados y escuchas ahora sonidos más graves, cuerdas que sostienen la melodía que, con diferentes timbres, pasan de un lado a otro de la orquesta para converger en el baile alegre que sucede en un bosque.
4º movimiento
Pasos sobre tu cabeza te hacen sobresaltar. Abres los ojos de golpe y dices:
–Otra vez. ¡Qué escándalo! –pero esta ocasión descubres chorros de agua que caen del techo. Tardas en reaccionar, pero consigues levantarte del sofá para ir por cubetas y trapos. Al regresar, tu librero está empapado y sacas con desesperación, uno a uno, los libros, para colocarlos en alguna superficie seca, pero te cuesta trabajo encontrarla. El agua ya te llegó a los tobillos. Entonces, corres subiendo de a dos los escalones y tocas la puerta del departamento de arriba. Carlos abre y Amelia te mira como reclamando la interrupción.
–¡Mi casa se está inundando! – les gritas. Ellos tardan en reaccionar, como tú hace unos momentos. Entonces, Carlos y Amelia buscan la tubería averiada y cierran las llaves de agua. De inmediato, bajas a tu departamento para arreglar el desastre.
5º movimiento
[Reprise: Escuchas a los lejos murmullos, risas, saltos y sobresaltos de dos personas]. Te detienes y abres los ojos. Esta vez la melodía es más lírica y dulce. Con sus alas ligeras y sonoras, te hace elevar hacia el azul, donde los manchones espumosos se mueven según los caprichos del viento. Giras tu cabeza un poco y descubres los gigantes verdes que velaron tu sueño. Y mientras Amelia y Carlos regresan por una vereda del bosque, escuchas, cada vez más próximos, sus murmullos, risas, saltos y sobresaltos hacia el claro donde yaces. Los musgos tienen aún esas pequeñísimas esferas de rocío que reflejan cientos de mundos, siendo ellos mismos parte de las gotas. Te detienes a mirarlos y agradeces ser parte de esos universos donde todo se funde y, como un círculo interminable, todo va y viene, todo sube y baja. En este momento, te despides de tu sueño y agradeces por todo.*****
A continuación, instamos al lector-escucha a dejar un comentario en una sola frase siguiendo el siguiente esquema:
1ª impresión (del 1er cuento): __________________
2ª impresión (del 2º cuento): __________________


Excelente combinación de géneros musicales.
Me hizo recordar Combinación de los dos, que cantaba Janis Joplin. Tenquius por el comentario